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Es necesario y urgente la separación de poderes

Elías Llamazares de la Puente Publicada 28/06/2013 a las 21:00 Actualizada 28/06/2013 a las 21:51    
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Si usted lector busca un artículo lleno de citas de grandes pensadores y de un alto nivel filosófico-político, no siga. Mi planteamiento y mis intenciones son otras, muy a nivel práctico. Si sigue leyendo las descubrirá.


Primero le diré que detrás de mí no hay nadie, es decir no pertenezco a ningún partido político, grupo de presión… Soy simplemente un ciudadano interesado en aportar unas ideas para mejorar nuestra democracia.


Cuando en el año 1978 leí en la Constitución Española: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado” me llevé una gran alegría. Ahora que la he vuelto a leer me ha producido tristeza. Quizás piense como yo que la realidad es muy otra, que nos han engañado y que nos seguirán engañando si no somos conscientes de que tenemos que actuar contra los que se saltan este artículo.


El deterioro del sistema es evidente. Ni la soberanía nacional la tiene el pueblo ni mucho menos de él emanan los poderes del Estado. Se nos permite votar cada cuatro años y gracias.


Los poderes del Estado están en otras manos, consecuentemente nuestra democracia es falsa. Si esto es inaceptable mucho más lo es el que la hayan convertido en injusta, ineficaz, obsoleta y seguro que usted podría añadir más calificativos, probablemente ninguno bueno.


Es necesario y urgente la mejora del actual sistema democrático, empezando por la Constitución y la Ley Electoral. No debemos dejarnos engañar por reformas más aparentes que reales. El cambio debe ser profundo y debemos empezar a trabajar ya y sin miedo.


Nada se escapa al paso de los tiempos: ni los conservadores, ni los miedosos, ni lo vagos van a poder impedir que nuestra democracia evolucione. Hagamos un flashback y retrocedamos unos años atrás, situándonos por ejemplo en torno al año 1800, cuando reinaba en España Carlos IV. Probablemente muchos de los españoles de entonces pensarían que no había otra forma de gobierno posible. Nosotros no podemos ahora caer en el mismo error y creer que solo es posible el actual sistema democrático. Insisto, nada se escapa a la ley de la evolución. Ahora hagamos una elipsis situándonos en el año 2200. Nadie sabe cómo será entonces el sistema de gobierno, ni hacia dónde se producirá la evolución. A lo mejor no se parece en nada al actual. Pienso, y deseo, que será un sistema democrático más perfeccionado.


Naturalmente la experiencia de estos años debe marcarnos el camino a seguir. No vamos a perder el tiempo en hacer un listado de los problemas que esta democracia ha creado al pueblo español, pues están en la mente de todos. Vayamos a las causas.


No veo posible una libertad política y una democracia real sin una separación verdadera de los poderes clásicos: legislativo, judicial y ejecutivo. Si bien esta separación la considero necesaria, no es suficiente. Hay que mejorar también, y mucho, la participación ciudadana.


Los poderes legislativo, judicial y ejecutivo más la participación ciudadana son las cuatro raíces de el árbol democrático. Solo si conseguimos fortalecerlas el árbol crecerá sano, la democracia del futuro será real, eficaz y justa.


Usted lector podría estar de acuerdo conmigo en que la separación de poderes solo se conseguirá con la votación del pueblo español a los tres poderes de manera independientemente. Cada español tres votos.


Consecuentemente pienso que en unas elecciones  generales debería haber tres urnas: una para el poder legislativo donde el ciudadano votara al partido político más afín a su ideología. Entiendo que es donde los partidos políticos deben desarrollar su importante actividad; por ello, las listas deberían estar formadas solo por miembros de los partidos políticos. Otra urna para el poder judicial, con listas solo integradas por profesionales de la justicia. Y una tercera urna para el poder ejecutivo, es decir con la responsabilidad de la labor de gobierno, con listas solo formadas por profesionales de la gestión. Naturalmente no debe haber ningún tipo de relación entre los equipos que se presenten a los distintos poderes.


Insisto en la condición de que las distintas personas que acepten tomar responsabilidades en cualquiera de los tres poderes, deberían tener un currículo adecuado a las responsabilidades a desempeñar, es decir que aportarían la formación y experiencia adecuadas. La complejidad de la actividad política no se escapa a la exigencia de una especialización profesional cada vez mayor, es una consecuencia de los tiempos actuales.


Entremos ahora en cada una de las raíces del árbol democrático con un poco más de detalle.

Poder legislativo 


La Constitución da un papel de protagonismo principal a los partidos políticos y estos han sometido al resto del sistema democrático. Así muchas instituciones gubernamentales se han olvidado del pueblo pero no de los partidos políticos pues se han puesto a su servicio. Los partidos políticos se han apoderado de nuestra democracia, y los resultados todos los conocemos. Quiero hacer notar que ya se habla y escribe sobre una democracia aletargada, de un shock democrático, de una democracia falsa y muchos nos preguntamos para qué ir a votar.


La práctica de estos años nos ha demostrado que la gobernabilidad del estado está muy influenciada por otros poderes, como pueden ser los poderes económicos y religiosos. Siempre será más difícil presionar a tres poderes independientes (legislativo, judicial y ejecutivo) que a uno solo. Basar la democracia únicamente en los partidos políticos es un grave error.


No es de extrañar que la ciudadanía grite: “Que se vayan todos”. En las encuestas sobre en quién confían los españoles, los últimos son los políticos y los penúltimos los partidos políticos. La evaluación empeora cuando se pregunta cuál es el principal problema que hay actualmente en España: después del paro y de la economía están lo políticos y sus partidos. Han pasado a ser un problema y no una solución. Usted lector ¿ha oído o leído alguna disculpa por su parte?, yo no.


Los partidos políticos se fundan en base a una ideología social y cuando se presentan a las elecciones es para ponerla en práctica con dos herramientas: dictar leyes y hacer los presupuestos del Estado. Es decir, las funciones propias del Congreso. Entiendo que tomar responsabilidades fuera del Congreso no les corresponde. Y no hay por qué dudar de que otras organizaciones puedan ser tan defensoras de la democracia como los partidos políticos.

Poder judicial

 

El artículo 117 de la Constitución dice: “La justicia emana del pueblo se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley”. Y el artículo 122.2 dice: “El Consejo General del poder judicial es el órgano de gobierno del mismo”.


La lectura de estos artículos en contraposición al comportamiento que muestran jueces y magistrados en los últimos tiempos, hace que nuestra indignación suba al máximo. Uno no tiene más remedio que pensar muy mal al ver el ejemplo que dan los partidos y los jueces y magistrado cuando se proponen cubrir los puestos en el CGPJ, en el Tribunal Supremo o en el Tribunal Constitucional. ¿Dónde está la independencia? ¿No sería más lógico que entre los profesionales de la justicia eligieran a los mejor preparados para los distintos organismos de la justicia?


En el Barómetro de confianza institucional del 7 de abril de 2013, los fiscales ocupaban el puesto 18, los jueces el puesto 20, el Tribunal Supremo el 22 y el Tribunal Constitucional el 26, cuando deberían ocupar los cuatro primeros puestos. Los comentarios en las conversaciones de amigos es que la justicia española es un desastre y que está anticuada. Sus profesionales deben sentirse muy a gusto gestionando una justicia con medios del siglo XIX, pues de lo contrario sus protestas por falta de medios serían continuas y potentes. Vemos como otros organismos del Estado se adaptan a las nuevas tecnologías y seguro que esto se debe al esfuerzo de sus profesionales. Sin embargo, los profesionales de la justicia parecen solo preocupados por llegar al CGPJ, al Tribunal Supremo o al Tribunal Constitucional. Estaré equivocado pero esa imagen es la que dan.


Los jueces y magistrados, miembros de estos tres organismos, se creen pertenecer a una casta superior, como si fueran los representantes del poder divino en nuestro país. La magnífica foto de Jorge Zapata (Efe) donde se ve al Tribunal Constitucional reunido bajo la imagen del Sagrado Corazón lo confirma. Dan hasta miedo.


No puede haber una democracia real, justa y eficaz sin una justicia real, justa y eficaz.

La mejor solución sería cumplir con el artículo 117.2 de la Constitución y si la justicia emana del pueblo éste debería poder elegir a los miembros del CGPJ, como máximo órgano del Poder Judicial, Así, entre los equipos de profesionales de la justicia que se presentaran a dirigir el CGPJ, el ciudadano debería poder elegir aquel equipo que, según su programa electoral y el currículo de sus componentes, considerara más preparado.


Los miembros del CGPJ, con la total independencia que les proporcionaría el salir elegidos por el pueblo, deberían y podrían trabajar por la justicia que todos queremos.

Poder ejecutivo


En el artículo 66.2 de la Constitución se puede leer: “Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno…”. Todo control, para que sea eficaz, debe ser hecho por una entidad independiente. En este caso como las Cortes y el Gobierno son los mismos, las Cortes no pueden funcionar como control del Gobierno. El control del Gobierno es tan importante para un buen funcionamiento de una democracia que los miembros del Gobierno no deberían ser nombrados por la Cortes.


Nada más lejos de mi intención que proponer que el Estado sea gestionado como una empresa: los fines son distintos, pero no hay porque rechazar ni sus métodos ni a sus profesionales. Comprobamos como, después de cada cambio de gobierno, el presidente elige entre sus más fieles seguidores a las personas destinadas a ocupar los puestos de ministros. En muchas ocasiones constatamos que sus currículos no tienen nada que ver con las responsabilidades que van a desempeñar y más aún, es normal ver como una persona pasa de un ministerio a otro, como si valieran para todo. Luego vemos que no valen para lo uno ni para lo otro. En un mundo muy especializado esto ya no es admisible.


¿Por qué los mejores profesionales españoles no forman parte del Gobierno? Hoy tenemos en España profesionales, en muy distintas materias, que han mejorado la formación de sus respectivas carreras con masteres y cursos en universidades e institutos españoles y extranjeros. Españoles que amplían su formación en el famoso Instituto Tecnológico de Massachusetts son fichados por empresas multinacionales y nosotros nos perdemos sus conocimientos y la inversión económica hecha, por todos, en su formación.


No entendemos como para ministro de Asuntos Exteriores no se elige a un profesional del cuerpo diplomático cuya formación es tan exigente y dura. No entendemos como para ministro de Sanidad no se elige a un director o gerente de un gran hospital con la formación y experiencia que tienen. Y así podríamos seguir enumerando más ministerios.


Yo quisiera para el Gobierno de España a los mejores profesionales de cada actividad sin ningún condicionamiento político solo condicionados por sus resultados. Pero no nos confundamos no me refiero solo a los resultados económicos sino también a los de orden social: educación, sanidad, empleo, I+D+i, cultura... Conseguir a estos profesionales supondría que deberíamos pagarles por lo menos lo mismo que las empresas privadas, pero no dudemos que si rinden en la empresa privada, también lo harían en el gobierno en cualquiera de sus organismos, departamento o empresas públicas. Desconfío de las personas que dicen que se afilian a un partido político solo con la intención de prestar un servicio a la comunidad; en este caso prefiero que se apunten a una ONG.


El procedimiento sería muy sencillo. En unas elecciones generales, el pueblo con su voto elegiría, por su programa electoral y el currículo de sus componentes, al equipo que considerara más capacitado entre los equipos de profesionales de la gestión que se presentaran a la gestión del Gobierno.


Seguro que estos profesionales no tirarían nuestro dinero en aeropuertos, edificaciones, autopistas… construidos para la búsqueda de votos y vanagloria de los políticos.


Participación ciudadana


Si usted lee el articulo 9.2 que dice: “Corresponde a los poderes públicos…facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social” quizás se hará la misma pregunta que me hago yo. Cómo lo han hecho que yo no me he enterado. Desde luego no será a través de los referendos que se han celebrado durante estos años, ni tampoco a través de la Iniciativa Legislativa Popular(ILP), único instrumento al alcance de los ciudadanos.


Hay otro artículo de la Constitución que me llama la atención y quizás a usted también, es el 66 que en su apartado 1 dice: “Las Cortes generales representan al pueblo español…” y claro los políticos se extralimitan en su interpretación. El pueblo español les da su representación pero no con total libertad para tomar decisiones. En las Elecciones Generales el pueblo vota y elige al partido ganador según su programa electoral y éstas son las instrucciones del pueblo: te doy mi representación pero cumpliendo tu programa electoral, que es el hemos elegido como el mejor. Si no es así y además las Cortes toman decisiones incluso contrarias al programa electoral del partido ganador, yo no me siento representado y me sumo a los que gritan no nos representan.


Aún hay otro artículo que seguro que a usted le indignará como a mí. Apartado 1 del artículo 92: “Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos” las palabras podrán y consultivo denotan por parte de los padres de la Constitución una total desconfianza del pueblo español. Quizás le consideraban ignorante o peligroso si se le permitía una mayor participación en la democracia recién instalada. Urge la sustitución de las palabras podrán por deben y consultivo por vinculante.


En Suiza y en algunos estados de los EEUU las ILP -o similares- no desembocan en el Parlamento sino en un referendo que puede derogar una ley aprobada por el Parlamento o aprobar una nueva legislación.


Presentar una ILP en España está lleno de dificultades y es un camino directo al fracaso. Las estadísticas lo demuestran, pues llegar a que la debatan en el Congreso es ya un éxito. ¿Conseguirá alguna de ellas una formulación final de ley?


La tramitación es complicada pero aún hay algo peor: el pueblo no puede platearlas en temas tan importantes como algunos de los siguientes: Estatutos de Autonomía, Ley Electoral, Defensor del Pueblo, Educación, Derecho de Reunión, Libertad Religiosa, Partidos Políticos…Además, según el artículo 166 de la Constitución, solo puede reformarse la Constitución por los apartados 1 y 2 del artículo 87, por lo que la ILP queda excluida como vehículo para la reforma constitucional.


En el Congreso hay una Comisión de Peticiones, la gran desconocida y definida por algunos como solo “un trámite administrativo”.


El Congreso ya rechazó en junio la figura del diputado 351, que pretendía que el ciudadano pudiera exponer personalmente sus peticiones en el Congreso.


Nunca una democracia será verdadera si el pueblo no tiene un cauce eficaz para proponer y aprobar iniciativas, así como medios de control sobre los poderes del Estado. Urge modificar a fondo la Ley Orgánica 3/1984 que establece el procedimiento de la ILP.


Finalizo con un deseo, una pregunta y una petición.


El deseo es ver fuertes estas 4 raíces del árbol democrático. Todas estas ideas las agrupo bajo el nombre de SISTEMADEMOCRÁTICO4 (SD4).


Una pregunta: si algún día los franceses implantan un sistema parecido a estas ideas, probablemente los españoles lo copiaremos tarde y mal, como nos han demostrado la historia. ¿Los españoles podríamos alguna vez cambiar esta tendencia?

Una petición: el Congreso debería formar un equipo de profesionales del Derecho Constitucional que empezara a trabajar en la redacción de una modificación de la Constitución y de la Ley Electoral.


Este equipo se equivocaría si no empezara por recoger las ideas y las propuestas de la ciudadanía, llevarlas a un referendo nacional y las aprobadas convertirlas en artículos de la Constitución.

Mi intención con este articulo es aportar las primeras ideas.

Llevar todo lo comentado, con las modificaciones y aportaciones de todos, a la realidad es verdaderamente una utopía.

Pero sí se quiere se puede.


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