Simpatía por el diablo en Cuba

El dios bicéfalo apellidado Castro se cae del pedestal sin remedio, que la decadencia nos llega a todos, incluso a los regímenes con vocación de perpetuarse. Y los tiburones financieros norteamericanos afilan sus garras para llenar El Malecón de McDonald’s o Starbucks.

De momento, es ya la cadena hotelera de lujo Starwood la que ha anunciado su desembarco en La Habana. Lo hizo pocos días antes de la estética visita de Obama, incapaz de concretar cuándo terminará el embargo (sic).

El show no ha hecho más que comenzar, y The Rolling Stones se suman al deshielo con un multitudinario concierto en la Ciudad Deportiva. Tal vez con ansias de recuperar su alma en manos de Satanás, aunque hoy sean unos abuelitos muy profesionales pero totalmente stablishment.

Si ver a Jagger, Richards, Wood y Watts en pleno 2016 se convierte en símbolo de apertura y libertad, es porque la izquierda europea lleva décadas equivocándose al mitificar el sistema cubano: una dictadura pura y dura que nunca ha tenido nada de idílica. Que se lo pregunten, si no, a los presos políticos hacinados en las cárceles durante años, aunque Raúl Castro se atreva a negarlo.

El rock and roll, como el jazz, no conoce fronteras estilísticas, pero el gran tabú actual en la isla no es otro que el limitadísimo acceso a internet. Los jóvenes respondones sintonizaban en los 60 y 70 las radios piratas de Estados Unidos para poder escuchar a Led Zeppelin o a The Doors, para soñar con una utópica importación de la revolución hippie.

Es lo que tiene prohibir el rock como música subversiva propia de la degeneración de Occidente, como si el castrismo no hubiera nacido degenerado y restrictivo. Cuánta impostura en aras del supuesto bien común, que sólo escondía férreo control y alergia a la pluralidad.

Los habaneros de a pie pierden hoy la cabeza por cantar Honky tonk woman, Angie, She’s so cold, Miss you, Emotional rescue y, sobre todo, Sympathy for the devil. El maná de la vieja música moderna en un país que busca viajar en el tiempo.

Y todo cuando la Saatchi Gallery de Londres se frota las manos ante el aluvión de fans desde el 5 de abril para ver Exhibitionism:The Rolling Stones, cuyo contenido ha desvelado en exclusiva a la influyente revista Newsweek el comisario, Ileen Gallagher.

 

 

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