Blasfemar en el siglo XXI: un pecado constitucionalmente inadmisible

Ana Valero

Hace unas semanas se produjo la imputación de varios representantes de CGT Andalucía por llevar en procesión el llamado “coño insumiso”, como consecuencia de la querella interpuesta por la Asociación de Abogados Cristianos. La misma asociación que ha interpuesto otra querella contra el artista Abel Azcona por su exposición titulada Desenterrados, en la que se exhiben 242 hostias consagradas para formar la palabra pederastia. La Delegación de Gobierno de Navarra, ha trasladado al Ministerio Fiscal un informe para que estudie si la obra incurre en el delito previsto en el artículo 525 del Código Penal, el mismo en el que se fundamentaron las causas emprendidas en su día contra el cantante Javier Krahe y el cómico Leo Bassi, y que tipifica el escarnio de los dogmas, creencias, ritos o ceremonias de una confesión religiosa para ofender los sentimientos de sus miembros.

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Estados Unidos fue el primer Estado occidental en expulsar el delito de blasfemia del ordenamiento jurídico, y lo hizo a través de una importante Sentencia de su Corte Suprema, presidida por el Juez liberal Warren, en el Caso Joseph Burstyn Inc. c. Wilson. En ella se enjuiciaba si la prohibición impuesta por el Estado de Nueva York a la exhibición de la película de Roberto Rossellini, “El Milagro”, vulneraba o no la Primera Enmienda de la Constitución. Película en la que se mostraba a una mujer joven desquiciada, que mientras cuidaba un rebaño de cabras, confundía a un extraño paseante con San José, que la emborrachaba con vino y la dejaba embarazada. El Estado de Nueva York prohibió la exhibición del film por considerar que su contenido era sacrílego, amparándose en una Ley del Estado sobre educación. Y la Corte Suprema sostuvo que la película en cuestión era una manifestación de la libertad artística, estando ésta protegida por la Primera Enmienda, y no pudiendo la cosmovisión religiosa de determinadas personas ser tenida en cuenta por el Estado para limitarla.

Sin embargo, en Europa, los tipos penales que tipifican la blasfemia y la ofensa contra los sentimientos religiosos estuvieron vigentes en gran parte de sus Estados durante todo el siglo XX y aún perviven en algunos de ellos. Así, la Asamblea del Consejo de Europa pidió en 2006 a uno de sus órganos consultivos, la llamada Comisión de Venecia, que preparara un informe sobre la legislación nacional en Europa sobre la blasfemia, los insultos de naturaleza religiosa y la incitación al odio religioso, y en octubre de 2008, ésta publicó un extenso documento a partir de los resultados de una larga encuesta enviada previamente a cada país de la Organización internacional. Al analizar la presencia de los tipos penales en los distintos países, se constata que la blasfemia –insulto a la religión- sigue siendo delito únicamente en una minoría de Estados (Austria, Dinamarca, Finlandia, Grecia, Italia, Liechtenstein, Países Bajos y San Marino), mientras que el tipo penal referente al insulto a los sentimientos religiosos está presente en la mitad de los países miembros (Andorra, Chipre, Croacia, Chequia, Dinamarca, España, Finlandia, Alemania, Grecia, Islandia, Italia, Lituania, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Rusia, Eslovaquia, Turquía y Ucrania). En cambio, en todos los países del Consejo de Europa, excepto en Andorra y San Marino, se considera que la incitación al odio contra las personas y comunidades es una acción criminal.

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Pues bien, las presiones realizadas por algunos países árabes encabezados por Pakistán ante las Naciones Unidas, como consecuencia de la publicación de las viñetas de Mahoma en el periódico danés Jyllands-Poste, consiguieron que, desde 2006 hasta 2011, sus órganos aprobasen, con la oposición de los países occidentales, principalmente Estados Unidos, varias Resoluciones consecutivas sobre la Difamación de las Religiones, que instaban a los Estados a que introdujesen en sus Códigos penales nuevamente tipos penales dedicados a las ofensas de los sentimientos religiosos. En este contexto, también desde la academia europea, han surgido voces que parecen defender la necesidad de que en sociedades multiculturales como las actuales, es necesario proteger las creencias religiosas para garantizar la convivencia y la paz social.

Desde mi punto de vista, sin embargo, la tipificación de la ofensa a los sentimientos religiosos es, a todas luces, incompatible con el principio de laicidad del Estado y con el derecho a la libertad de expresión en un Estado Constitucional liberal. Y ello porque, en la medida en que el principio de laicidad exige que el Estado no valore positivamente el “hecho religioso” en sí mismo considerado, sino sólo el ejercicio del derecho fundamental de libertad religiosa de sus ciudadanos, la tutela penal del sentimiento religioso es constitucionalmente inadmisible.

Pero es que, además, desde la perspectiva del derecho a la libertad de expresión, la Recomendación 1805 del Consejo de Europa, del año 2007, sostuvo, respecto a los insultos contra los sentimientos religiosos, que las confesiones religiosas deben tolerar las afirmaciones críticas públicas y el debate sobre sus actividades, enseñanzas y creencias siempre que tal crítica no promueva insultos gratuitos e intencionales o la incitación al odio, la violencia o la discriminación contra los fieles de una religión.

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Por lo que cabe plantearse ¿qué son insultos gratuitos contra los sentimientos religiosos? ¿Cuándo podemos decir que tales insultos quedan fuera del ámbito de protección de la libertad de expresión?

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha señalado en distintas sentencias  que lo serían aquellas “expresiones que sean gratuitamente ofensivas para otros” y que “no contribuyan de ninguna forma a un debate capaz de hacer progresar a la humanidad”, pues éstas son las que quedarían fuera del ámbito de protección de la libertad de expresión. Por el contrario, sí quedarían protegidas por el derecho las expresiones provocativas aunque sean disgustosas para los sentimientos religiosos de terceros que contribuyen al debate público.

Ante ello debemos preguntarnos ¿son las portadas de la Revista satírica Charlie Hebdo constitutivas de la primera o de la segunda categoría?, y ¿la procesión del “coño insumiso? ¿ofenden a los sentimientos católicos la exposición del artista Abel Azcona?

Es evidente que las opiniones pueden ser múltiples, pues hay quien, como yo, creerá que la libertad artística, en cualquiera de sus manifestaciones, es pilar indiscutible de una opinión pública libre y, por ende, de una sociedad democrática, y quienes, por el contrario, considerarán que algunas de tales manifestaciones no hacen más que causar una provocación gratuita y en nada constructiva.

El Papas Fritas. leo bassi

Por ello mi interés va un paso más allá. Y en este sentido me planteo si, aún tratándose de manifestaciones de la libertad de expresión que en nada contribuyan al desarrollo de la capacidad crítica de los ciudadanos en el debate público, deben éstas primar frente al deseo de quienes, por profesar creencias religiosas, reclaman que éstas estén blindadas por el Derecho. Y mi opinión sigue siendo rotundamente afirmativa, aun siendo consciente de que con ello contradigo la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Y ello porque, como señalé en el post, “Charlie es libertad de expresión, no incitación al odio”, desde mi punto de vista las expresiones ofensivas, sean éstas o no artísticas, sólo deben ser castigadas penalmente cuando incitan al odio contra determinados grupos o comunidades, sean éstos o no religiosos.

En esto la Asamblea del Consejo de Europa es categórica: el hate speech, sea por motivos religiosos o de otra índole, debe ser penado por ley. Y declara: “para que pueda hablarse de hate speech hace falta que se dirija contra una persona o un grupo específico de personas. La ley nacional debería penalizar las declaraciones que busquen que una persona o grupo de personas sean sometidos a odio, discriminación o violencia por motivo de su religión”.

La libertad de expresión sólo puede ser limitada cuando pretenda ser empleada para apelar directamente al odio hacia un determinado grupo o comunidad de personas en virtud de un determinado rasgo identitario, como puede ser el religioso, pero no para proteger las creencias frente a la crítica satírica, artística o de cualquier otra índole, pues la salud de la democracia está en juego.

6 pensamientos en “Blasfemar en el siglo XXI: un pecado constitucionalmente inadmisible

  1. Porque si cedemos al espurio respeto a las creencias, primero dejaremos de publicar viñetas porque ofenden a algún creyente, luego deberemos vestir a nuestras hijas, madres o esposas con un saco negro porque su presencia provoca al piadoso pervertido, después habrá que acudir puntual y obligatoriamente a la mezquita, pagoda, templo o iglesia que se nos asigne porque nuestra ausencia siempre insultará a algún fervoroso acólito y al final se acaba viviendo en el Afganistán o el Irán de los ayatolas, en el Tíbet de los opresores lamas del siglo XX o en la Europa del Medievo.

    Así que, o nos podemos a blasfemar con más energía o acabaremos viviendo en una pesadilla en donde el increíble batiburrillo de creyentes nos impongan sus absurdas y dementes ideas, con el resultado final de dejar de ser ciudadanos del siglo XXI para volver a ser humillados vasallos del siglo IX. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2011/10/feliz-dia-de-la-blasfemia.html

  2. Siempre me he preguntado como puede ser que se consideren ciertas manifestaciones como blasfemias u ofensas personales contra quien piensa o diente diferente.
    Desde ese punto de vista yo, que no soy creyente en absoluto, me siento ofendido cuando veo a ciertos hombres y/o mujeres vestidos con el habito talar, en una clara manifestación de su idosincrasia. También me siento ofendido cuando veo alguna procesión por la calle. No digamos ya cuando leo o escucho algunas manifestaciones de la jerarquía eclesiástica. Y no lo digo por hacer un juego de parodias, sino que me sucede realmente.
    Sin embargo nunca se me ocurriría presentar denuncias por sentirme ofendido.
    Cuando barajamos conceptos tan etéreos y personales sobre lo que nos disgusta, irrita o se nos hace intolerable, poner la interpretación de tales conceptos en manos de terceros que nos puedan castigar, me parece como mínimo peligrosísimo.
    Hoy en día, cotidianamente aparecen noticias sobre posibles ofendidos par tales o cuales manifestaciones. Llegará un día en que tendremos que ser ciegos, mudos y sordos.

  3. Totalmente de acuerdo Ana , con tu artículo.
    Europa laica ha denunciado siempre que exista el delito de blasfemia .
    Lo hemos hecho en el Parlamento español , en Bruselas y a través de nuestro Observatorio de la Laicidad.
    El artículo 525 tiene que salir de la Constitución. Es el momento de reformar la llamada Carta Magna ya que hay artículos de la Constitución antidemocráticos y otros sencillamente perversos que dicen una cosa y la contraria como el 16 referente a la importancia y reconocimiento de la religión católica.
    RAQUEL ORTIZ
    VALENCIA LAICA – EUROPA LAICA

  4. Hola,
    Tu post está muy bien documentado, pero tiene una omisión muy importante.

    La última semana del mes de abril de 2013 nos ha dado un respiro, un soplo de aire fresco: El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha emitido un nuevo comentario sobre libertad de expresión y opinión, se trata de un documento vinculante: el Documento Nº 34.

    (¿Que significa que sea vinculante? Significa que todas las naciones que han ratificado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, como lo han hecho España y Francia y UE en su totalidad lo han de respetar por encima de sus propias Constituciones, porque las mismas Constitucioes dicen que se subordinan al Pacto.)

    El Documento Nº 34 del Comité de Derechos Humanos es el fruto de dos años de debates entre los representantes de los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales de la sociedad civil y contiene una detallada declaración de 52 párrafos.

    Dictamina en temas como la difamación de jefes de Estado, la traición a la patria, las leyes de la memoria histórica y los derechos de los bloggers, pero sobre todo, el Comentario 34 está en contra de cualquier limitación sobre la libertad de expresión por motivos religiosos.

    Afirma que el derecho a la libertad de expresión es fundamental para una sociedad libre y democrática y también para la protección y promoción de los derechos de los demás y también realiza un reconocimiento explícito de los valores de la libertad de conciencia y la igualdad ante la ley.

    El Documento Nº 34, en su párrafo 48 dice que: las leyes que restringen la blasfemia, como tal, son incompatibles con las normas universales de derechos humanos.

    El párrafo 52 dice, resumiendo, que:
    “Las prohibiciones de muestras de falta de respeto a una religión o sistema de creencias, incluyendo las leyes de blasfemia, son incompatibles con el Pacto, salvo en los casos específicos previstos en el artículo 20, párrafo 2, del Pacto”.

    (El artículo 20, apartado 2, pide a los Estados a prohibir “toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia”).

    ElGeneral Coment 34 toma la postura de la Unión Internacional de Ética y Humanística que asume que las controversias sobre la blasfemia no se dan únicamente como conflictos entre “libertad de expresión” y fe, sino que también de dan enfrentamientos entre las distintas religiones o pretensiones de conciencia.

    Queda claro que blasfemar no puede ser considerado un insulto personal ni colectivo.

    Quedo claro que la blasfemia es un derecho de las personas.

    No lo digo yo, ni lo decimos nosotros pobres mortales.
    Lo dicen 18 sabios independientes entre los cuales hay personas de la mayoria de los credos y tambien agnósticos y ateos y lo adopto la ONU en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

    Solo resta confirmar si se puede recurrir una “condena” por blasfemia en Europa amparándose en el General Comment 34.

    Quien lo quiera leer, aquí lo tiene:
    http://www2.ohchr.org/english/bodies/hrc/docs/GC34.pdf

  5. Philip Jenkins es un prestigioso criminologo, hitoriador y estudioso de la religión americana, es interesante su opinión de que hasta que punto la blasfemia es un ejercicio legitimo de la libertad de expresión : “«Los católicos y el catolicismo son el objetivo final de una gran parte de las críticas sorprendentes de los Estados Unidos de hoy», arguye. Más que el número de asombrosos ataques, lo que resulta más sorprendente son las corrientes mediáticas que minimizan hasta las más violentas acciones anticatólicas, observa Jenkins. Actos parecidos cometidos contra otros grupos habrían recibido mucha más publicidad y hubieran sido criticados como «crímenes odiosos».

    En las últimas décadas una mayor sensibilidad cultural ha llevado al abandono de estereotipos sociales sobre grupos étnicos o religiosos. Actualmente, una calumnia antisemita o misógina puede destruir rápidamente una carrera pública. La «única excepción relevante a esta regla» es denigrar a la Iglesia católica.

    Por ejemplo, se busca desalentar en las escuelas y universidades las pequeñas representaciones que implican seudo ataques del Ku Klux Klan contra personas de color o contra musulmanes. Por el contrario, se toleran abiertamente las sátiras que ridiculizan a los sacerdotes, al Papa o a la Eucaristía.

    La comparación entre las manifestaciones anticatólicas y otros prejuicios revela una diferencia determinante, observa Jenkins. Los ataques contra judíos o personas de color se dirigen generalmente contra una persona o una comunidad, mientras que con frecuencia en el caso de los católicos el objetivo es la institución de la Iglesia. Ahora bien, suele ser una justificación débil decir que un ataque contra una institución no constituye intolerancia. «La institución de la Iglesia es fundamental para la religión católica», explica Jenkins. Las actitudes contra la Iglesia conducen al desprecio por los católicos, quienes –siguiendo este razonamiento– deben ser débiles y serviles.” http://es.catholic.net/op/articulos/12490/cat/554/el-nuevo-anticatolicismo-en-estados-unidos.html

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