Jordi Évole y el Metro de Valencia, destapar lo que el Poder esconde

Veo en todos los informativos que El Juzgado de Instrucción número 21 de Valencia interrogará como imputados a tres responsables de los ferrocarriles de la Generalitat en relación al accidente de metro, que tuvo lugar en julio de 2006, y causó decenas de víctimas mortales. Una tragedia (según hemos sabido después) a la que puso sordina la televisión regional, siguiendo instrucciones del Gobierno autonómico. Los directivos de Canal Nou dieron órdenes expresas para que se destacarán los fastos de la coincidente vista del Papa Juan Pablo II a la ciudad, y se relegaran a zonas menos visibles de los informativos las noticias, parciales y manipuladas, de la catástrofe. Más o menos a regañadientes, los periodistas cumplieron las instrucciones; solo el cierre de la televisión pública, hace pocos meses, levantó la mordaza y facilitó que algunos declaran públicamente su vergüenza por no haber rechazado las indignas consignas.

Por parte judicial, se aceptó como buena la versión que situaba como único responsable de la velocidad suicida al conductor -fallecido en el accidente-, sin que valieran de mucho las concentraciones, que el día 3 de cada mes convocaba la Asociación de Víctimas del Metro 3 de Julio (AVM3J), en demanda de una más profunda investigación, que incluyera el interrogatorio de técnicos y directivos de la empresa sobre la seguridad en la línea del metro y el funcionamiento de las balizas. Todo parecía en vano hasta hace un año; fue en abril de 2013 cuando Jordi Évole dedicó un “Salvados” al trágico suceso. El programa, más que grandes revelaciones, otorgó visibilidad nacional a un olvido, solo paliado por las denuncias de un periódico regional, y esas concentraciones que rara vez aparecían en los grandes medios, al tiempo que mostraba a las claras como incomodaba a los representantes del Poder cualquier intento por buscar verdades más allá de la oficial. Tras aquel domingo de abril, la reunión del tres de mayo en la plaza de la Virgen de Valencia fue un clamor de miles de personas solidarizadas con las víctimas; un clamor que no pudieron desoír los medios de comunicación nacionales y al que se unieron voces de toda España en demanda de Justicia.

Este jueves (como decía al principio) todos los medios de información resaltaban las nuevas imputaciones que intentarán arrojar luz sobre una catástrofe que los poderes públicos quisieron minimizar primero y sepultar después en el olvido del pasado. ¿Y todo gracias a un programa de televisión? ¿A un informador disconforme con la versión oficial? No lo se. Pero puedo plantear la pregunta en sentido contrario: ¿Se habría producido la reapertura del caso sin “Salvados”? ¿Estarían imputados esos técnicos sin que Évole hubiera devuelto a la actualidad el trágico accidente?

En cualquier caso, es un signo que revela cuan imprescindible es para la sociedad española de hoy periodistas y medios independientes de cualquier poder. Medios y periodistas que señalen la corrupción, afecte a ese partido o al contrario, a ese gobierno o al otro. Que no oculte el nombre de las personas o empresas implicadas, por muy poderosas que sean. Y que lo hagan con datos contrastados y obtenidos por ellos, no “filtrados” por partes interesadas y sin rigor alguno. La información solo es un arma valiosa si cuenta lo que los poderosos quieren ocultar.

 

 

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