El circo de los informativos

 

La muerte de Cayetana de Alba y la entrada en prisión de Isabel Pantoja han mostrado sin pudor las vergüenzas de los informativos en las televisiones españolas. Los noticiarios de actualidad se han contaminado de los programas de cotilleo para minimizar y relegar la información sustantiva, subordinada a lo llamativo en un ejercicio desmedido de amarillismo populachero.

Es obvio que los dos asuntos citados son, en si mismos, noticia; noticia relevante y popular, dada la personalidad de sus protagonistas, que a ningún periodista se le ocurriría despreciar. Ambas deben figurar en el minutado de cualquier informativo, y exigen un desarrollo complementario con directos in situ, reacciones, y contexto. Otra cosa es amputar el resto de las noticias del día, privarlas de jerarquía, y ofrecerlas como mero relleno de acompañamiento. Ejemplo singular ha sido el TD1 de TVE de este jueves al dedicar más de dos minutos de su apertura al óbito de la Duquesa de Alba; un minuto más a otros titulares del día dieron paso a 18 minutos continuados a los diversos aspectos de la noticia principal. Un espacio similar al ya consumido merecieron otras informaciones, antes de consagrar otros cuatro minutos y medio a enumerar el “patrimonio cultural” del ducado, y dar paso a los deportes. En resumen, medio TD1 para glosar en un tono hagiográfico la noticia; desproporción y tono ampliado a la segunda edición del Telediario.

Del resto de la programación, de esta y de las demás principales cadenas, mejor es no descender a detalles que aumenten el sonrojo profesional; baste decir que La 1 de TVE dedicó ocho horas, desde “La mañana de La 1” al especial de madrugada, a glosar el asunto. Ocho horas sobre un total de 14 en la televisión pública es un dato que cada cual puede calificar a su manera. Quizás alguno de los responsables pensó que era excesivo; lo cierto es que el TD1 del viernes ofreció en su apertura solo unos segundos de la entrada en prisión de Isabel Pantoja, y relegó al minuto quince la ampliación de la noticia.

En este asunto, las cadenas comerciales no se anduvieron con remilgos y retrasaron el resto de la actualidad hasta haber exprimido con detalle todas las circunstancias del encarcelamiento de la cantante. La llegada de la cooperante española que podría haber contraído el ébola en Mali, el que uno de cada tres trabajadores cobre por debajo del salario mínimo, o la tímida respuesta episcopal a los abusos sexuales a menores en Granada, tuvieron que esperar turno, subordinados a directos, piezas de apoyo, y de documentación, de la elegida como gran noticia del día. Una situación que hacía exclamar en redes sociales a un reputado periodista al referirse a la repatriada “Reconocimiento a la mujer más importante del día; mientras nos machacan con las otras dos: una convicta y una noble”.

Ningún periodista en su sano juicio pretende que los telediarios sean aburridos o rutinarios; que hablen de lo que se habla en la calle, es una exigencia permanente, pero no hasta el punto de convertir el minutado en un resumen de tertulia de bar o peluquería; lo llamativo puede -y debe- estar presente, los sucesos, la imagen sorprendente, la anécdota curiosa, los personajes populares, pueden -y deben- ser ingredientes de los informativos. cuando abandonan su lugar, y pasan a ser protagonistas, el informativo pierde su sustancia y traiciona la función social que tiene encomendada.

En la Roma Imperial, la plebe demandaba perentoriamente “pan y circo”; hoy los ciudadanos (ayunos demasiados de pan) no merecen que los medios de comunicación les ofrezcamos circo, en lugar de información plural de la realidad. .

 

 

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