Echenique, víctima de los halcones del PP

A primera hora de la tarde del jueves Julio Somoano dio una orden terminante: la dimisión de González Echenique se solventaba en el TD1 con una colas (imágenes que cubren al presentador mientras lee un texto) de veinte segundos en las que se aludía a “motivos personales” para dejar el cargo. Fue la presión de una redacción puesta en pie dispuesta a incumplir la instrucción -a pesar de las presiones del segundo de a bordo, José Gilgado- quién permitió a los menguantes espectadores de ese telediario saber que el abandono se debía a una falta de financiación que pone en peligro el futuro de RTVE, , que así lo denunciaba la oposición política, y que Montoro negaba con expresión malhumorada ante el acoso de los periodistas.

Durante casi dos años he seguido las comparecencias parlamentarias del ya dimitido Presidente de la Corporación, y he escuchado sus respuestas a centenares de acusaciones sobre manipulación en los Informativos de TVE. Solo le he escuchado datos y explicaciones para rebatir los ataques, una defensa roqueña de los contenidos y de su primer responsable Julio Somoano. ¡Natural!, o ¡entra en el cargo!, dirán ustedes, sin que yo me atreva a discutir; es más, esa actitud es la habitual durante estos dos años de González Echenique, un hombre que jamás ha traspasado los límites de la cortesía parlamentaria; ha tenido respuestas contundentes, sí, pero nunca una mala palabra, un gesto airado o crispado, hacia ningún representante político, ni ante los periodistas que a veces retrasábamos su salida. En una ocasión le solicité una entrevista, que me denegó aduciendo problemas de tiempo y agenda; otras veces me contestó a preguntas directas con respuestas que satisfacían más o menos mi demanda, pero siempre de manera educada, diría que hasta cordial. En una ocasión me dijo que iba a mantener intacta la plantilla, y que haría todo lo posible por “recuperar y aumentar la relevancia de TVE”, que para eso estaba en el puesto.

Creo que los que le nombraron -o, al menos, una parte significativa de ellos- no tenían esas prioridades. González Echenique deja una herencia terrible en RTVE, así lo informamos en Infolibre, pero no ha sido obligado a abandonar por ella. Los guardianes de los números, los fanáticos de los despidos como único metodo para cuadrar las cuentas, le han asfixiado precisamente por eso: por garantizar mediante Convenio Colectivo que la plantilla permanecería estable durante al menos dos años, por asegurar, de acuerdo con los respresentantes sindicales que 1.500 trabajadores no serían objeto de un ERE, que dejaría a otras tantas familias en el paro. González Echenique creyó en esa parte del Gobierno y del Partido Popular que le pedía que RTVE no fuera una fuente de conflictos, que ahorrara lo más y mejor que pudiera, y que asumiera como propias las acciones de un director de Informativos que él no había nombrado. Así lo ha hecho. Ha gestionado los continuos recortes, dentro de un marco de financiación endemoniado. Pero desde julio de este año ha venido comprobando que no era suficiente; que pesaban más los halcones que las palomas. Todavía el martes, en el Congreso de los Diputados, dejaba una puerta abierta “habrá que esperar a los Presupuestos Generales del Estado que se aprobarán el viernes”, dijo. La esperanza era una quimera. Los halcones habían ganado la batalla y las palomas se retraían asustadas. Desde la dirección de Informativos se intentaba despachar su marcha con veinte segundos, como la desidia había impedido dar completa la dimisión de Ruíz Gallardón. Difuminar los asuntos que puedan perjudicar al Gobierno es la consigna, y algunos la cumplen con fruición, caiga quien caiga.

Si el Gobierno del PP ha sido capaz de retirar el apoyo a “uno de los suyos”, un ejecutivo de su camada, que hasta última hora ha sido fiel a quién le nombró, es terrible pensar en quién ocupará su lugar. El ejemplo -el mal ejemplo- ya está dado. El sucesor solo puede ser un halcón, o alguien que sepa cuidarse de ellos.

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