Miquel Navarro, ciudad y metáfora

El orden se abraza al caos en Miquel Navarro. El futurismo se yuxtapone a las referencias arqueológicas. Estamos en la galería Fernández-Braso de Madrid, donde comparte hogar expositivo con Rafael Canogar, Alberto Reguera, Soledad Sevilla, Guillermo Pérez-Villalta o José Manuel Broto.

La luz se posa sobre la pieza estrella de Monumentos y multitud, la significativa nueva muestra del artista valenciano, siempre oscilante entre la escultura, la instalación y la arquitectura. Metáforas que no cesan. ¿Nos encontramos ante una elucubración sobre Dubai o Abu Dabi? En absoluto. ¿O sí?

La connotación gana terreno en este hijo de Mislata, abonado más y más a sugerir diferentes capas de interpretación que huyen de la complacencia y pretenden disparar la desbordante imaginación.

Al filo de los 70 años, Navarro continúa siendo un valor seguro, con salas dedicadas a su obra en el IVAM después de su ingente donación (más de 500 piezas) hace más de una década.

Las referencias al constructivismo se suman a las de Giorgio de Chirico y a los resabios cubistas en este creador diáfanamente mediterráneo, devoto de la quietud simbolizada en el color azul.

Aluminio, terracota, simbología, síntesis, alienación, contraste de escalas y… una honesta reflexión de este Miquel Navarro tan real como irreal, tan palpitante como imaginario: “Aún no he alcanzado mi expresividad máxima”.

Mientras tanto, va tomando forma el proyecto de su fundación personal, que gestionará su legado y lo perpetuará de la mano -muy probablemente- de Rafael Sierra, ex director de la revista Descubrir el Arte.

Esta sólida galería se beneficiará en los próximos meses de dos infraestructuras que se están cociendo en la zona: el museo de arte contemporáneo que partirá de la colección del Banco Madrid y la reconversión de la Fundación Carlos de Amberes en pinacoteca con fondos de pintores flamencos.

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