La terrorista que se bañaba en espuma

Joaquín Urías

Era muy tentador. La historia de una muchacha francesa de clase marginal y origen magrebí. Que tuvo una infancia desgraciada de desarraigo entre familias de acogida. Que después de una juventud de drogas y fiestas y hasta de haberse intentado enrolar en el ejército, acaba haciéndose fundamentalista musulmana; y que entonces se implica en los atentados de París, y se pone un cinturón de explosivos y cuando la policía va a detenerla se hace explotar. Para probar la evolución de la marginalidad al terrorismo tenemos las imágenes perfectas: fotos de su vida anterior. En algunas se la ve sonriente entre amigas, en otras saludando a la cámara con un sombrero de cowboy. En la más llamativa, que llegó a ser portada de algunos medios de comunicación, la futura terrorista está feliz y relajada, desnuda en una bañera de espuma.

Una historia interesante y bien presentada… si fuera verdad.

El mismo día en que los agentes antiterroristas entraron entre bombas en el apartamento de la yihadista salieron a la luz las fotos de la muchacha. Aparecieron prácticamente en todos los medios de comunicación del mundo. Y dieron pie a incontables reportajes y artículos de opinión, sobre cómo se crea un terrorista suicida.

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Sin embargo, eran falsas.

Al poco de que las fotos llegaran a las redacciones de todos los periódicos y televisiones del mundo en Marruecos una muchacha –Nabila Bakkatha– presentó una demanda judicial para la protección de su honor y de su intimidad. La que parece en la foto de la bañera no es la terrorista, sino ella.

Nabila cuenta que todas esas fotos estaban en poder de una buena amiga con pocos escrúpulos con que acababa de pelearse. Al parecer la amiga, en parte por venganza y en parte por codicia, se las vendió a un periodista diciéndole que eran de la terrorista. Y coló. Aparecieron como exclusiva en el Daily Mail, justo en el momento de máxima expectación sobre los atentados de París. A partir de ahí se distribuyeron prácticamente en todos los medios de comunicación de occidente.

Nabila se queja de que desde que se publicaron esas fotos su vida se ha convertido en un infierno. Algunos le dan de lado porque realmente creen que es una yihadista; otros creen que esas fotos en la bañera son inmorales; incluso hay quien la acusa de demasiada intimidad con esa antigua amiga. El caso es que aunque Nabila gane la demanda que ha interpuesto, e incluso consiguiera una indemnización, todo eso no tiene arreglo. La insultan, ha perdido amigos y apenas puede salir a la calle. Sólo queda el honor perdido de Nabila, como en famoso libro de Heinrich Böll, sobre Katerina Blum.

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En efecto, las lesiones del honor y los daños a la reputación son difíciles de reparar. Nabila podrá demostrar que los medios no cumplieron adecuadamente con su obligación de contrastar la información. Pero lo previsible es que tarde años en poder hacerlo y que, además, sólo pueda hacerlo frente al primer periódico que publicó las fotos, no frente a los que las replicaron y se refirieron al Daily Mail como fuente de las mismas.

La única manera de mitigar el daño que le han provocado sería que masivamente rectificaran los medios de comunicación que se equivocaron y nos colaron en nuestras vidas la imagen de Nabila en la ducha, desde la televisión, internet y los periódicos. Tendrían que darle al reconocimiento de su error la misma repercusión y la misma importancia que dieron a la falsa noticia. Pero eso nunca sucederá. Los medios dudan antes de poner en riesgo su propia credibilidad, que es la base de su negocio (la inmensa mayoría de los medios de comunicación son esencialmente eso, empresas destinadas a ganar dinero). Así que sólo suelen rectificar cuando se ven obligados y lo hacen a escondidas, sin que se note. De hecho el Daily Mail se limitó a borrar en su edición digital las fotos de Nabila que ilustraban el artículo sobre la terrorista de Saint Denis. Poco más.

Todo ese daño le han causado a Nabila. A nosotros, a los ciudadanos que recibimos información y confiamos en que sea veraz también nos han causado daño.

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Le pregunté a algunos estudiantes de periodismo sobre qué podemos aprender de todo esto. Su primera conclusión fue, simplemente, que todas las muchachas magrebíes se parecen. Les expliqué que no es cierto; Nabila no se parece en nada a la supuesta terrorista. De hecho, si se comparan fríamente las fotos de ambas parece imposible que nadie las confunda. Pero, con la excusa de que son magrebíes nadie se había dado cuenta de que en los medios se estaban mezclando alegremente fotos de dos mujeres totalmente distintas.

En todo caso hay lecciones de más calado. La construcción global de la información, en sucesos de repercusión mundial, prescinde de cualquier requisito de verificación o investigación. Los medios, sin excepción, se limitan a replicar las informaciones que otros medios o las fuentes oficiales han puesto en circulación. No se comprueba, no se contrasta y ni siquiera se citan las fuentes.

En esas condiciones, los rumores se convierten en verdades. Es el terreno propicio para la manipulación de las opiniones públicas. El mejor escenario para quienes quieren mover las preferencias del público hacia una u otra posición. Rumores que al final legitiman bombardeos, guerras o medidas de excepción.

El caso de Nabila demuestra que con demasiada frecuencia en cuestiones como el terrorismo y la guerra las opiniones del público están basadas en falsas certezas difundidas alegremente por los medios y que los ciudadanos no ponemos en duda.

Y si no, basta con señalar que, además, según los forenses y fiscales franceses no hubo ninguna terrorista suicida en París. Al parecer la muchacha muerta en el piso de Saint Denis falleció por la explosión de una bomba ajena. Aún no está claro si fue una granada que arrojó la policía, o alguno de sus compañeros. Pero la chica se había limitado a ayudarlos a encontrar un escondite y ni era una fanática, ni se suicidó… Lástima que la idea de “la primera terrorista suicida de occidente” sea tan atractiva mediáticamente como la de su foto en una bañera de espuma.

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3 pensamientos en “La terrorista que se bañaba en espuma

  1. Me parece increíble que los medios de comunicación sean tan poco serios al no contrastar la información que les llega y solo les interese el sensacionalismo para vender más aunque sea a costa de la honorabilidad en este caso de Nabila, uno se preguntas cuantos casos más habrá que no nos enteramos y damos por cierto lo trasmitido por los medios de comunicación, y cuanto daño se ha hecho a personas inocentes

  2. Los lectores del periódico son tan culpables como el periódico mismo. Si durante la semana siguiente nadie lo comprara en castigo por emitir noticias sensacionalistas y sin contrastar, tendría más cuidado en el futuro.

  3. Los lectores de este periódico son tan culpables como el mismo periódico. Si no lo compraran durante la semana siguiente de tener conocimiento de que habían pubicado una noticia sensacionalista y sin contrastar, tendría mas cuidado con la siguiente noticia.

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