La razón de Estado y los derechos humanos. ¿Un Ministerio de derechos humanos?

Javier de Lucas

Entre las ideas interesantes que se encuentran en los diferentes documentos presentados por los partidos políticos a propósito de las negociaciones para investidura y/o Gobierno en estas semanas, una de las que apenas ha recibido atención es la formulada por Podemos, la propuesta de crear una Secretaría de Estado de derechos humanos.

En la estructura actual de la Administración central del Estado no existe tal cosa (si dejamos aparte el Defensor del Pueblo, porque su naturaleza es muy diferente, comenzando por el hecho de que es Comisionado de las Cortes generales y, por tanto, independiente del Ejecutivo). Sí hay departamentos de menor rango, con competencias específicas y limitadas. Por ejemplo, durante mucho tiempo existió la oficina de derechos humanos en el Ministerio de Asuntos Exteriores, transformada por un Decreto de 9 de enero de 2015 del Gobierno Rajoy que creó la Dirección general de Naciones Unidas y derechos humanos. Con todo, conviene tener en cuenta el propósito con el que tomó esta iniciativa, en el que parece decisivo el contexto político, esto es, medidas que acompañaran al papel que alcanzaba España al ser elegida miembro del Consejo de Seguridad en ese período.

1. Bergmann-Pool : Getty - Merkel BahreinDurante el segundo mandato del Gobierno ZP, se creó dentro de la Secretaría de Estado de Relaciones con las Cortes (en el marco del Ministerio de Presidencia que encabezaba la Sra Fernández de la Vega), pero con vocación transversal, es decir, ministerial, y cumpliendo un mandato de la ONU, el I Plan de Derechos Humanos, dotado de una Comisión de seguimiento de la que formaban parte expertos independientes. Lamentablemente, la responsable de esto (y de casi todo) en el Gobierno Rajoy, la Sra Saénz de Santamaría, dejó de lado el II Plan, como tuvo ocasión de explicar públicamente un querido colega, el profesor Fernando Rey, coordinador de los expertos elegidos a esos efectos.

La idea, en todo caso, parece oportuna e incluso necesaria. La importancia de contar con un departamento de alto nivel y con competencias transversales, que coordine y supervise las políticas públicas del Ejecutivo que tocan –¿y cuándo no?- aspectos relativos a los derechos humanos, es evidente. Otra cosa es lo que nos dice la experiencia, que habla y mucho, de las dificultades de una empresa semejante.

A este respecto me parece significativo el episodio al que pude asistir como testigo durante mi trabajo en Paris, el que protagonizaron nada menos que, de un lado, Bernanrd Kouchner, the french doctor, fundador de MSF MdM y la activista Rama Yade, de otro, durante el mandato presidencial de Nicolas Sarkozy. La estrategia de éste, como se recordará, consistió en incorporar a Departamentos ministeriales del área de acción social y humanitaria a nombres muy relevantes, procedentes de ONG. Dejo de lado, por ejemplo, cómo afectó el paso de sus líderes por carteras de Gobierno a movimientos sociales de denuncia como en el caso de Fadela Amara (Ni putas ni sumisas), o a ONG como en el caso de Martin Hirsch (proveniente de Los traperos de Emaús). Creo que puede decirse que el resultado fue desastroso para todos, menos para el propio Sarkozy, que consiguió lo que buscaba: efecto mediático inicial y a corto plazo, ni siquiera a medio, la desarticulación de centros de oposición ciudadana. Pero la historia de Kouchner y Yade es aún más ilustrativa.

3. MICHEL EULER (AP) - Sarkozy Gadafi

La elección de Kouchner parecía una jugada maestra. De pasado incontestable, el médico humanista era también un personaje de gran ambición política. Ocupar el Quai d’Orsay, ser nada menos que Ministro de Exteriores de Francia, era una proposición irrechazable. Kouchner, en otro movimiento brillante, creó una Secretaría de Estado de derechos humanos en su Ministerio y puso al frente a la brillante Rama Yade. Durante 18 meses, todo parecía dar la razón a la apuesta. Pero precisamente en vísperas del 60 aniversario de la Declaración de derechos humanos de la ONU, el 10 de diciembre 2008, la jugada saltó por los aires, con unas explosivas declaraciones del ministro sobre el fundamento y oportunidad de la secretaria de Estado de derechos humanos, aunque todo el mundo entendió que se trataba también de segar la carrera de Yade. Lo que había empezado como una propuesta interesante e innovadora, se reveló a la postre como envenenada, si no pura y simplemente indecente. Veamos.

El 9 de diciembre, Kouchner sorprendió, como decía, con unas declaraciones al diario Le Parisien-Aujourd’hui en las que reconocía el “error” de haber creado de una Secretaría de Estado de Derechos Humanos:

“Hay una contradicción permanente entre los derechos humanos y la política exterior de un Estado, incluso en Francia…puede ser una contradicción fecunda, pero ¿acaso era realmente necesario dar un carácter gubernamental a los derechos del hombre creando una Secretaría de Estado? No lo creo, y ha sido por mi parte un error el haberla propuesto a Nicolas Sarkozy”.

Y concluía:

“No se puede dirigir la política exterior de un país solamente en función de los derechos humanos. Dirigir un país obliga ciertamente a alejarse de un cierto angelismo.

2. Mark Wilson:Getty Images - Obama

De nada valió que Rama Yade presentara los resultados que había puesto en pie en ese período, en una entrevista que apareció el día siguiente en el diario Metro, en la que insistía en sus iniciativas ante la UE y a ONU para mantener el papel de Francia como la potencia líder que impulsa los derechos humanos en el mundo. La Secretaría de Estado fue borrada del mapa.

La moraleja del caso es evidente: el propósito de esta iniciativa, en el caso francés, no era luchar institucionalmente por los derechos humanos, sino adquirir y mantener poder. Por eso, lo que pesó en su desaparición fue la actitud poco obediente de Rama Yade respecto a los designios tácticos de Sarkozy y de su leal ministro Kouchner. Y es que Rama Yade, cuya ambición política, insisto, era no menor que la de Kouchner, se negó a jugar el papel de eurodiputada, como El Elíseo quería, para aprovechar su tirón popular en esa convocatoria electoral. Aún más, Yade desairó a Sarkozy y Kouchner cuando estos desplegaron tapis rouge con toda la pompa y esplendor para recibir a… Gadafi. Eso sí, en el desaire se unió a Yade nada menos que Carla Bruni, que no tenía el estómago listo para hacer el papel de anfitriona del histriónico y machista líder libio. Eso fue pocos meses antes de emprender una cruzada contra éste, también por motivos tan nobles como las pocas expectativas de Sarkozy ante las inminentes elecciones presidenciales, esto es, por razones de alta política, de la política en serio. Fue, por cierto, un tan perenne como megalómano nuevo filósofo, quien le aconsejó la jugada maestra de “liberar Libia” para remontar en las expectativas (con notable éxito para Sarkozy y para Libia, como se recordará, pero este es otro asunto).

La lucha por los derechos humanos es una tarea política prioritaria. Incluso la tarea que da sentido a la política. La independencia en esa lucha es condición primordial. Por eso, los agentes primordiales son los propios ciudadanos, la sociedad civil que se organiza en ONG y las asociaciones y movimientos al servicio de esta causa. ¿Puede mantener la necesaria independencia un departamento que asume semejante tarea dentro del Ejecutivo?

 gadafi con todos final

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