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Primarias y participación ciudadana

Enrique López Publicada 04/09/2013 a las 20:11 Actualizada 10/09/2013 a las 17:59    
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La desafección hacia la política y hacia los partidos políticos, señalada en todas las encuestas de opinión como uno de los principales problemas que percibe la ciudadanía, está obligando a los dirigentes políticos a tomar decisiones que en otro momento no estuvieron en su agenda. En este contexto [este texto fue publicado originalmente por su autor el 7 de julio] se enmarca el anuncio del presidente de la Junta de Andalucia, el socialista José Antonio Griñan, de abrir un proceso de primarias para elegir, dentro de su partido, al próximo candidato a la Junta de Andalucia. Reconociendo que la propuesta de Griñan supone un salto cualitativo respecto al proceso que aupó a Rubalcaba a la secretaria federal del PSOE -a través de la clásica fórmula de los congresos-, no es menos cierto que en la propuesta no deja de percibirse una gran dosis de oportunismo político y un evidente tacticismo. Primero, porque no parece casual que este anuncio, tres años antes de las próximas elecciones autonómicas, se realice poco antes de que se hayan conocido nuevas imputaciones en los ERE. Segundo, porque incide claramente en el intenso debate interno que a nivel federal tiene el PSOE en torno a la cada vez más discutida figura de Rubalcaba y su próxima sucesión. Además, la propuesta pierde gran fuerza democrática al hacerse en pleno periodo estival, de manera sorpresiva y con unos plazos muy limitados, todo lo cual favorece a la estructura de la actual dirección andaluza.


En todo caso, la propuesta de Griñán nos permite adentrarnos en una discusión mucho más profunda sobre ese gran cajón desastre en el que suele englobarse conceptos como "transparencia" "democracia participativa" o "primarias". Nuevamente, como ocurre con términos como "desarrollo sostenible" o "Estado de Bienestar" son tan amplios, que la manera de concretarlos puede suponer un avance en términos de verdadera participación ciudadana, o una mera estrategia para camuflar de más democrático el acceso a ciertas estructuras de poder.


En realidad, las primarias, siendo importantes, sólo serían una parte más de la posible estructura participativa de un partido, que englobaría numerosos elementos, imposible de abordar en un artículo de estas características (transparencia, referendum, etc). No obstante, dada la relevancia mediática y política que está adquiriendo, creo que es necesario abrir un amplio debate, redefiniendo el contenido de lo que debería entender por primarias para aquellos que pensamos que tienen que ser un elemento que contribuya a la construcción de un nuevo modelo de política más participativa y transparente, del que se sienta parte la ciudadanía, alejándose del férreo control de los aparatos de los partidos políticos. Y además dicha redefinición la deberíamos hacer con un importante nivel de concreción, igual que se hizo en décadas pasadas con los presupuestos participativos a nivel municipal.


Para empezar, hay que decir que las realización de primarias no es algo nuevo. Por ejemplo, en Estados Unidos se vienen celebrando primarias abiertas desde hace décadas tanto por parte del Partido Republicano como del Partido Demócrata. Sin embargo, este modelo, del que para algunos es el ejemplo de democracia, en realidad supone un afianzamiento de un sistema bipartidista inmutable en el que siempre ganan los grandes poderes económicos. Primero, porque no deja de presentarse como una contienda personalista para elegir al más carismático de los lideres. Segundo, porque no viene precedido de un debate previo sobre el programa político. Tercero y más importante, porque el éxito de uno u otro candidato o candidata dependerá del apoyo mediático y especialmente económico que tenga cada uno de los aspirantes por parte de millonarios patrocinadores que sólo defienden sus propios intereses particulares. En definitiva un sistema en el que el debate político colectivo es nulo y donde cualquier opción que plantee un mínimo enfrentamiento a las principales estructuras de poder estará abocada al más absoluto ostracismo.


Además del ejemplo paradigmático de primarias sin verdadera democracia de EEUU, existen otras experiencias que sólo mejoran en parte este último modelo. Por ejemplo, el proceso de primarias abiertas de los socialistas franceses u otros procesos en Italia o en América del Sur. En España, a parte del proceso iniciado por el PSOE en Andalucia y el debate abierto por este mismo partido a nivel federal, encontramos algunas experiencias de primarias, en todo caso siempre limitadas a militantes, en algunos territorios, por parte de IU y alguna otra experiencia de algún otro partido. Han sido pequeños partidos alternativos como Equo o Anova los que hasta ahora más han avanzado en algunos de estos procesos participativos. En todo caso, parece ser que existe una exigencia de apertura participativa que tiene que mucho que ver con las dinámicas de funcionamiento de los nuevos movimientos sociales surgidos al calor de la eclosión del 15-M.


En todo caso, a mi entender, estamos ante un debate abierto, que creo que es absolutamente necesario abordar, si queremos construir una alternativa mayoritaria al actual sistema neoliberal, que nos quita, segundo a segundo, nuestros derechos. Sinceramente, creo que tenemos una oportunidad única para fraguarlo de cara a las próximas elecciones europeas, con circunscripción única y una coincidencia programática amplia entre muchos sectores sobre otro modelo de Europa. Sin embargo, se alega que el proceso no está suficientemente maduro. Craso error que a mi modo de ver sólo encubre viejas estrategias de control político.


A mi modo de ver, en primer lugar, para afianzar procesos participativos realmente alternativos, deberíamos desligar el proceso de primarias de la elección de guías o lideres salvadores de la patria. Por supuesto que no hay que desaprovechar la situación de referente moral o político que algunas personas poseen, pero si no lo acompañamos de un proceso participativo previo sobre las propuestas políticas necesarias para una salida social de la crisis, estaremos empezando la casa por el tejado. Pero tampoco es suficiente con un proceso de asambleas clásico o incluso de primarias limitado exclusivamente a militantes. Me refiero a la aprobación de un programa político entre la escasa militancia de los diferentes partidos, en un proceso de discusión de los documentos elaborados por la dirección política. Y mucho menos un proceso de confección de candidaturas que parta del acuerdo entre las cúpulas de los distintos partidos políticos, precedido de un acuerdo entre las diferentes corrientes o familias de los propios partidos, por mucho que luego sean avalado por sus militantes. Cualquier oferta electoral realizada bajo estos esquemas, por mucho que "oiga" a todos los "movimientos sociales" o que "recoja" gran parte de sus propuestas, no dejará de tener un efecto limitado para construir una mayoría social y política alternativa. Sé que los esquemas tradicionales están implantados en el ADN de los partidos desde hace décadas y suponen un cambio de mentalidad que para muchos dirigentes y militantes es muy difícil de asimilar, pero creo que la actual situación de emergencia nos obliga a plantear nuevos modelos.


Si nos referimos a un proceso de primarias para un proceso electoral, como podría ser el de las elecciones europeas de 2014, si queremos que suponga un salto cualitativo desde un punto de vista participativo, debería estar abierto a un gran número de ciudadanos y ciudadanas, más allá de los militantes de los partidos, primero para la elaboración de un programa de cambio político, segundo, para la confección de candidaturas, más allá del cabeza de lista. Esto implicaría, primero, que los partidos políticos abandonaran sus estrategias competitivas, tanto entre ellos, como a nivel interno, para acordar, junto a organizaciones y movimientos sociales alternativos, una hoja de ruta que implicaría la elaboración previa de un programa de mínimos frente a las actuales políticas neoliberales. Segundo, la apertura de un proceso abierto a toda la ciudadanía comprometida, debidamente estructurado, y en base al principio "una persona, un voto" para terminar de consensuar y completar dicho programa político. Después, una vez acordadas las propuestas programáticas, la apertura de un proceso electoral abierto para confeccionar las candidaturas. El círculo se cerraría con una campaña electoral participativa y la aprobación de un procedimiento claro de seguimiento y control ciudadano en la gestión de los futuros representantes institucionales.


En definitiva, se trata de llenar de contenido participativo el proceso de primarias, con el objetivo de construir una alternativa hoy tan necesaria como el respirar. Sólo con procedimientos transparentes y estructuras horizontales podremos combatir de manera efectiva la desafección hacia la política y construir un proyecto ciudadano colectivo. En definitiva, para convencernos de que otra política y otras políticas son posibles y necesarias.


* Enrique López, socio de infoLibre, es un abogado de Albacete, vinculando a Izquierda Abierta, IU y a otros movimientos sociales.












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