¿Revolución de los Claveles 2.0?

Portugal se lanza a la calle en el 40 aniversario de la Revolución de los Claveles, cuando la misma Lisboa que había albergado a perseguidos ilustres del régimen nazi dio un salto definitivo. ¿Dónde están ahora los capitanes? No aquellos, sino otros. El país, ahogado por la soga de la ‘troika’ comunitaria, necesita a unos nuevos capitanes desmilitarizados. Capitanes de abril, capitanes del porvenir.

Zeca Afonso y su ‘Grândola vila morena’ retumban en los rincones del Largo do Carmo, nido de la etapa más prometedora en la historia de la patria del fado. Ecos de rebeldía en estos tiempos ‘low cost’.

Los vientos de libertad, que diría Sérgio Godinho, se atascaron por el camino, víctimas de la corrupción galopante y de la esclerosis de un sistema que da vueltas sobre sí mismo. La calle se agita, el pasado vuelve para que el futuro no ignore sus errores.

Como España, muestra Portugal síntomas de parálisis ideológica por culpa del pragmatismo que todo lo invade. La despiadada búsqueda de la rentabilidad inmediata parece eclipsar las estrategias necesarias para avanzar y que la democracia no corra los riesgos que se ciernen sobre sus fauces.

La calle pide a gritos el entierro de la resignación, pero el aullido colectivo no sobrepasa los muros de la anestesia. Alaridos sin volumen en esta Lusitania ciega y sordomuda, incapaz de liberarse del yugo de Passos Coelho, adscrito involuntariamente a la mediocridad intelectual.

No, no busquemos en el horizonte la versión 2.0 de la Revolución de los Claveles. Su fantasma se perdió en medio de la niebla post Mário Soares. Las alternativas se resisten a acudir a su propio funeral, con los ‘brokers’ de la Administración removiendo las cenizas de la izquierda. Así no se vislumbra la luz al final del túnel.

 

 

 

 

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