Secretos y mentiras. El caso Víctor Jara

Almudena Bernabeu

Los regímenes dictatoriales no se establecen con vocación de agotarse. Esencial a esa irregular concentración de poder es la arrogancia para mantenerlo y una interesante capacidad de denegar que habrá un futuro, un después de tanto poder.

Como consecuencia de ello, es pertinente observar cómo los diferentes actores sociales propios de este tipo de regímenes (fuerzas armadas, servicios de inteligencia, iglesias, empresarios, medios de comunicación), ponen en marcha, tras el agotamiento real o aparente de esa dictadura, lo que a efectos de hacerme entender en este artículo llamaré (coloquialmente hablando, claro) secretos y mentiras. Nunca pensaron que tendrían que ocultarlo. A la brutal y soez aplicación de sus políticas de Estado (miedo, represión, torturas, ejecuciones sumarias, desapariciones), y con el ánimo –presumo– de perpetuarlas (ya no abiertamente, pues su poder se ha debilitado) se une la persistencia en negar lo que ocurrió, y ocultar las circunstancias de lo ocurrido. Es decir, como nunca pensaron que hubiera que ocultarlo o maquillarlo, hoy simplemente lo niegan. Pasados tantos años mienten o se niegan a hablar, boicoteando a diario la sociedad en que viven. A la deshumanización de la violencia que infligieron se une ahora la que acarrea la negación de lo hecho. Y me pregunto: ¿Dónde están los límites de la deshumanización? ¿No fue suficiente el dolor causado? ¿Hay que negarlo, sin ningún matiz? ¿A qué le tienen miedo?

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En mayo de 2012, apenas horas después de que llegara al mundo mi hijo Diego, me llegaba un mensaje emocionante. Mis colegas, fiscales de derechos humanos de Chile, me pedían echarles una mano en un proceso penal, de los varios comenzados en Chile en su proceso nacional de transición (proceso en gran parte precipitado por el regreso de Augusto Pinochet a Chile tras haber sido arrestado en Londres), por el asesinato del cantante Víctor Jara. Un soldado conscripto del ejercito de Chile señalaba a un teniente, Pedro Pablo Barrientos, hoy ciudadano norteamericano que reside en Florida, como la persona que participó en la ejecución y tortura de Víctor Jara.

De Víctor Jara por supuesto sabía algo, torpe y escuetamente, de cuando era joven. Más tarde, gracias a mi trabajo en Latinoamérica, aprendí a disfrutar de su música y me encariñé de esa imagen de hombre feliz con poncho, disfrutando de su arte y su compromiso. Así que sin reflexionar mucho, me reuní con los fiscales, exploramos opciones y pronto decidimos conformar un equipo legal que, en espera de la extradición de Barrientos a Chile para enfrentarse a la justicia chilena, hiciera valer la legalidad estadounidense y ayudara a los familiares de Víctor Jara (su viuda, Joan Jara y sus hijas Amanda y Manuela), a interponer una acción civil contra Barrientos por la brutal tortura y ejecución sumaria del cantante en el estadio Chile. La demanda se interpuso en septiembre de 2013 y, tras dos años de investigación, está previsto que el juicio contra Barrientos comience en Orlando, Florida, el próximo 13 de junio de 2016.

Como es conocido, el 11 de septiembre de 1973, oficiales del ejercito chileno liderados por el general Augusto Pinochet Ugarte llevaron adelante un golpe de Estado para derrocar al presidente Salvador Allende. El golpe se desarrolló con éxito, sometiendo a Chile y al pueblo chileno a un periodo oscuro de represión, desaparición y muerte, que se prolongaría casi dos décadas. Quizá sea menos conocido es que el golpe de Estado se había intentado con anterioridad, concretamente en junio de 1973, sin éxito, y que algunos de sus responsales fueron arrestados y encarcelados.

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Durante años, historiadores, abogados, jueces, cineastas, politólogos y periodistas han contribuido a reconstruir la historia del golpe y de las 72 horas que le siguieron. Hay información e importante documentación, por ejemplo entre las colecciones de documentos desclasificados de Estados Unidos, sobre las primeras reuniones en el Ministerio de Defensa, de donde salieron las decisiones más importantes alrededor del golpe. También respecto del Palacio de la Moneda, casa presidencial sitiada por el ejército y donde más tarde se quitaría la vida el presidente Allende. Sin embargo, menos información ha habido, quizá hasta ahora, respecto de los centros de detención y de instalaciones que como el estadio Chile sirvieron de centros de detención y exterminio de las personas que se percibieron como leales a Allende y por ende enemigos del Chile que el golpe buscaba crear.

Víctor Jara trabajaba como profesor de teatro de la Universidad Técnica del Estado (UTE) cuando el golpe tuvo lugar. En esos días preparaba un concierto que acompañaría, en la sede de la UTE, a Salvador Allende en su anuncio, tras las ultimas manifestaciones, de un plebiscito. Tras escuchar noticias del golpe, se trasladó a la Universidad donde fue detenido y, junto con varias docenas de estudiantes y profesores, trasladado al estadio Chile. El estadio Chile es un lúgubre edificio de arquitectura fría e impersonal de los años sesenta en el centro de la Santiago. Para ser un estadio es pequeño, y pequeñísimo si se tiene en cuenta que se convirtió en un centro de detención donde, en los primeros dos días del golpe, se ingresó a más de 5000 personas.

Que las mentiras se iban forjando se observa cuando nunca se supo, hasta ahora, que una de las primeras órdenes del general Pinochet como general líder del golpe fue la de trasladar a los militares de las diferentes ramas del ejército arrestados por el intento de golpe de junio a custodiar el estadio Chile. El nivel de crueldad y violencia que relatan muchos de los prisioneros del estadio, hombres y mujeres, se explica en gran parte por la furia con la que estos oficiales se enfrentaban al éxito del golpe tras las sanciones impuestas por Allende. Tampoco es casualidad que de todos los cuarteles en todas las regiones del país, Pinochet diera la orden inicial de trasladarse al estadio Chile al cuartel conocido como Tejas Verdes, en la quinta region, comandado por el coronel Manuel Contreras, quien apenas días después del golpe se convertía en el cruel y creativo director de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), padre y padrino del plan Condor. A este cuartel pertenecía, como teniente, Pedro Pablo Barrientos.

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De esto y de mucho como esto nunca se supo. Pasó de ocurrir en la más absoluta clandestinidad a ser negado, y después pasó a ser mentira. Antes del regreso a de Pinochet Chile, tras su arresto en Londres, los militares chilenos no mentían, no tenían necesidad, nadie les cuestionaba, no había reclamo internacional y las víctimas, los miles de chilenos afectados por la dictadura, no importaban. Tras la apertura de los procesos de justicia, los militares en Chile empezaron, tan sistemáticamente como antes torturaron y asesinaron, a mentir, a ocultar. Hoy, a pesar de los avances, las Fuerzas Armadas insisten en un pacto de silencio que sigue sometiendo en una suerte de represión prolongada al pueblo del que presumen ser líderes y parte.

Peor aun que te ataquen, es que el atacante niegue que lo ha hecho. Primo Levi escribió en algún momento sobre la necesidad de publicar lo ocurrido en los campos de concentración, porque ocultarlo era negarlo y eso era peor aún que justificarlo. La justificación racionaliza, la negación trae desesperación y locura.

Hace algo mas de diez años empecé a trabajar y a conocer a través de voces admirables, hoy amigas, lo ocurrido en Chile después del 11 de septiembre de 1973. Desde entonces he aprendido de los esfuerzos de las víctimas, de sus abogados, jueces, fiscales que conviven con la mentira. Han pasado 42 anos desde el golpe y no ha habido en Chile ni un solo miembro del ejército, coaccionado o no, que haya tenido la gallardía y la entereza de deshacer la madeja de decisiones y actuaciones que acabaron con la vida de Víctor Jara y de tantos otros.

En medio de tanto secreto y tanta mentira, solo ha habido un grupo que ha decidido alejarse de esa cruel pacto. Una promoción relativamente pequeña de soldados, conscriptos, respondiendo a un servicio militar obligatorio y que tuvieron la mala suerte de ser la quinta que en junio de 1973 tuvo que trasladarse a Santiago para asistir el golpe. Estos soldados, hoy pescadores, contables, guardas jurado, porteros, taxistas, están por todo Chile. Ellos han decidido, individual y colectivamente, rasgar este tejido de mentiras. Gracias a sus testimonios se han identificado centros de tortura clandestinos (hoy convertidos en coquetos pisos en el centro de Chile), oficiales involucrados cuyos nombres se desconocían hasta ahora, y algo de la lógica de esas noches lúgubres en los primeros días tras el golpe militar. Uno de esos soldados, no se si por valentía o si por frustración, fue el soldado que decidió identificar a Pedro Barrientos como el autor del disparo que mató a Victor Jara. En el transcurso de la investigación, Jose Paredes, que así se llama el soldado, ha cambiado en varias ocasiones su testimonio. No se si tiene miedo, si ha sido intimidado, sin mintió originalmente. Lo que si sé es que estos soldados están solos, son los únicos que han dicho algo de la verdad, sin apoyo, sin reconocimiento, sin ayuda, y hoy están hartos. El pasado julio, en un esfuerzo de reconstruir lo ocurrido en el estadio Chile y a Víctor Jara, me entrevisté con 21 de estos soldados en diferentes localidades de Chile. Allí sentí, de nuevo, como lo sentía cuando escuchaba atentamente las historias de la guerra civil y la dictadura de boca de mis abuelos, el peso y el precio de construir una sociedad a partir de la exclusión y la mentira.

Joan Jara y sus hijas, como tantos otros en Chile, España, Colombia, Sri Lanka, Ecuador, Guatemala, llevan años intentando deshacer una madeja de mentiras, para ellos, sus familias y para sus países. La objetividad que a ellos les ha generado el sufrimiento la han puesto al servicio de la lucha por la verdad y la justicia, único modo a mi parecer, de reconstruir verdaderamente un país y de procurar lo mejor para su gente. En junio iremos a juicio e intentaremos ampliar algo de esa verdad sobre el asesinato de Víctor Jara y lo ocurrido en el estadio. Si hay justicia, Pedro Pablo Barrientos sera extraditado a Chile donde se enfrentará a su gente. Su presencia allí retará a quienes pretenden mantener el poder a través de la mentira…

Y cerrando con una nota más personal, el próximo domingo habrá elecciones generales que, se logre inmediatamente o no, vaticinan por primera vez desde la transición una transformación para España. El reto, como en Chile, es no anhelar o perpetuar el poder a partir de la mentira, sino atreverse a construir una sociedad inclusiva que esta vez si la supere.

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3 pensamientos en “Secretos y mentiras. El caso Víctor Jara

  1. Almudena: soy Luis un periodista y escritor de Barcelona, casado con una mujer latinoamericana y muy interesado en la actualidad de ese continente. Te escribo para saludarte y para felicitarte por el trabajo que haces: personas como tú hacen grande este país para el que -yo también- pido un cambio.

    Víctor Jara forma parte de mi desde mi adolescencia. He tenido la suerte de escribir algunos libros y algún día me gustaría escribir algo -ya veremos desde qué perspectiva- sobre V.J.

    Seguiré de cerca tu trabajo. Suerte y ánimos!

  2. Solo es para darte las gracias por dar luz, en esa oscuridad tan grande y profunda y tan negra como fue el golpe militar de Chile,y sobre Victor Jara, que voy a decir si acune a mis hijos con sus canciones.Muchas gracias ojala hubiese muchos como tu.

  3. Querida Almu,

    Muchas gracias por compartir tu artículo.

    Ha sido un honor y un precioso desafío trabajar contigo, con Ilan, Nelson y Rodrigo y todo quienes integran vuestro equipo, el caso de nuestro eterno y universal Víctor, tanto en Chile como en EEUU.

    “Vamos por ancho camino” -como dice el título de la canción de Víctor- y espero que en España también.

    Un abrazo y fuerza, amiga!

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