Owen Pallett, sublime solidaridad

Desde Canadá con sentido y sensibillidad. Personifica Owen Pallett el rumbo del gigantesco país hacia las cotas más altas de justicia social. El violinista habitual de Beirut, Arcade Fire, The Hidden Cameras, The Last Shadow Puppets o Grizzly Bear filtra su aureola de drama queen a través de las huellas de Nico, Michael Nyman o Philip Glass. Gira inminente: viernes 12 de diciembre Madrid (TClub), sábado 13 Barcelona (Apolo) y domingo 14 Valencia (La Rambleta).

Capas circulares minimalistas, arreglos deudores de Leonard Bernstein y sutilidad electrónica justo en la semana en que el Tribunal Supremo de Ontario decide sobre el caso Chevron, última posibilidad para que 30.000 indígenas del Amazonas puedan cobrar indemnizaciones y sobrevivir después de verse afectados por la acción devastadora de la compañía petrolera multinacional.

Como si Aguas da Amazonia, de Philip Glass, se hubiera convertido en su biblia particular en los últimos tiempos con sus retazos excepcionales inspirados en las aguas de la macroselva. Cerremos los ojos e imaginemos a Klaus Kinski en ‘Fitzcarraldo’, de Werner Herzog. La posibilidad de lo improbable.

Pallett se ha significado en la lucha por la igualdad racial de verdad. También alza su voz bien alto en el caso de los abusos sexuales a mujeres protagonizados (supuestamente) por el escritor, músico y ex presentador de TV británico-canadiense Jian Ghomeshi. De hecho, encabezó una de las campañas en solidaridad con las víctimas.

El violín de Owen proclama que otro mundo es posible, y Brian Eno se sube a su trono en su nuevo álbum, In conflict. Le arropa con su voz lánguida y sus teclados inquietantes, banda sonora ideal para esa película que David Cronenberg (igualmente de Toronto) todavía no ha hecho.

Generación The Dears, The Stills. Generación Tiga, Caribou. Heredero del desafío arty de Bruce LaBruce y antesala de la era Xavier Dolan. Así nos llega Pallett, con la maleta llena de mensajes que centrifugan las acciones más inhumanas del hombre y las proyectan hacia los estados alterados de la mente.

No nos queda más opción que rendirnos a sus pies, que destilar devoción ante su altar, que encender la llama de los sentimientos encontrados, que anhelar una velada en el reino de Narnia. Porque ahí se escondía él, bajo el pseudónimo de Final Fantasy, ahora sepultado para evitar la (imposible) confusión con esa serie de videojuegos de estética retrofuturista.

Tal vez Ridley Scott le pudiera encargar una relectura del soundtrack de Legend, una de sus películas más incomprendidas e infravaloradas. Pero a Owen Pallett no le importa. Está aquí para sobrecogernos. Y punto.

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