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Prisioneros del euro y la deuda

Andrés Herrero Publicada 12/02/2015 a las 06:00 Actualizada 12/02/2015 a las 16:35    
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La Unión Europea y el euro fueron diseñados para incrementar los desequilibrios norte sur, inclinando la balanza en favor de los primeros. Algo lógico si tenemos en cuenta que su configuración se hizo a medida de Alemania, la potencia hegemónica del continente.

Y el transcurso del tiempo no ha hecho otra cosa que acentuar esas asimetrías de partida hasta que han estallado con toda su crudeza.

Todos los países que a lo largo del tiempo solicitaron su adhesión al club de los elegidos, tuvieron que pasar obligatoriamente por el aro de sus exigencias y acatar sus condiciones si querían ser admitidos en su seno.

Que el Tratado de la Unión no contemple la posibilidad de que ningún Estado miembro pueda abandonarla voluntariamente, ni prevea procedimiento alguno para su expulsión, no es fruto de ningún despiste, casualidad u olvido, sino que responde a su voluntad de atrapar, que no permite la vuelta atrás o arrepentirse de la decisión tomada. Una vez que la trampa se cierra, se hallan a su merced, y ya no pueden escapar.

Como tampoco ha sido ningún error de diseño o de cálculo, que no se permita al Banco Central Europeo comprar directamente deuda a los estados, y regale el dinero de todos a los bancos privados para que obtengan pingües beneficios por cogerlo con una mano y prestarlo con la otra, cuando encima gran parte de esa deuda se ha tenido que emitir para salvarlos de la quiebra. Una broma que a España le ha supuesto más de 220.000 millones de euros, donados a fondo perdido a la banca, equivalentes al gasto en pensiones de 2 años. Un robo monstruoso, sin atenuantes.

La Unión Europea ha sido el brazo armado del gran capital para superar las barreras nacionales, derribando todos los controles y cortapisas que obstaculizaban su acción, despejando el campo para los negocios. El instrumento idóneo para burlar las legislaciones y reglamentaciones locales, instaurando, de facto, la dictadura del mercado. Y es que, cuanto más grande el marco institucional, y más alejado del ser humano, mayor el yugo y la explotación.

Todo se negocia por arriba, a espaldas de los ciudadanos, y por eso Europa no tiene una Constitución, porque no la necesita. Sería un atraso. Nada de limitaciones. Fuera soberanías y derechos. Que lo que el mercado ha unido no lo separen los hombres. Donde reinen los mercados que se quiten los ciudadanos. Y la democracia bien gracias, de adorno, en su sitio, sin molestar. Que los ciudadanos voten y se desahoguen de vez en cuando para salvar las apariencias, pero sin que interfieran con la vida económica.

Y es en ese idílico escenario de pillaje, cuando de pronto, por mor del cabreo ciudadano, aparece una oveja díscola: Syriza, que en un calentón revolucionario se atreve a anteponer los intereses de los griegos a los de los acreedores.

Sacrilegio. Herejía... ¡han profanado el sagrado templo de las finanzas y subido el salario mínimo!... El mundo entero, escandalizado, se rasga las vestiduras.

Porque hasta ese momento, Grecia había venido pagando su deuda puntualmente, a base de acumular más deuda. Deuda que si en 2007 ascendía a 204.000 millones de euros y representaba el 107,4% de su PIB, para el tercer trimestre de 2014 se había disparado a 315.509 millones de euros, alcanzando el 176% del PIB, a pesar de una quita de 107.000 millones de euros en el 2012, mientras, en paralelo, su PIB se desplomaba, pasando de 233.831 millones de euros en 2007, a 182.054 millones de euros en 2013, perdiendo el 22% de su riqueza productiva.

Un naufragio sin paliativos: las cifras hablan por sí solas. Y las de suicidados y muertos por los recortes, aún son peores. El desastre social se suma al económico. Estamos ante un imposible, y asfixiar al pagador se revela como la peor manera de cobrar. Los españoles debemos mirarnos en el espejo griego y preguntarnos qué ha supuesto el euro para nosotros.
Hasta en época de Franco, España, sin ayuda alguna del exterior, y a pesar de estar recuperándose de una guerra civil que la dejó como un solar, era autosuficiente, y fabricaba todo lo que necesitaba para su consumo, desde coches a lavadoras, lo que la convirtió en la undécima potencia mundial industrial del mundo, la segunda pesquera y la tercera turística. Un país que no debía un duro; que pudo crear la Seguridad Social; que contaba con una banca pública que suponía el 30% del sistema financiero; en el que Telefónica, Endesa, Repsol, Iberia, Argentaria, Trasmediterránea, Tabacalera, Seat, Marsans, Indra, Red Eléctrica, Aceralia, Ence, etcétera, pertenecían al estado; donde el trato de las empresas era paternalista, el trabajador no podía ser despedido y aunque cobraba poco, con el trabajo de un solo miembro de la familia, podía comprar casa y coche y sostener varios hijos.

Y Franco no era precisamente un rojo peligroso. Eso sí, no teníamos autonomías, ni se vivía en ningún paraíso, sino en una dictadura liberticida, brutal y sanguinaria que, incluso en fecha tan cercana como 1975, llevó a cabo sus últimos fusilamientos.

Ahora con el euro, nos encontramos con una sociedad endeudada por encima de sus posibilidades, con un estado que ha malvendido su patrimonio; con millones de desocupados, de desahuciados y de personas carentes de lo más básico; que a los puestos de esclavo que crea, los denomina puestos de trabajo, a los contratos por días o por horas, “empleos”, y que expulsa a sus jóvenes, condenándolos a emigrar. El AVE ha sustituido a los pantanos, pero volvernos europeos nos ha exigido convertirnos en los chinos y camareros de Europa. Peor que bolivarianos.

La esclavitud por deudas constituye una práctica ancestral más vieja que el mundo. Tanto como condonarlas. Ya en tiempo de griegos y romanos, cuando un hombre, teóricamente libre, no podía hacer frente a sus deudas con sus bienes, respondía con su persona, que quedaba en poder del acreedor hasta cancelarlas. Manera sibilina de obtener esclavos baratos en abundancia. Tanto que, para el siglo II, la cuarta parte casi de la población romana estaba reducida a la esclavitud por deudas, y para el siglo V la economía de Roma había colapsado.

A medida que el mundo se ha hecho más grande, endeudamos países como antes personas; la ganancia es mucho más elevada y efectuado de forma anónima y colectiva, se dificulta la reacción de los afectados. El procedimiento no puede ser más sencillo: primero se les endeuda a tope y después se les aprieta la soga. El mismo que se ha venido empleando tradicionalmente con las naciones del tercer mundo y que ahora ha alcanzado a las desarrolladas.

El triunfo de Syriza, además de un rayo de esperanza, representa un punto de inflexión y un desafío, que solo puede terminar en:

1. Doblegar al pueblo griego y sus dirigentes por el miedo, el chantaje y las presiones, penalizando su osadía.
2. Negociar y llegar a un acuerdo sobre la deuda.
3. Que Grecia salga del euro, bien porque se vaya voluntariamente, bien porque la echen.

Ser expulsado del euro es ser arrojado al infierno y las tinieblas exteriores, a respirar ajo y azufre. Una desgracia terrible, infinitamente peor que carecer de casa, trabajo o sanidad.

Aunque las demandas de Grecia, además de legítimas, sean absolutamente razonables y asumibles, y una quita resulte inevitable, la troika rechaza el acuerdo porque implicaría sentar un precedente peligroso que podría extenderse y contagiar a otros países. Pero su gran problema es que si presiona en exceso a Grecia y la obliga finalmente a marcharse, se descubrirá todo el pastel: que yéndose del euro no pasa nada, que no solo no se hunde ni desaparece el país, ni supone el fin del mundo y la catástrofe universal para sus habitantes, sino que, al contrario, significa su liberación, su salvación.

Sería un mal ejemplo, que haría que la gente se diese cuenta de que lo que se anunciaba como un castigo bíblico y una pesadilla, no era más que una gigantesca mentira repetida hasta la saciedad, que no se sostiene. La sola mención a reestructurar la deuda, hace que pierda valor y que el estado griego pueda recomprarla a precio incluso inferior que si hubiera realizado una quita pactada, con lo que Grecia se sacudiría de encima esa pesada losa; Rusia y China tomarían el relevo y reemplazarían encantados a los inversores occidentales, y el estado heleno podría financiarse con su propia moneda, el dracma, sin interés alguno, evitando pagar ese peaje innecesario, absurdo y abusivo destinado a engordar a la banca privada. Y es que hay “ayudas” que matan, como las de Bruselas.

La salida de Grecia, además del coste para los acreedores, lanzaría una señal inequívoca a “los mercados”, advirtiéndoles que los ciudadanos europeos no van a aceptar ser las víctimas propiciatorias de una agenda neoliberal y nazi que los condena a la esclavitud y la miseria.

Y si hay que elegir entre populismo y elitismo, mejor lo que beneficia a todos, que lo que beneficia a unos pocos.



Andrés Herrero es socio de infoLibre



3 Comentarios
  • 3 Rogerio 12/02/15 15:18

    Alemania siempre quiso gobernar Europa, primero con dos guerras mundiales. Y como con guerras no lo consiguieron, se les ocurrio hacerlo mediante la economia. Eso si, despues de que se le ayudase economicamente, y luego perdonandole la deuda.

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  • 2 MI15 12/02/15 10:07

    Nada que añadir, salvo que estoy completamente de acuerdo y que ya va siendo hora de que nos demos cuenta de que si fuera de Europa hace mucho frío, en palabras de ese insigne sociata que se llama Almunia, dentro uno se puede congelar, y que siguiendo el símil del infierno, hay que advertir que es Europa la que sirve las calderas al mismísimo Satanás por un módico precio cuyos beneficios se quedan siempre o casi en Alemania. ¡Vámonos de esta Europa ya!

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  • 1 viaje_itaca 12/02/15 09:37

    Muy bueno. Me ha encantado lo de recordar la esclavitud por deudas. El problema fundamental, si se expulsa a Grecia del Euro es el momento inicial, que puede poner en apuros serios la legitimidad de Syriza, más si no tiene algunos apoyos desde el exterior, pero la UE nos lleva a todos al Tercer Mundo de forma inexorable. Resistiéndose, cabe alguna esperanza. Convendría además aclarar que la UE y los mercados en general van a atacar a España dándole bofetadas a Grecia, como anunció su órgano oficial el Wall Street Journal. Y seguramente van a soltar un poco la tenaza económica sobre nosotros hasta las elecciones, siguiendo la técnica de buenas palabras y suavidad, pero enseñando el palo. En fin, nadie dijo que iba a ser fácil, como la selección.

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