RTVE: La hora de los políticos

Los trabajadores de Informativos de TVE han protagonizado este jueves la repulsa pública a la deriva negativa de la radio y televisión pública estatal. En el escrito del Consejo de Informativos se pide la destitución del actual presidente de RTVE y la regeneración ética de unos medios que, en tan solo cuatro años, han logrado que los ciudadanos, legítimos dueños de lo público, los observen como ajenos y despreciables. La declaración es, tan solo, la última de una serie de iniciativas de denuncia ante la evidente servidumbre al gobierno del PP, que se ha traducido, a más de una fuerte bajada de audiencia, en una pérdida de credibilidad: entre 2012 y 2016 ha dejado de ser el medio de referencia, para convertirse en la tercera opción y marcar, mes a mes (con contadas excepciones), mínimos históricos. Una realidad que no han dejado de señalar los representantes sindicales del colectivo, que han contemplado como, a pesar de sus protestas, el gobierno de Mariano Rajoy disminuía año a año el presupuesto llevando a la corporación al borde de la quiebra.

No obstante, ha sido la información el terreno que ha marcado la diferencia. Conviene aclarar que TVE, desde su fundación, hace casi sesenta años, ha estado de manera habitual al servicio de los sucesivos gobiernos, que la han usado como instrumento de propaganda. Lo ha sido con los de la dictadura, con UCD, con el PSOE y con el PP; tan solo, a partir de 2004-2005, se iniciaba una etapa de independencia profesional, con la dirección de Fran Llorente, impulsada por Rodríguez Zapatero a pesar de las reticencias de buena parte de su compañeros de partido y gobierno. Fueron esos casi ocho años de pluralismo en los Informativos, los que mostraron a los ciudadanos que desde un medio público se podía -y se debía- hacer telediarios que contaran la verdad, con errores y defectos casi inevitables, pero dominados por criterios periodísticos al margen de presiones económicas y políticas.

Fue precisamente esa etapa -llena de premios internacionales, pero, sobre todo, aplaudida por los espectadores- la que ha permitido mostrar con toda crudeza la obscena manipulación promovida por la dirección impuesta en solitario por el Partido Popular. Ha sido precisamente esa etapa la que ha provocado de pantalla hacia fuera la pérdida de credibilidad de TVE, y la que, en el seno de la redacción y de todo el colectivo involucrado en los Informativos, ha movilizado las denuncias contra las continuadas malas prácticas informativas.

A la cabeza de los reproches a la dirección se han situado desde el principio los sucesivos Consejos de Informativos. Elegidos por el conjunto de trabajadores que intervienen en la emisión, se han convertido durante esta etapa en el organismo fundamental para señalar los incumplimientos de los principios de pluralismo, veracidad e independencia profesional que consagra el Estatuto. Lejos de la crítica destructiva, sus acciones se han centrado siempre en la defensa de unos Informativos profesionales e independientes. Para ello han buscado en primera instancia, y en cada ocasión, el dialogo con la dirección, han explicado el fundamento de sus criterios, y han conseguido en múltiples oportunidades paliar manipulaciones, censuras y omisiones. Pero no ha sido suficiente en muchas otras, que han abocado a las sucesivas denuncias ante la opinión pública, organizaciones profesionales, y representantes políticos.

Me consta que han vivido -que viven- una situación ingrata: puestos en la picota por los portavoces del PP, acusados de pertenencia a una u otra ideología, recriminados por “poner en peligro a la propia empresa”, sometidos a continua desconfianza del equipo de dirección, y ninguneados -hasta en sede parlamentaria- por el propio presidente de la Corporación. A su lado, eso sí, han contado con la mayor parte de sus compañeros, que han protagonizado actos de apoyo y reivindicación de manera continuada, que han votado -como este mismo jueves- de manera prácticamente unánime cada una de las iniciativas que, en el fondo, partían antes del colectivo que del propio Consejo.

Tanto los ciudadanos-espectadores, con su repulsa explicita, como los órganos de representación, con sus denuncias,  han cumplido los deberes. Ha llegado, por tanto, la hora de los políticos. Son los diputados y senadores elegidos en diciembre, y el gobierno que se pueda conformar, quienes tienen ahora la responsabilidad de salvar RTVE como medio público de comunicación al servicio de la sociedad. La mayor parte de ellos firmaron antes de acudir a las urnas un compromiso en ese sentido; alguno, incluso, ha presentado ya iniciativas para la vuelta al consenso como método que salvaguarde la independencia profesional en RTVE; esperemos que más pronto que tarde, todos coincidan en rescatar a la corporación de esta negra etapa. Pero, antes de iniciar el proceso que culmine los solicitados cambios legislativos, el actual e insoportable deterioro exige una medida urgente: eliminar de la cúpula de los medios públicos a quienes les han puesto al servicio exclusivo del PP. Tras los resultados electorales, y por higiene democrática, deben ser inmediatamente destituidos. Esa es ahora la responsabilidad de los políticos: devolver a la ciudadanía una RTVE libre de quienes la han tenido secuestrada.

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