¿Una Europa sin corazón ni alma?

Los últimos acontecimientos a los que Europa asiste con la denominada crisis humanitaria de los refugiados sirios nos llevan a considerar que Europa podría estar perdiendo su corazón y su alma. Parece que la guerra y la tragedia siria son algo ajeno y lejano a la vida y a los intereses europeos. No hay corazón, no hay sentimiento alguno de horror y de rechazo a una de las crisis más graves que vive Oriente Medio. Son más de 4 años de guerra, más de 200.000 muertos, más de 12 millones de desplazados y miles de desaparecidos. Los países vecinos ya no soportan más el peso de los refugiados; Turquía ha recibido más de 1.590.000, Líbano 1.300.000, Jordania 654.000 y la ilustrada Europa, la misma que en 2012 recibió el Nobel de la Paz, se debate en el acogimiento de poco más de 120.000. Se debate y por fin se despierta de su letargo, cuando el drama humanitario alcanza a las capitales de Europa Central, del Este e incluso a las islas británicas. Los países centroeuropeos empiezan a sentir la misma presión y presencia que sufren los países del Sur.

Lo realmente grave no es debate actual sobre el reparto de refugiados y el cupo que Europa está dispuesta a admitir, sino la falta de corazón y de visión política para hacer frente a esta crisis humanitaria. Paradójicamente, Europa está viviendo y reaccionando ante ella de la misma manera tardía e ineficaz que lo hizo en relación a la crisis financiera griega. Parece que Europa se enfrentase a una profunda crisis existencial y que los dos pilares que le dieron fortaleza y orgullo en su proceso de constitución, su moneda, es decir, ¨su economía y la libre circulación de personas¨, se ponen de nuevo en cuestión.

¿Qué hizo la UE ante la crisis griega? Tardó en decidir y, cuando lo hizo, fue tarde y mal. ¿No hubiese sido mejor ofrecer un rescate sustancial y lógico a Grecia en mayo 2010 y no esperar casi 5 años en otorgar un tercer rescate sin ninguna garantía de éxito? Seguramente nos hubiese costado menos a los europeos y se hubiese resuelto la crisis del Euro con mayor facilidad. Pero Alemania retrasó las decisiones. ¿Qué vamos a hacer con la crisis migratoria y humanitaria? ¿Seguiremos el mismo modelo?

El gobierno del Presidente Zapatero ya pidió en 2007 una política común de migración y ahora nos volvemos a encontrarnos con Consejos Europeos extraordinarios que pretenden dar respuestas a crisis anunciadas. ¿Es que hemos olvidado que en julio, hace menos de dos meses, se cerraron en falso unas conclusiones de un Consejo extraordinario de la UE y sólo se aprobó la aceptación de 22.000 refugiados, cuando todos sabíamos que estas cifras serían totalmente insuficientes e inaceptables éticamente?

Ayer se aprobó una cifra de 120.000 asilados que sigue siendo pobre e insuficiente para resolver esta crisis. Y es que la UE se esconde tras ella y le falta liderazgo político para resolverla. Este es el caso de la crisis siria. La UE se moviliza a través de un tweet de un padre sirio con su hija vendiendo bolígrafos en el mercado de Beirut y recoge 200.000 dólares y se espanta por la foto de un niño muerto en la playa, pero es incapaz de liderar una iniciativa de paz. Por ello, los dirigentes europeos deberían convocar urgentemente una Ginebra III bajo su liderazgo y forzar el inicio de un proceso político y diplomático de reconciliación. La alianza ¨militar¨ ha fracasado y las intervenciones militares selectivas no han dado resultado. El estado islámico ¨Daesh¨ avanza y la histórica Siria sufre la destrucción y la división.

¿Qué hemos hecho para salvar el templo de Bel en la histórica ciudad de Palmira Patrimonio de la Humanidad y cuna de nuestra civilización? Esa es la tarea que debería llevar a los dirigentes europeos a movilizarse y a exigir a todos los actores implicados un nuevo compromiso de paz. ¿A qué esperamos para la convocatoria de un Ginebra III donde tendría que estar presente Irán? Y otorgar a NNUU un papel más relevante. Habría que blindar y sellar todas las transacciones financieras que alimentan las actividades de ISIS y pedir a los países del Golfo una mayor responsabilidad para controlar a los mecenas y responsables radicales.

Ese es el verdadero problema de la UE, porque si no tiene corazón para actuar perderá su alma porque Europa no es sólo ¨un mercado¨, sino un proyecto donde los valores humanos y el respeto a las personas son parte de su vocación política. El presidente Hollande y la canciller Merkel reclaman responsabilidad y solidaridad. Estamos de acuerdo. Pero este respeto y solidaridad deben respetar los principios y valores europeos y movilizarse en favor de la protección de las personas, la paz y la seguridad de nuestro entorno más próximo.

Artículo publicado en El plural