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Elogio de la política

José M. Marco Ojer Publicada 24/02/2015 a las 17:52 Actualizada 24/02/2015 a las 17:53    
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Si entendemos por política la actividad que realizan los políticos, no parece que sean buenos tiempos para su elogio, pero la política así entendida no es mas que un reduccionismo de un significado mucho más amplio. El término política significa organización de la polis –de la ciudad-, su fin es resolver los problemas que se le plantean al ser humano por vivir junto a otros seres humanos.

Decían antes “la política para los que viven de ella”, pero es un gran error y una gran manipulación que en realidad quiere decir: deja la política en mis manos, no te metas, que yo decidiré por ti.

Se puede vivir al margen de la política, pero la política es necesaria para organizar la ciudad. En consecuencia, no parece muy inteligente vivir al margen de decisiones que van a establecer mis condiciones laborales, mi jubilación, el precio de la electricidad, si mis hijos van a tener una beca o si me voy a tener que pagar la ambulancia.

Esa separación radical entre sociedad civil y gobernantes que se daba en las monarquías absolutas, las democracias censitarias o las dictaduras del siglo XX se supera con la llegada de los sistemas democráticos, pero no todas las democracias son iguales: hay unas en las que los ciudadanos participan de formas variadas y activamente en la vida pública, y otras en las que esa participación es mínima. En las primeras, los ciudadanos se organizan en asociaciones o coordinadoras, se afilian a sindicatos, se manifiestan o recogen firmas, donan dinero, participan en los partidos políticos… se movilizan. En la segunda se limitan a votar cada cuatro años y se desentienden aunque no dejen de manifestar sus quejas esperando que la realidad cambie por sí sola.

Hemos perdido la conciencia de que nuestra situación actual, los derechos que ahora tenemos, son consecuencia de la implicación política de nuestros padres cuando hacían huelga o se jugaban el tipo delante de “los grises”. Tampoco tenemos conciencia de que nuestra pasividad política es la causa de la pérdida de esos derechos hoy y según parece, de su pérdida en un futuro bastante prolongado.

En muchos casos nos han querido enseñar que la política es mala, que politizar un asunto es contraproducente; pero la política es necesaria porque nuestra vida es pública y común. Politizar es poner sobre la mesa un asunto para buscar su solución. La posición ante los problemas que genera nuestra convivencia no es ser político o apolítico sino, yo participo e influyo en la solución del conflicto u otros lo hacen por mí.

No es nuestra sociedad una sociedad excesivamente implicada en la vida pública. No es una sociedad excesivamente implicada porque procedemos de una historia reciente en la que el poder político se ha ejercido al margen de la sociedad civil y porque los gerentes públicos no han querido darse cuenta de que son representantes y no dueños de la política. En consecuencia, no han alentado la participación ciudadana en la vida pública sino que se han sentido muy cómodos en una democracia mínima en la que la participación ciudadana se reduce al voto cada cuatro años.
Elogio de la política, de la toma de decisiones para solucionar problemas y para mejorar la vida de los ciudadanos. Pero también de forma inseparable, elogio de la participación política: de la implicación, el compromiso, la dedicación a los asuntos que por ser públicos son también míos.

Elogio de la educación política: educación en los valores sociales y en la solución de tensiones entre grupos que conviven “bajo el mismo techo”, educación en la tolerancia, la empatía y la solidaridad necesarias para no eludir los problemas sino para solucionarlos.



José M. Marco Ojer es socio de infoLibre
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