¿Renunciará TVE a sus raíces?

El Ayuntamiento de Madrid ha iniciado los trámites para embargar el chalet de Paseo de la Habana 77, primera sede de Televisión Española. He leído la noticia en 5 Días, donde se aclara que existe una deuda de 3,8 millones de euros. El edificio pertenece a Patrimonio Nacional -a quién fue donado hace siete años- y el débito parece deberse a impuestos y multas, y podría dar lugar a pleito entre la Administración del Estado y el Ayuntamiento de la ciudad.

El asunto podría ser una información más, a caballo entre lo inmobiliario y lo judicial, pero se me antoja que es más, mucho más. Entre el 29 de octubre de 1956, día en que el ministro Gabriel Arias-Salgado declaró inauguradas las emisiones de televisión en España, y el 18 de julio de 1964, en que el general Franco hizo lo propio con las instalaciones de Prado del Rey, Paseo de la Habana (así, sin número ni otra seña) fue la sede única en Madrid de TVE; esto es, la cuna, la raíz del sinónimo durante décadas de la televisión en nuestro país. Allí llegaron y aprendieron el nuevo oficio los abuelos de los actuales profesionales; en ese antiguo “hotelito” (que de esa manera se denominaba entonces a los actuales chalets) trabajó José Luís Colina, Alfonso Lapeña, Blanca Álvarez, Matias Prats, David Cubedo, Laurita Valenzuela, Jesús Álvarez, Juan Guerrero Zamora, Pedro Amalio López, Victoriano Fernández Asís, Gustavo Pérez Puig, Pilar Miró… y un glorioso etcétera de pioneros que trabajaban en unas condiciones hoy impensables.

Todos pasaron luego a Prado del Rey; y fue progresando la tecnología (¡Cómo no!), y siguieron llegando periodistas, presentadores, ingenieros, técnicos y especialistas; y aparecieron nuevas caras, otros programas, incluso otros gustos… Pero cuando se decía de alguien “ese estaba ya en Paseo de la Habana” se producía un instante de silencio respetuoso, una mirada hacia arriba, un reconocimiento,-tan hondo que no necesitaba palabras ni aplauso- al “pionero”, a ese hoy compañero que hacia que la imagen llegará a tiempo, cuando todo iba tan despacio, tan rudimentario. Todavía, muchos años después, con distintas televisiones, entre la gente del oficio se decía ese está en “tele”, o vino de “tele”, sinónimo de TVE, dónde todo nació.

Si usted piensa que recordar Paseo de la Habana es nostalgia, se equivoca: ¿¡Cómo se va a tener nostalgia de cartones con los rotulos que había que abatir con un destornillador, o con los primeros bolígrafos!? ¿¡Cómo añorar pesadas cámaras de cine que había que refrigerar con un ventilador!? ¿Quién puede quejarse por disponer de cientos, de miles de imágenes, a solo un clip, frente a la secuencia que había que positivar, cortar y pegar a mano¡? No, no hay nostalgia de unos tiempos afortunadamente superados. Pero ¿no se mira con cariño, muchos años después, al viejo cuaderno infantil, al juguete, a la muñeca ajada por el tiempo?

En Paseo de la Habana no había cuadernos, ni juguetes; las cosas que había, quedaron obsoletas, rotas y abandonadas; poco importan. En Paseo de la Habana había trabajo, esfuerzo, torpezas y aciertos que acompañan siempre a lo nuevo. Pero había, sobre todo, ilusión, ganas y conocimiento de estar creando algo que cambiaría -no solo para bien- nuestras vidas. Hoy las televisiones privadas superan en audiencia a TVE. Por causas que aquí no procede examinar, la televisión pública no sabemos si tendrá futuro; no sabemos, siquiera, si todavía es de todos. Pero tiene algo singular e inaccesible para las demás: Tiene historia. Tiene pasado. Existe aún la cuna donde nació. Está firme la tierra donde echó las primeras raíces. Es chocante: se dice que Paseo de la Habana 77 pertenece a Patrimonio Nacional. ¿La historia no lo es?

Ojala esta noticia de amenaza de embargo, de previsión de pleito entre Administraciones, sirviera para que los auténticos propietarios de la televisión de todos pudiéramos tener ahí, en Paseo de la Habana, un lugar donde reencontrarnos con nuestro pasado. Un espacio dedicado a su historia, donde nuestros abuelos nos pudieran decir “aquí empezó todo”.

 

 

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