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Los currículos de religión en Primaria: conclusiones

Juan Antonio Aguilera Mochón Publicada 16/02/2015 a las 17:24 Actualizada 16/02/2015 a las 17:25    
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Una vez examinados los currículos oficiales para la Educación Primaria de las áreas de religión islámica, religión católica y religión evangélica, podemos alcanzar algunas conclusiones generales atendiendo a lo mucho que hay en común entre ellos.

Conflictos con la racionalidad y la ciencia

En relación a la formación racional y científica, el adoctrinamiento creacionista visible en los currículos de las tres religiones resulta especialmente grave si se examina el currículo general de Primaria del Ministerio de Educación: en ninguna área —incluyendo por tanto la de Ciencias de la Naturaleza— se hace mención de la evolución biológica. Por consiguiente, si se siguen los currículos oficiales del Estado, los niños que reciban una asignatura de religión (la que sea) habrán sido adoctrinados en el creacionismo entre los 6 y los 12 años, pero no habrán sido instruidos en la comprensión científica, evolucionista, del origen de los seres vivos, incluyendo los humanos. Estaríamos ante una aberración mucho peor que la tan criticada en los Estados Unidos cuando se ha tratado de impartir evolucionismo y creacionismo (o su derivación conocida como “diseño inteligente”) en condiciones de igualdad; en nuestro caso, ni siquiera eso. Considérese además que en las asignaturas de religión suele ofrecerse la creación como el mayor de los milagros, pero no se desdeñan otros que, como es sabido, se supone que son hechos que violan las leyes naturales, inexplicables para la ciencia (¡incluida la comunicación con supuestos seres del “más allá”!): ¿cómo compaginar esta información con la que se ofrece en otras asignaturas basadas en la racionalidad y el escepticismo científico? ¿Y cómo compaginar el “pensamiento” dogmático con el pensamiento crítico basado en la racionalidad?

Incluso más allá de las lecturas y modelos ofrecidos en los currículos de religión, hay que decir que cualquier adoctrinamiento, cualquier enseñanza basada en dogmas, sean religiosos o no, entorpece el progreso de la capacidad crítica y del pensamiento racional; y, como insistiré a continuación, dificulta el desarrollo de la conciencia libre de los niños.

Inculcación de una moral sexista, homófoba e intolerante

En efecto, en lo relativo a la formación moral, el panorama que ofrecen los currículos es desolador a pesar de las buenas intenciones que manifiestan. Según lo que hemos ido viendo, hay que concluir que entre la sagrada Biblia o el sagrado Corán y la sencilla (e imperfecta) Declaración Universal de los Derechos Humanos no hay color. La inferioridad de la mujer en los libros sagrados de las religiones abrahámicas tiene, desgraciadamente, su impronta en el lamentable estatus de la mujer en todas ellas. Además de sexismo, también encontramos homofobia e intolerancia en los tres currículos religiosos, sobre todo por su apoyo en los libros sagrados. Ofrecer hoy esos libros, y especialmente a niños, como guía de conducta, me parece un desatino que, al ejercerse como adoctrinamiento, llega, en mi opinión, a la categoría de abuso. El enfoque dogmático acostumbrado en las diversas religiones, atenta, además de contra el desarrollo de la autonomía moral de los niños, contra el progreso de su espíritu crítico y su racionalidad. En definitiva, contra el florecimiento de su libertad de conciencia. Si se quiere destacar algo como sagrado, que sea esta libertad de conciencia, no las biblias, coranes, catecismos, hadices o torás, ni dogma alguno (religioso o no).


Carta blanca para el adoctrinamiento segregador

Este triste balance surge de que se conceda a las autoridades de las confesiones religiosas con las que el Estado ha firmado acuerdos, carta blanca para los currículos, sin que se haga una revisión por parte de las autoridades educativas estatales, por si hubiera elementos que pudieran comprometer claramente el buen desarrollo infantil —como, en mi opinión, es el caso—.

Otro aspecto lamentable de las asignaturas de religión es que los alumnos se ven segregados en función de la diversidad de adoctrinamientos ofrecidos, según el desigual parecer de algunos de los padres que los desean. Véase que digo sólo de algunos padres, pues creencias y convicciones hay muchísimas más que las ofertadas, sólo que unas son consideradas de primera categoría, y, el resto, sin categoría alguna. Evidentemente, no se trata de que se adoctrine en todas, sino en ninguna. Quienes no quieren adoctrinamiento alguno para sus hijos tienen que soportar que éstos sufran, en el tiempo destinado a ello en la escuela, lo que se les haya ocurrido a las autoridades ministeriales de turno, previa vergonzosa negociación con las entidades religiosas, sobre todo con la Iglesia católica.

Contra el adoctrinamiento escolar y los acuerdos que lo imponen

A veces se oye, como último argumento en pro de las asignaturas confesionales, que mantener el adoctrinamiento religioso en la escuela sirve para que sea un adoctrinamiento controlado, que no quede en manos de extremistas peligrosos. Algo de eso puede haber, y en tal caso la intención puede ser, en ese sentido, laudable. Aunque, en realidad, no se efectúa ningún control estatal sobre lo que de hecho se dice y hace en las clases de religión (lo que propicia, también hay que decirlo, que en ocasiones lo que se imparte no sea tan negativo como los currículos propician según he mostrado aquí). Pero, en todo caso, ¿no será más bien que el adoctrinamiento escolar allana la tarea de los eventuales extremistas? Me parece que cualquier adoctrinamiento mina la capacidad crítica y hace a las personas más manipulables; el dogmatismo propicia el fanatismo. Distintos dogmatismos (a menudo, pero no siempre, religiosos) favorecen fanatismos enfrentados (a menudo, pero no siempre, antirreligiosos). ¿No es una defensa mucho mejor contra todo esto una educación que persiga la formación de librepensadores? Una educación para la libertad debe liberarse de los errores y la intolerancia de los libros sagrados, de las supercherías y dogmas que se resisten a dar paso a la razón y los derechos humanos.

En definitiva, pienso que lo más razonable y justo, se tengan creencias religiosas o no, es apoyar la exigencia laicista de eliminar cualquier asignatura confesional de la escuela, que debe ser laica en bien de los propios niños y de la sociedad. Para esto se necesita, en el caso de la religión católica, denunciar (anular) los acuerdos con la Santa Sede —que obligan a mantener el adoctrinamiento católico, entre otras iniquidades— con los que se prorrogó el Concordato franquista; y, en los otros casos, revocar los acuerdos con las diferentes confesiones. Me parece que cualquier partido democrático en el gobierno está obligado a realizar estas derogaciones con urgencia, y los que no están en el poder deben comprometerse en sus programas de manera inequívoca. Hay muchas más cosas importantes en juego, pero eliminar el obstáculo que suponen las asignaturas de religión para el buen desarrollo mental infantil debe ser una prioridad absoluta. Por supuesto, a la vez que se alienta en la escuela la capacidad crítica y un humanismo secular que, sobra decirlo, respeta el derecho a que cada cual tenga y exprese las convicciones que quiera.

 



Juan Antonio Aguilera Mochón es socio de infoLibre




1 Comentarios
  • 1 José González 16/02/15 19:15

    No puedo estar mas de acuerdo con el señor Aguilera Mochón. Lástima que me sienta tan poco optimista respecto a la actitud de los representantes políticos, actuales y futuros, ante la imperiosa necesidad de sacar de la enseñanza pública cualquier tipo de formación religiosa. Eso por una parte, y por otra tampoco los veo capaces de eliminar definitivamente toda subvención a organizaciones de ese tipo, cualquiera que sea su confesión. Estoy convencido de que, aunque viviera otros cincuenta años, no llegaré a verlo. Estas son algunas de las razones por las que cada vez me gusta menos vivir en este país.

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