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Los currículos de la religión en Primaria: cristianismo (II)


Juan Antonio Aguilera Mochón Publicada 13/02/2015 a las 06:00 Actualizada 13/02/2015 a las 14:51    
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Después de analizar el currículo islámico para Primaria, es pertinente hacer otro tanto con el currículo de Religión católica, y el de Religión evangélica, estableciendo las similitudes y diferencias con el islámico cuando convenga. Como, al tratarse de dos religiones cristianas, sus currículos presentan en común aspectos sustanciales, hablaré de ellos en conjunto, señalando algunos contrastes cuando sea necesario.

Conflictos con la racionalidad y la ciencia

Tanto en el currículo católico como en el evangélico nos encontramos con un creacionismo sin mayores sutilezas. En el evangélico leemos "Respetar y valorar el entorno natural como creación y manifestación del poder y el amor de Dios", "Dios creó a todo ser viviente", "Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza", etc. En el currículo católico, "La creación, obra de Dios y regalo a sus hijos", "El cuerpo humano obra de Dios Creador con la colaboración de los padres", etc.

En definitiva, en ninguno de los dos currículos cristianos (y como también veíamos en el islámico) hallamos la más mínima matización de estas afirmaciones que las alejen del creacionismo, y nunca se habla de la evolución biológica.

En el caso de la religión católica, que se dice últimamente en concordia con la teoría evolutiva, no tenemos más que examinar el Catecismo oficial de su Iglesia, el texto de referencia para la catequesis de su fe ("exposición orgánica y sintética de los contenidos esenciales y fundamentales de la doctrina católica tanto sobre la fe como sobre la moral") para desmentirlo. En ese Catecismo sigue en pie, de manera literal, no sólo la creación de todo, sino la de Adán y Eva como primeros padres de la humanidad (Adán aparece citado 44 veces).

De hecho, de su existencia procede el "pecado original" que justifica "el sacrificio de Jesús" ("segundo Adán"). Por tanto, si un profesor de religión católica habla a favor del evolucionismo, no lo hace siguiendo ni el currículo que aquí se comenta, ni la doctrina católica recogida en su Catecismo.

Asimismo, es totalmente aplicable a las religiones cristianas lo dicho en el artículo anterior sobre el currículo islámico en cuanto al dogmatismo religioso frente al pensamiento crítico propio de la ciencia y la racionalidad. Sólo que ahora el libro sagrado por excelencia es la Biblia, y el personaje modelo, Jesús, tanto en el currículo católico ("Estructura y sentido de la Biblia, palabra de Dios", "Jesucristo camino, verdad y Vida") como en el evangélico ("La Biblia, la Palabra de Dios", "La Biblia, el mejor libro para mí", "Jesucristo, único mediador y ejemplo a seguir").

Quizás por esto, un aspecto anticientífico que se hace más notable en los currículos cristianos (aunque el católico dice presentarse con "carácter científico") es el de los milagros. En particular, en los dos currículos, los "milagros de Jesús" y, sobre todo su "resurrección"; en el currículo católico, también el de la virginidad de María. Encontramos una insistencia en la afirmación de hechos no sólo no demostrados, sino de los que las iglesias afirman que la ciencia no puede dar cuenta.

Sexismo y homofobia

De manera similar a lo que dije respecto al currículo islámico, en el evangélico y en el católico intenta evitarse en el texto (también con éxito incompleto) el sexismo, aunque, en este caso, no aparece la “igualdad de género” (o de sexos) entre los objetivos. Pero ambos, como hemos visto, (im)ponen como libro-guía para los niños la Biblia.

Podríamos rellenar páginas con referencias sexistas del Antiguo y del Nuevo Testamento. Desde el mismo momento de la (supuesta) creación, la mujer (Eva) aparece con un papel subsidiario al hombre: "No es bueno que el hombre esté solo" (Gén. 2:18). Y hasta los celebérrimos 10 mandamientos van dirigidos a los hombres: "No desearás la mujer de tu prójimo, no codiciarás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo" (Deut. 5:21).

Podríamos seguir con una lista interminable de citas, pero baste para terminar la que inspiró el título del libro Cásate y se sumisa: "Así como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo" (Efesios 5:24. San Pablo repite la idea en esta y otras cartas).

Este sexismo no aparece en los currículos, como decía, de manera directa, pero en el caso del católico lo tenemos, en mi opinión, en la figura de María, al presentarla como "Virgen" a la vez que como modelo a imitar. Atribuir, contra toda racionalidad y todo conocimiento científico, carácter virginal a la madre de Jesús, a la vez que se la propone como ejemplo digno de imitación especialmente, claro está, para las niñas, considero que supone presentarles a estas una idea sucia de la sexualidad y, en todo caso, discriminatoria respecto a la que se ofrece a los varones.

Tampoco hay dudas respecto a la execrable consideración (léase condena) bíblica de la homosexualidad. No obstante, las posturas homófobas no aparecen explícitamente en los currículos analizados.

Lo que sí aparece es la idea de no propiedad de nuestros propios cuerpos: "la vida que Dios da", "el cuerpo humano obra de Dios Creador con la colaboración de los padres" (currículo católico), "conocer y valorar su cuerpo, creado por Dios" (evangélico). Esta idea sirve de base a la represión sexual que imponen estas religiones y a la negación de la autonomía sobre la propia vida… y la propia muerte.

Intolerancia

Aunque en los dos currículos cristianos se habla de promover la tolerancia, encontramos en el libro sagrado que ambos presentan a los niños, la Biblia, un sinfín de episodios nada ejemplares, auspiciados por el Dios judeocristiano ―al que los alumnos de religión deben máxima devoción― que se muestra vengativo, celoso, furioso, asesino e, incluso, genocida con quienes no estén de su lado (aunque a menudo no hay mucha discriminación en este sentido).

Valga un ejemplo como muestra que, dicho sea de paso, también resulta válida para el islam y el judaísmo (que no ha presentado currículo para Primaria), pues se trata del Números, admitido en todas estas religiones abrahámicas como penúltimo libro del Pentateuco o la Torá:

[Los israelitas] Atacaron a Madián [región donde habitaban los madianitas, descendientes de Madián, hijo de Abraham] como había mandado Yahveh a Moisés y mataron a todos los varones. (7).
Dieron fuego a todas las ciudades en que habitaban y a todos sus campamentos. (10).
Matad, pues, a todos los niños varones. Y a toda mujer que haya conocido varón, que haya dormido con varón, matadla también. (17).
Pero dejad con vida para vosotros a todas las muchachas que no hayan dormido con varón. (18).
(Núm. 31:7,10,17,18).

Esto no es más que una muestra entre tantas posibles. Son numerosos los ejemplos de intolerancia, e incluso extrema crueldad, hacia quienes no comparten las creencias impuestas por Yahveh. El menoscabo de los no creyentes en los libros sagrados, aunque extremadamente atenuado, se deja ver en ocasiones en los currículos; así, en el evangélico podemos leer: "Valoración de Jesucristo como el único camino de salvación". Tanto en el evangélico (7 veces) como en el católico (22) abundan las alusiones a la "salvación" de los creyentes (la "acción salvífica" de Jesús y de la Iglesia, etc.).

¿Qué salvación es esa, de qué hay que salvarse mediante la fe? Aunque hay diferencias entre católicos y protestantes sobre cómo conseguirla, el concepto de salvación es similar. Así, podemos ver en el Catecismo —donde se habla de términos relacionados con "salvación" nada menos que 359 veces, demostrando que es un concepto clave— lo que los currículos no explicitan: la salvación nos libra de la "condenación eterna". De hecho, los dos currículos cristianos aseguran la existencia de una "vida eterna".

Una vez más nos quedamos perplejos: ¿vida eterna? También tenemos que recurrir de nuevo a las fuentes sagradas y al Catecismo católico para comprender: se trata de la vida eterna del alma, una entidad capaz de sobrevivir sin el cuerpo, de la que la ciencia y la razón ha mostrado su carácter fantasmagórico, irreal.

En resumen, se hace creer a los niños en una entidad ficticia (el alma) y se les amenaza con no conseguir su "salvación" si no se sigue el camino dictado por la iglesia que corresponda (en este caso, alguna de las evangélicas o la católica). La última es muy explícita en esto: "Fuera de la Iglesia no hay salvación" (véase en Catecismo 846-848, donde intenta matizarse, en mi opinión con escaso éxito, esta frase).

Los niños a quienes se transmita esta doctrina percibirán a sus compañeros no correligionarios como abocados a la condenación eterna. Algo no sólo estúpido, sino deplorable.


Leer también: Los currículos de religión en Primaria: islam


Juan Antonio Aguilera Mochón es socio de infoLibre



 


1 Comentarios
  • 1 Giordano 13/02/15 21:55

    Estas manifiestas contradicciones entre la fe que las asignaturas doctrinarias de religión tratan de enseñar y el pensamiento racional-crítico que la ciencia trata de estimular, que J.A. Mochón tan bien reseña, y que afectan tanto a los valores como al conocimiento, podrían hacer válido en este caso el dicho “no hay mal que por bien no venga” pues en una sociedad abierta constituyen la mejor manera de crear ateos. Lo lamentable de la inclusión de estas enseñanzas en el currículo del sistema educativo es que una sociedad avanzada siga sin reconocer que una cosa es ser libre para creer lo que se quiera y otra es querer que no se sea libre para creer. La enseñanza de la religión debería circunscribirse al ámbito privado y, por supuesto, jamás suplantar a la enseñanza de la ética cívica que debe servir para la edificación de una buena convivencia entre todas las personas con independencia de sus creencias.

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