La inmigración no debe ser un tema de seguridad

Fernando Flores


Mientras escribo estas líneas Ana Pastor entrevista

a la eurodiputada Marine Le Pen en #ObjetivoUltraderecha.

Oigo a ésta hablar del interés superior de Francia,

de la inmigración útil e inútil, del obligado cierre de fronteras,

y el tono me resulta familiar, pues estas últimas semanas

he escuchado varias veces las declaraciones

del Ministro del Interior y del Director General de la Guardia Civil

 

Cada Telediario de TVE de los últimos diez días comienza con una “avalancha de subsaharianos fuertes y violentos” contra las vallas de Melilla o de Ceuta. Varios policías marroquís heridos. Todos los días. A mediodía y por la noche. “Han conseguido entrar 100, 200…”, proclama la locutora, pero con las veces que lo repite se diría que han entrado miles. Imágenes de muchachos negros, enloquecidos de alegría por haber podido alcanzar territorio español. Centros de acogida desbordados. Entrevista a agentes de la autoridad. Misión de siembra cumplida: avalanchas humanas de africanos, violencia, desesperación, euforia desatada y descontrol, no caben, hay que mandarlos a la Península… Imposible que no crezca la desconfianza y el temor.

Para España, para Europa, digan lo que digan la Constitución, las leyes, los tratados internacionales vigentes en materia de derechos y los discursos de los políticos, la inmigración se plantea como un tema de seguridad, no como un tema de derechos humanos. Por eso cuando las personas tratan de llegar a nado se les dispara pelotas de goma, en vez de lanzarles flotadores.

salto-valla

En la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), aprobada en 2013, la “amenaza” de los “flujos migratorios irregulares” comparte protagonismo con los conflictos armados, el terrorismo, las ciberamenazas, la inestabilidad económica y financiera, la vulnerabilidad energética, la proliferación de armas de destrucción masiva, el espionaje, el peligro sobre infraestructuras críticas… ¿Por qué se incluye la inmigración irregular en esta lista de pesadillas? ¿No resulta esa equiparación exagerada? ¿No es esa consideración securitaria la que conduce a actuaciones ilegales, crueles, desproporcionadas y, en casos como el de Ceuta, a muertes de seres humanos?

La ESN justifica la inclusión de la inmigración entre las amenazas a España porque con ella pueden aparecer situaciones de “inadaptabilidad” y de “conflictividad social”, o dar lugar a la “creación de guetos urbanos”. En último término, afirma la Estrategia, la propia “vulnerabilidad de los inmigrantes” les hace presa fácil para ser “instrumentalizados por organizaciones extremistas, violentas y terroristas”.

Aunque en España no existen problemas reseñables de adaptabilidad, de conflictividad social y de guetos de inmigrantes, no cabe duda de que es obligación de los poderes públicos evitar que todo ello se produzca. Ni que decir sobre los beneficios que puedan obtener de ellos las organizaciones criminales. Cualquier daño social y humano debe ser, en la medida de los posible, prevenido. De producirse, debe ser abordado y, con arreglo a la ley, resuelto.

Pero como ha quedado demostrado por la experiencia colectiva, también el urbanismo ilegal (incluso el legal) puede dañar profundamente a la sociedad y al sistema democrático, y los productos bancarios destrozar las vida de muchas personas; y sin embargo, ni las constructora ni las entidades financieras son consideradas en la ESN amenazas para el Estado. Entonces ¿por qué no puede abordarse el fenómeno migratorio sin necesidad de considerar como una amenaza para la seguridad a quienes son víctimas precisamente de conflictos armados, de persecución o, lo más común, víctimas de la globalización de los mercados financieros y sus mercancías? ¿Por qué no cabe una respuesta desde la responsabilidad y el Derecho Internacional, que dé protagonismo al enfoque de la “seguridad” sólo cuando existan riesgos ciertos o casos concretos de inadaptabilidad, de guetos, de conflictividad social, o de presencia de organizaciones delictivas?

Las respuestas que se me ocurren a estas preguntas nada tienen que ver con el Estado de Derecho que proclama nuestra Constitución. La instrumentalización política del miedo. La utilización (o el temor, depende de si hablamos del PP o el PSOE) de la inmigración en clave electoral. El racismo y la xenofobia. El apego a la caridad y el desprecio por los derechos del Otro (‘¡No es falta de caridad, son delitos, estúpidos!’, Javier De Lucas). La concepción de la cooperación al desarrollo como mecanismo de provecho comercial, no como búsqueda de la justicia social y económica global… ¿Qué otra cosa puedo pensar si las respuestas a las tragedias en el Mediterráneo son, invariablemente, las reformas restrictivas en la ley y la intensificación de la vigilancia fronteriza?

Mientras la mirada de España y Europa a la inmigración se haga con el enfoque de la seguridad seguiremos vulnerando masivamente los derechos de las personas. Es así.

pajarosdecuidad

4 pensamientos en “La inmigración no debe ser un tema de seguridad

  1. Hay una clase de terrorismo que no se contempla: el económico/financiero. En USA y UK saben mucho de esto. Se basan en la esclavitud por la fuerza económica, en los ataques dirigidos a la economía de países para tenerlos esclavizados.
    ¿Se ha pedido compensación, cese e indemnización a Alemania cuando echó la culpa a nuestros pepinos de una enfermedad suya? Sin embargo, cuando peor nos va, no hacen más que llegar multas de la UE (correctas, pero para luego majete). Yo últimamente en la UE (junto con los antedichos) no veo más que países buitres que se aprovechan de nuestra situación o la han creado (¿amigos?) No somos nadie porque no nos hacemos respetar. Cualquier bocazas puede precarizar nuestra economía con afirmaciones falsas, y no pasa ná.
    Lo de siempre… en el sistema capitalista el dinero está por encima de las personas y de la justicia.

  2. Pingback: La inmigración no debe ser un tema de seguridad sino de derechos humanos

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