Real Corporación RTVE

 

La Corporación RTVE prepara -según propia declaración en su página web- “un amplio despliegue y una programación especial con motivo de la Proclamación de Felipe VI”. El plan previsto por TVE contempla que los telediarios de las jornadas del 18 y 19 se hagan desde el Palacio Real; ya el mismo miércoles, a las cinco y media de la tarde realizará un programa especial con la firma por parte del Rey Juan Carlos de la ley de abdicación, tras el que se repetirá el documental “Juan Carlos I. Mi historia”. Al día siguiente -según la nota de la Corporación-, “TVE dedicará toda su programación del jueves 19 de forma monográfica a este acontecimiento, con una emisión ininterrumpida desde las 8 de la mañana a las doce de la noche”. Un despliegue similar se anuncia para RNE.

Que el relevo en la Jefatura del Estado es un acontecimiento de singular importancia, nadie lo duda. El acto central con la proclamación de Felipe VI será seguido por todos los medios de comunicación españoles, y por una nutrida representación de los internacionales. Se trata de un momento fundamental para el futuro institucional y político de España, que despertará el interés de una amplísima audiencia, y que los medios de comunicación públicos deben contemplar con medios suficientes y difusión generosa.

Otra cosa es convertir “la televisión de todos” en un monográfico initerrumpido de 14 horas. Por más sustantivo que sea el hecho, no se debiera olvidar que no gozan de la misma entidad las circunstancias que rodean a la noticia. Catorce horas continuadas -con toda la consideración al esfuerzo profesional que las hará posibles- es un campo abonado, en lo formal, para las reiteraciones, los tiempos muertos, los comentarios banales, las opiniones anodinas, las explicaciones de lo obvio… Más grave -me temo- será el contenido: la voluntad expresada del despliegue, parece vislumbrar una idea más próxima al panegírico, que al relato objetivo; a la acumulación de imágenes y palabras, que a la selección de lo sustantivo. Pero, sobre todo lo anterior, me preocupa que la televisión pública, la de todos, abrume con su monográfico a sectores de la población -afortunadamente plural- que se sienten críticos, con todo derecho, al cómo se produce ese relevo en la Jefatura del Estado; personas -a las que se ha impedido cuantificar- que, legítimamente, defienden y sienten que el espíritu constitucional no impide -no debe impedir- que opten libremente por la República, frente a la consagrada Monarquía Hereditaria.

En un comentario anterior, con motivo del anuncio de abdicación por parte de Juan Carlos I, resumí:  “TVE, más (y peor) que nadie”. Ojala en esta ocasión pudiera decir que la televisión pública ha informado con calidad y justeza mejor que nadie, pero los anuncios previos me hacen ver lo vano de mi esperanza. Los actuales rectores han elegido, a priori, con tal desmesura, que justificaría cambiar la denominación de la televisión (y la radio) de todos a “Real Corporación RTVE”.

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