Lo que se esconde tras Mortadelo y Filemón

 

En poco más de 24 horas Mortadelo y Filemón han sido nombrados otras tantas veces en el Congreso de los Diputados. Imagino la sonrisa en la cara bonachona de su creador, Ibañez, la chispa divertida en los ojos, al observar como el álbum 200 de sus aventuras lograba ir más allá del, ya rutinario, éxito popular, para situarse en el centro del debate político. Hasta seis parlamentarios distintos utilizaron las andanzas de esa pareja en torno a “El Tesorero”, para acusar al presidente de RTVE de censura, por no informar del estreno en los principales telediarios. El interpelado, acosado, alcanzó a decir: “Han salido tanto en TVE, que me lo sé sin haberlo leído”; no habló, claro, de la falta de coherencia que supuso que en Los Desayunos de TVE se dedicara un amplio espacio a glosar el inmediato estreno; que un  equipo de Informativos grabará evento, contenido, y declaraciones del autor, para ser rechazado por los responsables del TD1 y TD2, y ser aprovechado en otros espacios de audiencia marginal como La 2 Noticias, o el 24 horas. ¡Censura, censura!, clamaba la oposición y así era recogido en los titulares de la mayoría de las publicaciones para resumir la sesión de control a RTVE. Tan grande es la popularidad de los personajes que hasta asomaron como símbolo, en el Pleno de este miércoles, contra el ministro Montoro.

Lo cierto es que la omisión en esos telediarios se produjo hace tres semanas, durante las cuales el Consejo de Informativos viajó al Parlamento Europeo para denunciar la manipulación informativa y la redacción paralela que han convertido a RTVE en un instrumento de Propaganda del Partido Popular y de su gobierno; que ha habido denuncias profesionales sobre el tratamiento dado al caso Rato, al despacho profesional de Montoro, a la censura en Cataluña del espionaje de Metodo 3, o la supresión de la parodia sobre Rajoy en la reposición del programa de José Mota; se ha señalado desde los sindicatos la penuria de medios propios para producir programas, tras la apresurada venta de los Estudios Buñuel, o la cesión voluntaria de espacio radioeléctrico. De todo ello se habló en la sesión parlamentaria; de todo ese pasado inmediato, y del no menos inmediato futuro, cuando la portavoz socialista Silvia Oñate acusó al presidente de RTVE de “empeñarse sin decoro en dar un programa a Buruaga“.

Pero todo ello -salvo alguna contada excepción- quedó en letra pequeña, en párrafos perdidos de las crónicas de la jornada. Lo que se destacaba, lo que “vendía”, era la ubicación de un reportaje de hace tres semanas, tan llamativo, como poco representativo de la funesta deriva de una radio y televisión pública cada vez más alejada de los ciudadanos. Cuando, en la mañana del miércoles, los responsables de RTVE hayan visto el resumen de lo publicado, habrán imitado la sonrisa socarrona de Ibañez; puede que hasta hayan pensado: “mientras destaquen a Mortadelo y Filemón, vamos bien; nosotros, a lo nuestro, que las elecciones están a la vuelta de la esquina”.

 

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