Alfombra a un pasado casposo: La culpa no es de Moreno

 

Este sábado se han producido dos imágenes contrapuestas: En la primera, trabajadores de RTVE portan el lazo naranja (símbolo de la defensa de una radio y televisión pública de todos y para todos) en las “Marchas por la Dignidad”; en la segunda, podría figurar una escena cualquiera del programa “Alfombra Roja” emitido por TVE pocas horas después. ¿Dignidad? ¿indignidad? Cada espectador, cada ciudadano, tendrá su propia opinión, pero creo que el contraste marca, en buena medida, dos concepciones antagónicas de RTVE.

Voy a ahorrarme la descripción del programa de José Luis Moreno. En una u otra época todos hemos visto alguna de sus ediciones, y la de este sábado es idéntica a las emitidas hace treinta, veinte o diez años. Responde a “su estilo”. Nadie -y menos los actuales rectores de la televisión pública- puede llamarse  a engaño. Lo singular del ahora exhibido es que, al margen del contenido, estaba mal hecho: Se anunciaba una cosa, y salía otra; se escuchaban voces desde la tramoya; cundía el desconcierto entre los presentadores… un despropósito profesional que provocaba la queja en redes sociales de algunos trabajadores de TVE, que afirmaban “Que nadie piense que en TVE somos así de chapuzas: el programa es de producción externa”.

Efectivamente, las redes sociales clamaban durante su emisión, denostando contenido y denunciando fallos. Espectadores trabajadores de la empresa y periodistas que se ocupan de televisión coincidían en el rechazo: unos hablaban de aburrimiento; otros, de vergüenza ajena; algunos criticaban episodios concretos; los más, repudiaban globalmente el espacio.

Pero ya he dicho que José Luis Moreno no engaña a nadie: hacía -eso sí, peor que nunca- su programa de siempre. Hace poco más de diez años, quien esto escribe  compartía una comida con varios profesionales de televisión, y un sociólogo y estudioso del medio interpelaba sobre el espacio que Moreno dirigía entonces en TVE a un directivo de programación: “¿Tú crees -decía- que un programa casposo como este tiene cabida en la televisión pública?” El directivo justificaba a medias aludiendo al tipo de espectadores que en la noche y madrugada de un sábado distrae su ocio con la televisión: edad avanzada, bajos ingresos y nivel cultural, escasa movilidad… Pero varios comensales hablaban de programas similares en otras televisiones europeas, en los que la música, el humor, o las variedades, tenían un soporte acorde con la dignidad del medio, y no se basaban en actuaciones trasnochadas, procacidades sin cuento, sal gruesa,  guiones disparatados y realización y decorados de décadas pasadas.

La conversación tenía lugar -y no es un dato casual- con José Antonio Sánchez como director general de RTVE (202-2004). Sí , el mismo personaje que ahora ocupa la presidencia de la Corporación RTVE. En diez años ha cambiado la denominación de su cargo, pero permanece constante una concepción de televisión pública al servicio del gobierno de turno, una entrega a las productoras externas, y una vuelta ética y estética a un pasado casposo, en el que se busca la audiencia con escenas de alcoba, transparencias femeninas, galanes trasnochados y brindis de cartón piedra.

José Luis Moreno es lo que es: busca su negocio y realiza el producto que sabe hacer y que le resulta más rentable. La responsabilidad de perpetrar un programa indecente en la televisión pública española no es de él, sino los rectores de esa entidad y los políticos que les han designado; esto es, José Antonio Sánchez y Mariano Rajoy.

Tan solo queda una esperanza: los primeros avances de audiencia otorgan al engendro televisivo cifras por debajo del 6 por ciento. Si contenido y forma chocan con el concepto de televisión púbica, y ni siquiera tiene apoyo de un volumen alto de espectadores ¿quién podrá defender su continuidad?

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