Pablo Iglesias sudó (en exceso) la camiseta

 

 

Cada lector-espectador tiene opinión propia sobre el ganador y el perdedor del debate. Se sintió, en todo o en parte, identificado con los argumentos de uno de los contendientes, y reafirmó su voto para el día 20. Al margen de los contenidos,en este tipo de encuentros tienen una gran importancia las formas, desde aquel primer duelo televisado entre Nixón y Kennedy hasta el de este lunes. Sánchez y Rivera aparecieron con chaquetas oscuras más o menos clásicas, camisa blanca, y corbatas más o menos rojas; atuendos formales, válidos para ir de visita, a trabajar, o de cena con amigos. Iglesias se despojó del chaquetón con el que llegó a la emisora, para quedarse con los vaqueros de siempre y la camisa remangada como siempre: es la imagen que ha ofrecido desde que se le comenzó a conocer, y es obvio que no ha querido cambiarla para la ocasión; en su caso, el estilo indumentario es ingrediente esencial del personaje que representa. Sáenz de Santamaría no se quitó el chaquetón, que resultó un armazón demasiado compacto para tan larga estancia, y junto a los altos tacones contribuyó a ofrecer una imagen de una cierta incomodidad.

En cuanto al lenguaje gestual, Sánchez se mostró con frecuencia hierático, con ademanes contenidos, como si se reprimiera a si mismo para no ofrecer una imagen agresiva; Rivera (sobre todo en la primera parte) movía en exceso las manos, adelantaba el torso, se mostraba más serio que de costumbre; perdía esa imagen, sonriente y cercana, que le ha mostrado en los últimos meses como un gran comunicador; en mi opinión no dio muestras de sentirse cómodo ni relajado en ningún momento, aunque fue de peor a menos malo en la segunda parte. Iglesias, por contra, asentó sus pies con firmeza, se aferró al bolígrafo, y trasladó (real, o muy bien representada) una sensación de confianza en si mismo a prueba de bombas; la sensación es que creía lo que decía y hablaba desde convicciones muy sentidas; no obstante, dejó ver formas más habituales de discusión de bar, o asamblea en la universidad, que de este tipo de debates: las apelaciones a que sus contrincantes no se pusieran nerviosos, la redundancia en que estuvieran tranquilos, rozaron la falta de respeto, error que trasladaba al espectador un atisbo de soberbia, tan aplaudida por los incondicionales, como rechazada por el resto. Sáenz de Santamaría, asumió con entereza el papel de sustituta, pero ofreció un impresión poco relajada; dentro del chaquetón y sobre sus tacones (más de dos horas así encorsetada debieron ser un tormento) utilizaba brazos y manos para reafirmar datos y argumentos, pero la expresión de su rostro expresaba una cierta incomodidad. Por cierto que, en ese terreno de la comodidad, Pablo Iglesias cometió un error de calculo sobre las consecuencias de dos horas largas bajo tensión dialéctica y presión de los focos que, dejaron huella en su camisa; si se puede decir que los cuatro invitados sudaron la camiseta, en su caso la prueba era evidente.

Frente a esa imagen – a saber si error, o naturalidad, para los ojos de cada espectador- Iglesias utilizó como nadie el último minuto. Sánchez, Rivera y Sáenz de Santamaría usaron entre 60 y 59 segundos para resumir sus posiciones; dieron la impresión de haber preparado y ensayado el uso del minuto una y otra vez cronómetro en mano. Iglesias, no. el líder de Podemos se enfrentó a la cámara con unos primeros segundos de apasionada denuncia, y unos postreros de futuro y esperanza. Su reiterado “sonreíd” (con toda seguridad tan ensayado y medido como el parlamento de sus adversarios) sonaba en directo como una apelación sincera y espontánea y entroncaba con frases históricas de Martin Luther King, de Kennedy, o del primer Adolfo Suárez. A Pablo Iglesias le sobraron 10 segundos, pero convirtió los otros cincuenta en un tiempo de oro, durante el que nadie reparó en las huellas que la tensión había dejado en su camisa.

2 pensamientos en “Pablo Iglesias sudó (en exceso) la camiseta

  1. He pasado de los sesenta y a lo largo de las diferentes elecciones , desde el 77 a nuestros días, mi opción de voto siempre fué encaminada por las rutas del PSOE del cambio y en ocasiones de la IU con autenticidad del Califa Julio.
    En estos momentos, y lo digo con absoluta convicción , el PSOE queda apartado en mi intención de voto, tienen que parar y replantearse si merece la pena seguir manteniendo una estructura de personas anquilosadas y alejadas de la realidad, hacen aguas por todos los sitios, la utilización del partido y la nula apertura por muchos de sus dirigentes locales, están consiguiendo lo que no ha conseguido la derecha, resumir al mínimo sus opciones.
    IU , más de lo mismo, la vieja guardia no cede,creerse la esencia de la izquierda y hacerlo mirando por encima del hombro a todo aquel que intenta un acercamiento, parece más la política del caracol en plena hibernación.
    Conclusión, Sonrío porque si se puede.

  2. Es cierto que la imagen iconográfica que ofrece Iglesias no se adapta a los convencionalismos que tiene la sociedad , profundamente arraigados, sobre cómo debe mostrarse en público un candidato a la presidencia de España. A veces pienso que vivimos en un mundo tan frívolo que infravaloramos lo importante del ser humano: Su capacidad de sentir, pensar y, sobretodo, actuar en consonancia con el pensamiento y el sentimiento. Son estos valores los que desde un primer momento me han llamado la atención en Pablo Iglesias, muy por encima del resto de los candidatos.A Pedro Sanchez lo vi ilusionado a la fuerza, dándome la sensación de que no había equilibrio entre pensamiento y sentimiento. A Albert Rivera se le veía excesivamente ilusionado (bailando entre dos aguas), por lo que dudo exista un equilibrio con sus pensamientos. Y a Soraya Sáenz de Santamaría la percibí insegura, no sólo por el marrón que le dejó Rajoy, sino porque tergiversaba los datos de la forma que habitualmente están acostumbrados a hacer desde su gobierno y que ya nadie aceptan; a su favor hacer constar que tiene una buena capacidad de sufrimiento al aguantar dos horas con esos tacones.
    Y el momento cumbre para mí, sin duda, fue el cierre de Pablo Iglesias, en 50 segundos hizo una síntesis magistral de la situación de España y brindó a todos la oportunidad de sonreir a la esperanza de una sociedad más justa. En los diez segundos restantes podría haber pedido el voto para Podemos,pero guardó silencio. Y es que un silencio a veces vale mucho más que mil palabras.

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