Veinte años de lucha por la igualdad de género, ahora o nunca, es el siglo de la igualdad entre hombres y mujeres

Rocío Rodríguez Martínez

El momento que vivimos en España, revuelto y desafiante, contiene ingredientes viejos y nuevos en cantidad suficiente como para poder ser calificado de extraordinario.  Las políticas neoliberales y sus agudas consecuencias sobre la vida de las personas junto al excesivo abuso de poder, ha llevado a la indignación de la ciudadanía y a cuestionar el sistema de representación política. Lo social en plena ebullición, nos atiborramos de debates agitados tanto en los espacios tradicionales de las instituciones como fuera, en territorios antes inéditos, desde donde se reclama el derecho a un futuro mejor, en el que parece residir en la posibilidad de una regeneración ética en la sociedad. Es un discurso con el que se nos interpela legítimamente desde la izquierda, que ofrece nuevos proyectos y actores para ese futuro.

Pero la ausencia a referencias sobre la desigualdad y la discriminación por razón de género en los discursos,( en prácticamente todos los discursos), y no me refiero precisamente al discurso sobre el estado de la nación, empequeñece su legitimidad para proponer  cambios. Las mujeres, la igualdad en definitiva, continuan siendo las grandes ausentes de la mayoría de los manifiestos y proyectos para la innovación social y moral. ¿Cómo quiere construirse una nueva democracia , una nueva cultura sin nombrar nítidamente el objetivo de la igualdad real entre mujeres y hombres?.

Creo  es tiempo de responder sin más dilación a la deuda pendiente que tenemos con el feminismo tras sus largas luchas. Es el momento de convencernos y convencer de que el cambio y la transformación social que queremos pasa por la igualdad,  sin igualdad no hay democracia.

Las mujeres somos sujetos de pleno derecho para la transformación social , tenemos mucho que aportar en las iniciativas ciudadanas, a todos los niveles, aquí y en todas partes. Asi pues nuestra participación debe darse en condiciones de equidad.

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, como cada año, este tema se cuela, sin profundizar demasiado en bastantes titulares. Pero ni los poderes públicos ni la sociedad acaban de sentirse interpelados para abordar definitivamente la cuestión central de la equidad. Y me preocupa la incapacidad de la izquierda y del nuevo discurso social para dejarse permear de una vez por todas por el objetivo feminista.

Las mujeres nos hemos llevado la peor parte de la crisis. Las políticas de austeridad y la acumulación de recortes acentúan las desigualdades de género y hace retroceder derechos. A pesar de todo  hemos liderado muchas luchas y causas por un mejor trabajo, una sociedad más justa y sostenible, una vida sin violencia , con derecho a la sanidad, a la educación pública, a la vivienda. En todos estos ámbitos las mujeres nos enfrentamos a mayores obstáculos que los hombres, obstáculos e inercias atávicas que en ocasiones son invisibles, nos siguen relegando Las estructuras patriarcales de nuestras instituciones están tan pegadas que pasan desapercibidas para muchos. El mismo lenguaje y los estereotipos culturales tan profundamente enraizados en el imaginario social niegan el problema mismo. Ello hace que la realidad en la que nos movemos debamos luchar doblemente. Sucede en todas partes. No hace mucho vimos cómo, en la configuración del gobierno de Grecia, en un momento social tan prometedor, las mujeres quedaron excluidas de la alta responsabilidad política, como si no hubiera mujeres griegas con capacidad suficiente para tal labor.

 Por ello es preciso reconocer todas las luchas de las mujeres pero también las causas de su posición de desventaja. Se precisa profundizar en los datos y las tendencias, intercambiar y promover reflexiones, realizar análisis y discusiones, llevarlas a la calle y las televisiones, y con todo ello hacer un relato justo que confluya inequívocamente en un discurso de un proyecto verdaderamente transformador.

La resistencia a este debate es tenaz, no obstante. Hay que ser conscientes de que muchas instituciones y personas con capacidad de decisión en los gobiernos y en los espacios de poder prefieren esconder los debates sobre la igualdad dentro de España. ¿Qué le pasa al resto de actores sociales? El momento hoy es crucial para romper estas resistencias y aprovechar las oportunidades y deseos de participación de la sociedad.

Una gran parte del trabajo pendiente y por llevar a cabo, es mirar lo que sucede fuera de nuestro país. Siendo como es un momento extraordinario de cambio en España ,tanto los partidos políticos como los medios de comunicación, actores ciertamente relevantes, deberían mirar otros espacios y otras luchas. Este es el siglo para lograr la plena igualdad y existe un movimiento internacional de mujeres en plena efervescencia en 2015 que reclama el compromiso de las sociedades y los gobiernos de todo el mundo para avanzar en la igualdad entre hombres y mujeres de una vez por todas. El discurso feminista apela directamente a la justicia y a los derechos humanos, “ahora o nunca”, mientras que aquí en España apenas nos llega un lejano eco de semejante aserto.

En 2015 se cumplen 20 años desde la recordada Conferencia de Beijing. La cuarta Conferencia mundial sobre la Mujer de 1995 en China llevó al mayor compromiso que jamás se hayan dado los gobiernos (189 países) a nivel global para luchar por la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres: la Declaración y la Plataforma para la Acción. Bajo un enfoque de derechos humanos, la Plataforma de Acción formuló amplios compromisos en 12 áreas de objetivos (el medio ambiente; las mujeres en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones;  la economía; la pobreza; la violencia contra las mujeres y las niñas; los derechos humanos de las mujeres; la educación; los mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer; la salud; medios de comunicación; y finalmente las mujeres y los conflictos armados).

La Plataforma se convirtió en un referente muy valioso de las políticas de igualdad en todo el mundo y hoy, veinte años después, sigue siendo una poderosa fuente de inspiración. Sin embargo lamentablemente, la revisión mundial que se está haciendo actualmente constata que su cumplimiento ha sido limitado y desigual.

Según datos de ONU Mujeres, aproximadamente el 50 por ciento de las mujeres en todo el mundo tienen un empleo remunerado, lo que supone un gran aumento con respecto a hace veinte años, pero persiste la desigualdad salarial. Es decir, las mujeres tienen muchas más probabilidades que los hombres de no tener ingresos y, cuando los perciben, ganan menos que ellos por trabajos iguales.  Al ritmo actual, se tardarán 81 años para las mujeres logren la paridad en el empleo.

Según esta misma organización de  Naciones Unidas, es cierto que en estos veinte años muchos países redujeron la brecha de género en educación e inclusive algunos lograron la paridad de género en la matriculación escolar, disminuyeron los índices de mortalidad y morbilidad materna, creció el número de mujeres que sobrevive al embarazo y al parto con respecto a 1995 (…) y muchos (países) sancionaron leyes contra la discriminación de género,  convirtieron la violencia doméstica en delito etc. Pero esto no es suficiente.

A pesar de los avances, en ningún país se ha alcanzado la igualdad de género. Hoy, sólo uno de cada cinco parlamentarios es una mujer. La pandemia de la violencia contra las mujeres y las niñas afecta a una de cada tres mujeres en todo el mundo.

Este 8 de marzo se celebrará en Nueva York la mayor marcha por la igualdad que se haya visto nunca en esa ciudad y será el momento para exigir a todos los gobiernos el cumplimiento de la Plataforma de Acción y empezar a cambiar el rumbo del planeta.

 Esta marcha, formada por miles de mujeres de todo el mundo, dará lugar al inicio, la próxima semana, de la 59º reunión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW, por sus siglas en inglés), el órgano de las Naciones Unidas encargado, junto con ONU Mujeres de revisar el avance de la igualdad a nivel mundial. Del 9 al 20 de marzo Beijing+20 será el foro mundial donde el movimiento de mujeres y las organizaciones feministas de todo el planeta discutirán sobre cómo se puede dar el salto para exigir el cumplimiento de la Plataforma. Esta sociedad civil, interconectada y con mil caras diversas, debate para construir una nueva agenda mundial que reconozca la centralidad de la igualdad.

Pocos medios de comunicación en España se están haciendo eco de los importantes procesos y de las reuniones preparatorias que han tenido lugar en todo el mundo para preparar este foro. Todo parece una confabulación para que el debate no llegue al corazón de la sociedad.

 El pasado año  Naciones Unidas pidió a los Estados que realizaran exámenes exhaustivos a nivel nacional sobre los progresos realizados en estos veinte años y de las dificultades surgidas en la aplicación de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing. Bien, ¿Alguien oyó hablar del examen que entregó el gobierno de España? , se trata nada menos que de una evaluación sobre el progreso de las políticas de igualdad en la sociedad española desde 1995. Importante oportunidad para trabajar colectivamente desperdiciada sin una mínima consulta abierta a la sociedad civil. ¿Cómo es posible? Una vez más las organizaciones sociales, las asociaciones feministas y las personas e instituciones comprometidas con la igualdad de género y la ciudadanía en su conjunto perdimos la oportunidad de debatir y de revisar el progreso realizado en España.

Esto es como incautarse ilegalmente de un derecho que le pertenece a la sociedad civil, el de participar en la vida pública. No en vano la ONU había pedido encarecidamente a los gobiernos que apoyaran la función y la aportación de la sociedad civil, en particular de las organizaciones no gubernamentales y las organizaciones de mujeres en la aplicación de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, les pidió expresamente que “colaboraran con todas las partes interesadas en los preparativos a todos los niveles para el examen de 2015 a fin de aprovechar su experiencia y sus conocimientos especializados”.

En España no se hizo así. No solo se desoyó la exhortación de la ONU sino que se evitó el debate.

En este contexto es admirable el esfuerzo realizado por un número de organizaciones feministas, de desarrollo y de defensa de los derechos humanos en nuestro país, que lanzaron en enero una Plataforma de incidencia política Beijing+20sociedad civil, a la que se suman cada vez más voces. En su Declaración, firmada por 85 organizaciones, exigen al Gobierno y a todas las partes implicadas que renueven y aseguren su compromiso con el cumplimiento de la Declaración de Beijing y la Plataforma de Acción y que fomenten y apoyen la participación de las ONG y las asociaciones de mujeres.

Aplaudo más aún los esfuerzos de todas estas mujeres para participar en el foro de Nueva York, sabiendo que viajan en muchos casos con recursos económicos propios, incluso personas desempleadas y jóvenes con trabajos precarios ponen dinero de su bolsillo para acudir , porque no renuncian a llevar su voz y debatir con el movimiento feminista global sobre el futuro que queremos las mujeres. Estas representantes españolas, hasta ahora 27 delegadas de la Plataforma Beijing+20sociedadcivil, se  sumarán a la reunión internacional porque quieren ser parte de una ciudadanía global y quieren denunciar allí en la sede de la ONU que ningún país puede permitirse el lujo de retroceder bajo ninguna circunstancia en el ámbito de la igualdad y de los derechos humanos, como está sucediendo en España, aunque se secuestre el debate.

Los datos no se pueden ocultar. El retroceso que se está produciendo en nuestro país y del que no se quiere hablar, fue alertado por un grupo de trabajo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de Ginebra (OACDH), que visitó España a fines de 2014 para evaluar los progresos realizados hacia la eliminación de la discriminación en todos los aspectos de la vida de las mujeres. En su nota de prensa de 22 de diciembre de 2014 titulada Spain: standstill or retrogression in Women’s rights? – UN Experts state the challenge (“España: ¿paralización o retroceso de los derechos de las mujeres? Expertas de la ONU plantean la cuestión, advertían   que “los esfuerzos de España para integrar a las mujeres en la vida pública, política y económica y para erradicar la violencia doméstica se ven amenazados por las políticas adoptadas a raíz de la crisis económica”. Y si bien reconocían varias buenas iniciativas legislativas y políticas , objetaron, un escaso nivel de aplicación.

En 2015, mientras las mujeres del mundo interpelan a los gobiernos de todo el planeta para exigir el cumplimiento de los compromisos firmados hace veinte años, en España retroceden las políticas de igualdad sin que se produzca un debate social serio y amplio. Es hora de hablar de cómo transformar los factores estructurales que amplían las desigualdades de género y la cultura que opera en la base de la discriminación y de la violencia.

Otros mundos posibles no serán justos mientras esta cuestión no se aborde en su integridad. A ver si no esperamos otros quince o veinte años para ponernos con ello.

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