París, de ‘Charlie Hebdo’ a la profundidad

(Desde París)

El aeropuerto Charles de Gaulle luce un aspecto inusualmente fantasma en pleno viernes. Los precios de las habitaciones caen desde el atentado. Las inmobiliarias se resienten. Esto es el París posterior al trauma. Policías y militares por doquier. Calma tensa. También mensajes de solidaridad, mientras los empleados de Charlie Hebdo anuncian, en medio de la confusión, su regreso a los kioscos el 25 de febrero.

El clima se hace inquietante, pero apto para que el mundo del arte vuelva sus ojos hacia las profundidades del alma, en detrimento de la más absoluta superficialidad. Las propuestas frívolas pierden gas, como demuestran las escasas colas en las taquillas del Centro Pompidou para ver la retrospectiva de Jeff Koons.

La nueva oleada de inauguraciones se apodera de la emblemática Rue Saint-Claude, en Le Marais, uno de los barrios más chic del escenario en el que transcurre íntegramente Antes del atardecer, de Richard Linklater, con Ethan Hawke y Julie Delpy amplificando el amor fraguado en Viena en Antes del amanecer.

Recorremos la calle, perpendicular a Rue de Turenne, y nos detenemos en la Galerie Sylvie Le Page, donde se erige la nueva exposición de Alberto Reguera (Segovia, 1961). Ahí está su elegante pintura expansiva, densa y compleja en su creencia de que aún tiene mucho que decir el pincel para escarnio de quienes optan por considerarlo un lenguaje obsoleto en la edad dorada de la tecnología (sic).

Son Echappées chromatiques porque, literalmente, los trazos desbordan los límites convencionales del lienzo. Una faceta que este artista a contracorriente cultiva en los últimos años, con unos resultados espectaculares que recalarán de nuevo en Hong-Kong en los próximos meses.

Sylvie Le Page es la tercera galería con la que trabaja en París, donde reside en alternancia con su hogar-estudio madrileño. Se suma así a Claude Samuel, donde concentra sus piezas fotográficas, y a Olivier Nouvellet, con quien comparte ya 30 años de colaboración incondicional. O sea, impensable en “esta España nuestra”, tal cual cantaba Cecilia.
“Intento dar un paso más en mi exploración sobre la pintura expansiva ya que, a la idea tridimensional del cuadro, se une ahora el volumen que intento otorgar a la materia pictórica”, nos dice el exquisito creador: “Estoy mostrando la transición entre la pintura-objeto, que acaba independizándose del muro, y la materia expansiva que fluye desde las tripas del cuadro. Todos estos trabajos reflejan paisajes abstractos tridimensionales, cuya materia se extiende fuera de la obra”.
Y prosigue su explicación conceptual: “Con estas pinturas expansivas, cuestiono la utilización del soporte tradicional pictórico. Utilizando estos volúmenes, trato de diluir las fronteras entre la pintura, la escultura y la instalación“.
España aún le debe una exposición retrospectiva en condiciones; en cambio, París ya le ha visto mostrarse en el Campus Eiffel 1 y en una iniciativa municipal en la Place du Louvre.
Alberto Reguera se aleja de cualquier planteamiento ampuloso y hueco. Tal vez por
no estar encuadrado en ninguno de los clanes que dominan el arte contemporáneo español, todavía se le adeuda igualmente un reconocimiento oficial.
París, sin embargo, no deja de rendirse a sus pies, en consonancia con la dimensión que ha adquirido su obra, alabada durante la inauguración en Sylvie Le Page por Juan Manuel Bonet, director del Instituto Cervantes a orillas del Sena tras distinguirse al frente del IVAM y del Museo Reina Sofía.
http://galeriesylvielepage.com/
http://www.albertoreguera.com/

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