El día de las mujeres

 

Loles Díaz Aledo

Aunque fue en 1977  cuando la Asamblea General de Naciones Unidas  proclamó el 8 de marzo como “Día Internacional por los derechos de la mujer y la paz internacional”, la lucha de las mujeres por conseguir la igualdad y disfrutar de los mismos derechos que los hombres  empezó mucho antes.

No vamos a hacer aquí un recorrido  por la historia pero quizá esté bien detenernos en algunos momentos concretos. Por ejemplo, al calor de la Revolución Francesa Olympe de Gouges publicó, en 1791, La Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana  al estilo del texto fundamental de la Revolución Francesa de 1789  que  se refería exclusivamente a los hombres y que consagraba la igualdad, la libertad y la fraternidad-  la solidaridad diríamos hoy- como  los valores que debían servir de marco para la convivencia ciudadana.

Tres años más tarde, la filósofa y escritora inglesa Mary Wollstonecraft  decidió viajar a Francia para participar en los sucesos revolucionarios que recientemente había celebrado en su  obra Vindicación de los derechos del hombre, escrita en 1790. Dos años más tarde, publicó el ensayo Vindicación de los derechos de la mujer, su trabajo más conocido e influyente, en el que argumenta que las mujeres no son por naturaleza inferiores al hombre, sino que parecen serlo porque no reciben la misma educación; defiende que hombres y mujeres deben ser tratados como seres racionales   (¿No lo son? Obviamente, la duda afectaba sólo a la racionalidad de las mujeres) e imagina un orden social basado precisamente en la razón. No olvidemos que fue en los años finales del siglo XVIII y comienzos del XIX cuando Kant afirmaba que las mujeres sólo entienden el lenguaje de la belleza, pero no el de la ley o la justicia. Cuando James Mill consideraba que era una redundancia plantearse si las mujeres tenían derecho a votar, puesto que ya lo hacían sus maridos. Y cuando Rousseau  afirmaba que había que educar a los hombres de una manera y a las mujeres de otra porque no están hechos para lo mismo.

Pero la lucha por los derechos y la igualdad no se llevó a cabo solo desde el mundo de las letras y el pensamiento. Las mujeres recurrieron a las huelgas y las manifestaciones. Por ejemplo, el 8 de marzo de 1857 un grupo de obreras textiles tras varios días de huelga salió a las calles de Nueva York para protestar por sus condiciones laborales, exigiendo el reconocimiento de sus derechos como trabajadoras.

Para encontrar un día dedicado específicamente a los derechos de las mujeres  hay que situarse en los comienzos del  siglo XX, concretamente en 1909  y en Estados Unidos  pues allí se celebró por primera vez el Día internacional de las Mujeres Socialistas. Un año después, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, se proclamó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, con el objetivo de hacer  visible su lucha por la igualdad de derechos.  En aplicación de éste acuerdo, Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza convocaron en 1911 una jornada dedicada a los derechos de la mujer. El incendio en una fábrica de camisas de Nueva York, ocurrido tan sólo una semana después, que causó la muerte a más de un centenar de mujeres trabajadoras, en su mayoría jóvenes inmigrantes, acentuó el carácter reivindicativo del día al poner el foco sobre las condiciones laborales de las trabajadoras.

El  Día Internacional de la Mujer Trabajadora fue pues fruto del esfuerzo de las mujeres obreras, del movimiento obrero en su conjunto, durante el siglo XX en América del Norte y Europa, y adquirió posteriormente una dimensión universal. A la constancia de las mujeres, algunas destacadas, muchas anónimas, se deben los avances logrados  tanto en el ámbito de los derechos propiamente dichos, como en su traducción práctica en forma de participación social, política y económica, si bien aun son insuficientes a pesar de que se hayan visto reforzados por la celebración de cuatro conferencias mundiales de las Naciones Unidas sobre la mujer.

Las Declaraciones de Naciones Unidas de los años 50 y 60 sobre los derechos de la mujer supusieron el reconocimiento formal de la igualdad, especialmente en las sociedades avanzadas,  pero no lograron la igualdad real.

Nadie se atreve a decir  hoy abiertamente que la mujer es inferior al hombre. Nadie con sentido común y algo que perder. Ningún político, por supuesto. Pero la realidad demuestra que la igualdad conseguida no es suficiente. Es cierto que hoy una mujer puede llegar a ser rectora de una universidad, directora de un hospital o de un periódico, presidenta del más alto tribunal de justicia, etc. pero son muy pocas las que lo consiguen porque son muchos los obstáculos que tienen que superar para lograrlo.

En 2011, el Día Internacional de la Mujer  alcanzó los cien años. Para  celebrarlo se creó  ONU Mujeres, organismo de Naciones Unidas cuyo cometido es trabajar para  lograr la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. Sin duda es un hecho positivo pero  su creación   puso de manifiesto que el objetivo de conseguir la igualdad  entre hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida  aun no se ha alcanzado y que sigue siendo eso: un objetivo por el que hay que seguir peleando.

Este año 2014  el Día Internacional de la Mujer se ha convocado bajo el lema “Igualdad para las mujeres, progreso para tod@s. Con él se quiere poner de manifiesto que toda la sociedad se  beneficiará si se logra la igualdad, y no sólo las mujeres.  El Secretario General de la ONU  Nam Ki-Moon y la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, la sudafricana  Phumzile Miambo-Ngcuka  han insistido en esto en sus mensajes con motivo del Día Internacional de la Mujer.

  Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=ZVuBI6qXvcI

No sé en qué momento de este ya largo recorrido por conseguir la igualdad de derechos, desapareció el adjetivo “trabajadora” del título de la jornada del 8 de marzo. Y tampoco soy consciente de cuándo este día fue perdiendo su  claro carácter reivindicativo para convertirse, en  muchas ocasiones, en algo más bien  lúdico, comercial,  incluso en una forma de mantener y apoyar los estereotipos que nos siguen envolviendo como papel de celofán. O incluso en algo hiriente. Me  explico. No tiene nada de malo, es verdad, que alguien nos regale una rosa en este día, como muestra de cariño. Ni que se nos “libere” de los quehaceres domésticos y de cuidado durante 24 horas o  que nuestra pareja generosamente decida “ayudarnos” en este día. No  sé en qué momento empezaron a ocurrir cosas como algunas de las que éste año concurren en la celebración del Día de la Mujer en la Comunidad de Madrid, como por ejemplo que haya comercios que se sumen a la efeméride rebajando durante unos días en torno a la fecha del 8 de marzo, la prendas de lencería hasta un 50%, o que en otros establecimientos  regalen galletas con forma de bolso a las mujeres que entran en ellos. En definitiva, no sé cuándo se trivializó su contenido pero he visto muchas mujeres satisfechas con estos gestos. Y no se trata de esto. Queremos más, mucho más.

Cierto es que también se organizan  actividades culturales y actos diversos en los que se pone de manifiesto  la aportación de las mujeres al conocimiento, el arte en todas sus formas, la cultura en general, y se convocan manifestaciones en numerosos lugares. Pero la asistencia a las mismas no es tan numerosa como debiera. Falta que se hagan presentes muchas mujeres y también muchos hombres que deberían estar si en verdad son tan proclives a la igualdad de derechos con sus compañeras como dicen.

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora, Día Internacional de la Mujer, o  Día de la Mujer, como quiera que se le llame, ha de tener hoy un matiz claramente reivindicativo. No se puede bajar la guardia. La situación es, claro está, mejor que en el pasado ¡faltaría más! Especialmente el siglo XX ha sido testigo de numerosos avances  en todos los campos y en él la mujer ha superado muchos obstáculos y avanzado en la igualdad. Pero no hemos llegado ni mucho menos a la meta. Es más, estamos en un  momento especialmente delicado, porque la realidad juega en muchos aspectos en nuestra contra.

La igualdad con los hombres no es una realidad  en nuestro país. Por supuesto tampoco lo es en los demás aunque hay diferencias entre unos y otros.  Las mujeres hemos entrado en el mundo del trabajo remunerado con la puerta medio abierta, en peores condiciones que los hombres, ganando menos salario que ellos  por igual trabajo, y tenemos  más dificultades para acceder a puestos directivos.

Un ejemplo tomado de la realidad sin necesidad de buscar. Se ha celebrado recientemente en Barcelona el Mobile World Congress 2014, encuentro al que han asistido 1.800 empresas de todo el mundo. Pues bien, de los 276 altos directivos presentes en los paneles de intervención y en los  debates celebrados durante los días que duró el evento, solo 27 eran mujeres. O sea, una relación de diez hombres por cada mujer que subió al estrado. Y, sin embargo, el 90% de los debates en que participaron los altos ejecutivos varones de las grandes empresas de tecnología fueron moderados por mujeres periodistas.

Y la crisis actual amenaza con hacernos retroceder. El estado del bienestar, conseguido igualmente a base de lucha  y  que como alguien ha dicho en realidad  en nuestro país no pasó de ser un estado de  “medio estar”,  facilitó el acceso de las mujeres al mundo del trabajo y a muchos otros. Pero ahora su desmantelamiento, al que estamos asistiendo, puede producir el efecto contrario. Si no hay dinero para atender las necesidades  sociales, la tentación de buscar la solución  mandando a las mujeres de nuevo a casa para que se ocupen del cuidado del hogar y de  los miembros de la familia como han hecho siempre, es fuerte. O  la de decidir que trabajen sólo  media jornada, dejando que el  trabajo, más bien escaso que hay, se lo repartan los hombres, al tiempo que ellas cubren los huecos que va dejando la desaparición de políticas sociales que, dicen, ya no se pueden pagar.

Si miramos lo que ocurre en el interior de los hogares, el  reparto de las tareas domésticas, cuando existe, sigue  siendo injusto e insatisfactorio. El hogar, el cuidado de los miembros más vulnerables de la familia, los múltiples quehaceres, imprescindibles, pero sin valor social que  exige el día a día, siguen siendo una responsabilidad casi exclusiva de las mujeres. Y en los últimos años, es frecuente escuchar a mujeres jóvenes, incluso muy jóvenes, estudiantes aún, que sus compañeros tienen comportamientos paternalistas con respecto a ellas, cuando no machistas. Los escalofriantes  datos relativos a la violencia que sufren muchas de ellas a manos de sus parejas o ex parejas, les dan la razón. La educación no está siendo la adecuada para conseguir los necesarios cambios de comportamiento en pro de la igualdad de derechos, que es  imprescindible para una convivencia satisfactoria.

 

Hoy hay mujeres en la política, sí. Incluso se elaboran listas “cremallera” para garantizar la paridad. Es cierto. Pero en la realidad siguen siendo menos y con menos poder que los hombres. Dice Victoria Camps en su libro “El siglo de las mujeres” que “La ciudadanía de las mujeres estará en cuestión mientras los derechos políticos sean solo formales”

La presencia de la mujer en puestos de responsabilidad es escasa, resulta difícil, es un proceso lento pero ahí está. Y  no se puede consentir un paso atrás. Es urgente que cada vez más mujeres tengan posibilidad de tomar decisiones. Especialmente en momentos como los actuales en que hay tanto que defender: la ley del aborto, el acceso sin trabas a la formación, las prestaciones sociales indispensables para que las mujeres puedan seguir siendo  trabajadoras y desarrollar su carrera profesional hasta donde puedan o quieran sin tener que renunciar porque hay que cuidar a los hijos, o a los padres.

Está bien que, al menos un día al año, reflexionemos todos sobre los avances conseguidos y recordemos a las mujeres que con su valentía y determinación los hicieron posibles. Pero sólo eso no basta. Reflexionemos también sobre el camino que aún queda por recorrer y echemos a andar decididamente junt@s con  la determinación de no detenernos hasta haber conseguido la igualdad verdadera entre hombres y mujeres. Igualdad que  nos hará más felices a tod@s.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


× 3 = veinte cuatro