Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es



¿Jura o promete?

Juan Antonio Aguilera Mochón Publicada 22/10/2013 a las 19:45 Actualizada 22/10/2013 a las 20:15    
Facebook Twitter Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir

Hace poco fue el juramento de un magistrado de un Tribunal Superior de Justicia, unos días antes quien juró fue la presidenta de una comunidad autónoma, otras veces ha jurado todo un gobierno... Continuamente nos llegan noticias sobre ceremonias de toma de posesión y los medios de comunicación prestan mucha y justificada atención a cuál de las dos fórmulas existentes se emplea en el compromiso público ante los conciudadanos: la del juramento o la de la promesa.


En la primera, aun cuando se restrinja a la expresión “juro”, sin especificar por qué o quién se jura, se sobreentiende que se invocan instancias religiosas. De hecho, en el diccionario de la RAE, la primera acepción de jurar es “afirmar o negar algo, poniendo por testigo a Dios, o en sí mismo o en sus criaturas”. Por el contrario, prometer es sencillamente “obligarse a hacer, decir o dar algo”, sin invocación sobrenatural alguna.
Las convicciones religiosas de los cargos son asunto suyo; incluso están protegidos (como lo estamos todos) por el artículo 16.2 de la Constitución, según el cual nadie debe verse obligado a declarar sobre esas convicciones.


Pero es más, a los ciudadanos no sólo no nos incumben, sino que nos sobran. Es decir, que un cargo público exprese algo así como que responderá ante un supuesto ser sobrenatural en cuanto al cumplimiento de sus obligaciones, nos resulta absolutamente irrelevante e insuficiente, pues debe responder, sí, pero ante nosotros. Ese compromiso sobrenatural resulta poco tranquilizador, pues nosotros no podremos controlar jamás sus consecuencias o, digamos, apaños: ¿y si el juramentado no cumple y se limita a ajustar cuentas particulares con el ente divino o sus vicarios, que tal vez lo perdonen sin nosotros enterarnos de la misa la mitad? En otras palabras, en lo que a los ciudadanos se refiere, quien jura por Dios toma su nombre en vano, pues no nos sirve de nada.


Es obvio que la promesa tampoco garantiza nada y siempre será necesario el mayor control democrático posible. Pero la fórmula del juramento resulta especialmente poco prometedora, pues quienes empiezan con ella una tarea de responsabilidad lo hacen de la peor manera, confundiendo convicciones, apegos, y tal vez, cuidado, ¡sumisiones! privadas con deberes y lealtades públicas. Por ello, tal fórmula debería eliminarse. Mientras no se haga, los nuevos cargos harían bien renunciando a ella, sean cuales sean sus creencias y convicciones, por respeto a la ciudadanía. Y, en consecuencia, lo contrario no debe levantarnos sino sospechas y rechazo. Quien jura, no promete.



Lo más...
 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.
facebookLibre