Ada Colau y la tragedia de Antígona

Manuel Peris

La opinión publicada ha sido bastante unánime a la hora de condenar la afirmación de Ada Colau asegurando que “si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen”. Ha sido una reprobación casi unánime y sin matices, como si el tema no tuviera vuelta de hoja. Y sin embargo, la tiene. Al menos desde que Sófocles escribiera Antígona y escenificara el enfrentamiento entre la conciencia individual y el Estado. Un enfrentamiento que tal como fue planteado en esta tragedia, ha sido un leitmotiv en la filosofía, la teoría política, la teoría jurídica, la ética y la poesía de Occidente.

En su artículo “¿Quien escribe las no escritas leyes de los dioses?[1], Claudio Magris nos ofrece una buena síntesis de este debate histórico. Magris parte de Paul Valéry para reivindicar a Antígona –junto a Ulises, Edipo, Electra, Fausto y don Juan – como uno de los personajes que escapan al control del creador y se convierten, por mediación de él, en “instrumentos del espíritu universal”. A su vez, el autor de Danubio resume la exhaustiva recopilación que hace George Steiner[2] de toda la reelaboración que, en los últimos doscientos años, filósofos, historiadores y escritores han realizado del nudo central de la tragedia, el conflicto entre la ley del Estado y “las leyes no escritas de los dioses”. Y a la vez Magris reconoce, con el propio Steiner, que Antígona no es sólo eso, sino también una suma de otros conflictos humanos esenciales: vejez/juventud, sociedad/individuo, mundo de los muertos/mundo de los vivos, ethos masculino/femenino, amor/sacrificio…Pero Magris, con elegancia y sin polemizar directamente con Steiner, se separa del planteamiento de éste, según el cual el célebre diálogo entre Creonte y Antígona (versos 450 y siguientes) es en realidad un diálogo de sordos porque “no se verifica ninguna comunicación con sentido”. Por el contrario, planteando la pregunta “¿Quien escribe las no escritas leyes de los dioses?” e intentando responder a ella, Magris viene a prolongar el diálogo entre el rey de Tebas y la heroína de Sófocles hasta nuestros días.

Paralelamente, Magris reivindica la reescritura que hace Hölderlin de Sófocles en la que el encuentro y enfrentamiento humano con el terrible y a la par salvífico orden divino le conduce a la autodestrucción. Un conflicto, explica Magris, que históricamente cristaliza en los periodos revolucionarios, cuando la redención que el héroe individual trae al mundo, abate el viejo orden opresivo e instaura, o al menos hace vislumbrar, un orden nuevo y espiritualmente superior, pero que “comporta una culpa que el redentor-culpable debe pagar con la muerte”.

Y así en los versos 450 y siguientes podemos leer la perenne actualidad de la tragedia que significa la elección entre la ley y el imperativo moral “con todas las dificultades, los errores y también las culpas –nos dice Magris– que esa elección, en sus concretas circunstancias históricas comporta”. Las leyes antisemistas de la Alemania nazi, o las racistas de Alabama, son los ejemplos que utiliza para ilustrar la idea de que la ley positiva no es legítima por sí misma, aun cuando sea fruto de un ordenamiento democrático o de la voluntad de una mayoría. Pero los ejemplos los podríamos extender también a conflictos más próximos: la ley sobre desahucios, el edicto del alcalde de Burgos para construir el bulevar de Gamonal o el de Rita Barberá para derribar el Cabanyal, la ley de extranjería… Es entonces cuando, si siguiéramos los pasos de Antígona, habría que obedecer a las “no escritas leyes de los dioses” y desobedecer a las inicuas leyes del Estado aunque dicha desobediencia pudiera acarrear consecuencias trágicas, como en la obra de Sófocles.

Llegados a este punto, Magris plantea la pregunta terrible y trágica de “¿cómo sabemos que esas leyes no escritas son efectivamente de los dioses, o sea principio universales, y no en cambio arcaicos prejuicios, ciegas y oscuras pulsiones del sentimiento, condiciones de quién sabe qué vínculos atávicos? Para intentar responderla, el autor del Danubio –que no es precisamente un experto en filosofía del derecho– mezcla en un totum revolutum el derecho natural clásico, su lectura de Montesquieu a través de Todorov, la filosofía del derecho de Norberto Bobbio y la reinterpretación de la lucha de Antígona que hace el jurista italiano Tullio Ascarelli. El conglomerado jurídico de Magris es, cuando menos discutible, pero, aunque no lo mencione, en él subyace la idea del derecho como “lucha por el derecho” formulada por el gran jurista alemán del siglo XIX Rudolf von Ihering, según la cual, el derecho, además de establecer normas que regulen la sociedad, ha de luchar contra el injusto jurídico porque «todo derecho en el mundo tuvo que ser adquirido mediante la lucha». Una idea que, como gusta recordar el profesor Javier de Lucas, fluía ya en un fragmento de Heráclito en el que decía que “El pueblo debe luchar por su ley como por sus murallas”.

Magris lo dice a su manera cuando afirma que las “no escritas leyes de los dioses” van escribiéndose en leyes más justas, a las que la conciencia opone la exigencia de una ley mejor. Creonte al final se arrepiente y asume que su ley es injusta, pero, aunque se siente preparado para cambiarla, es demasiado tarde. Magris no puede dejar de advertir que más allá de la lentitud del progreso de las leyes, cuya irreversibilidad histórica, como hemos comprobado en España en los últimos años, no está ni mucho menos garantizada, “la tragedia es que los pasos adelante de la humanidad exigen asimismo el sacrificio de innumerables Antígonas, que también hoy continúan enterrando a hermanos, hijos, padres o compañeros tronchados por la violencia de los hombres”.

Ada Colau será alcaldesa de Barcelona fundamentalmente porque sus conciudadanos han reconocido en sus actuaciones al frente de la plataforma anti desahucios a alguien capaz de exigir el cumplimiento de una ley no escrita de los dioses, la que protege el derecho a una vivienda digna. Si el parlamento que sale de las próximas elecciones generales tiene una mayoría suficiente para aprobar leyes justas, será innecesario el sacrificio de nuevas Antígonas.

[1] En Utopía y desencanto, Anagrama, 2001.

[2] Antígonas, una poética y una filosofía de la lectura, Gedisa, 1987.

2 pensamientos en “Ada Colau y la tragedia de Antígona

  1. En resumen, lo mismo que dice Paco El Molinero en la obra de R.J. Sender Réquiem por un campesino español: “Lo que los hombres han hecho, los hombres lo pueden cambiar”.

  2. Pingback: Liberté, égalité et fraternité

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