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Librepensadores

El ruedo ibérico: audacia política o… ¿más de lo mismo?

Amador Ramos Martos Publicada 25/01/2016 a las 12:40 Actualizada 25/01/2016 a las 12:41    
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Dejando aparte las polémicas distrae bobos acerca de las rastas, bebitos, olores y potenciales piojos de la nueva estética política que acaba de tomar posesión en el Congreso y el Senado, reflejo –les guste o no a los políticos/políticas clásicos estéticamente de traje y corbata- de una parte social de su amada, sacrosanta e intocable España, el miura del “asunto” catalán” ha saltado de entrada al centro del ruedo político.

Con la corrida –un mano a mano entre primeros espadas del viejo bipartidismo venido a menos- sin empezar y con riesgo de suspensión de la misma, el público, desde los tendidos de sombra reclama la devolución del morlaco a los corrales constitucionales mientras Mariano El Tancredo, el espada de su devoción atenazado por el terror que le provoca el bicho y el griterío de su parroquia, apostado tras la barrera, niega la legitimidad de la enseña que el peligroso astifino luce en su lomo catalanista.

En los tendidos de sol y sombra y en los de sol con división de opiniones, el personal –inquieto en los primeros– duda de si debe seguir el espectáculo, reclamando a su maestro Pedro El Guaperas que de seguir, no tome riesgos innecesarios y no se arrime mucho. Desde la grada de sol, la sofocada y ruidosa parroquia le anima a que lo haga, que se arrime, que arriesgue en la peligrosa faena que de tener éxito, le puede sacar en volandas por la puerta grande.

Desde el callejón, las figuras emergentes: Alberto Riverita y Pablo El Coletas observan con frustración la faena de los maestros, desde su condición de novilleros, de futuras promesas de la fiesta.

Disculpen el símil taurino que tanto debate crea en nuestro país, no es esta la polémica ahora, pero me vale simbólicamente para poner de manifiesto la situación de conflicto creado por el tema catalán en el espacio y tiempo político de la aún no estrenada legislatura.

La decisión de la dirección del PSOE (entiéndase Ferraz y Pedro Sánchez) de ceder senadores del PSOE para posibilitar la formación de grupo parlamentario propio en el Senado a ERC y DiL ha desencadenado la polémica con los adversarios políticos extramuros del PSOE y lo inquietante, con algunos de su propio partido.

Confieso, que Pedro Sánchez con el que era –y soy- muy crítico y del que tengo la intuición no sé si acertada de haber sido engendrado en una probeta por el PSOE y alumbrado -lo digo con sano humor- como un Kent –el novio de la popular Barbie- político; lo tenía, lo tiene y lo tendrá muy crudo políticamente en el corto y medio plazo.

Tengo sin embargo que reconocer, no soy politólogo ni mi mundo profesional es el político –aunque en el fondo todo lo es– que la noticia me ha sorprendido pero solo parcialmente. Incluso me atrevo a afirmar que la esperaba, que la comparto y que además me alegra.

El tema catalán ha focalizado en exceso y de forma precipitada todo el interés político y se ha instalado en el centro de la querella tras el 20-D. Calculó mal Rajoy la fecha de las elecciones generales, el independentismo en Cataluña goza de mejor salud al final de su arrolladora legislatura impregnada de su excluyente y trasnochado españolismo. No sé que esperaba Rajoy, pero lo que hay es lo que hay y en gran parte es responsabilidad suya.

Yo soy simplemente y así me considero, ciudadano español, pero no me siento tan “muy español” ni “mucho español” como él –Rajoy- se siente. La nacionalidad es una etiqueta que nos cae involuntariamente encima y el sentimiento nacionalista o patriótico -graduable como todo- cada uno lo experimenta con la sensatez, mesura, exageración o irracionalidad que le venga en gana y él decida libremente. Pero personalmente no me gustan –aunque respeto- a los que hacen exhibición desmesurada de su nacionalismo o patriotismo como si fuesen los portadores en exclusiva de un sentimiento variopinto y de múltiples matices.

A la nación o a la patria –como prefiera- señor Rajoy, hay que mencionarla lo justo y en su justa medida, sin excesos ni patrióticos exhibicionismos.

El problema actual y con las elecciones aún de cuerpo presente es que la visceralidad respecto al tema catalán monopoliza y se ha adueñado del debate político aparcando y bloqueando la de asuntos de mayor trascendencia y urgencia –no hace falta mencionarlos otra vez- y que afectan gravemente al bienestar y derechos básicos de los ciudadanos tras la anterior legislatura, y que propongo dado lo ocurrido y recortado por el gobierno saliente –y esperemos que no reentrante- de Rajoy, pase a los anales como “La Recortadora”.

El tema siempre pendiente del reencaje territorial en concreto de Cataluña en España –guste o no- estaba en el inicio de la anterior legislatura en límites razonables, no preocupantes, sin embargo ahora al final de la misma, está mucho peor e inquietante y seguirá con toda probabilidad si nadie hace algo razonable empeorando en el futuro. Seguir la senda por donde intenta conducirnos a todos el muy y mucho español Rajoy El Tancredo con el apoyo de Riverita –surgido desde el antinacionalismo catalán, está en su derecho de hacerlo aunque no comparto su discurso en este tema- tiene en mi opinión más riesgos que el reconocer la existencia de un problema que en vez de remitir, crece, y cuya solución solo vendrá de la mano de un proceso de diálogo, consenso, flexibilidad, respeto. Un pacto con objetivos, método, plazos y consenso democráticos bien definidos, razonables y vinculantes sea cual sea el resultado del mismo.

Y si hay que retocar y reformar la Constitución -una norma que no dogma de fe- que algunos aceptaron a regañadientes en sus orígenes y que ahora defienden como intocable con uñas y dientes… ¡que se reforme!

Honestamente creo que Rajoy está invalidado para asumir un desafío para él imposible de resolver enrocado como está en un inmovilismo españolista incapacitante, compartido además por Rivera que ha hecho del anti nacionalismo catalán –negando su viabilidad- uno de sus más rentables banderines de enganche para el sector menos “derechista” pero rabiosamente “anticatalanista” del PP. Creo que se equivoca Rivera de estrategia y no debiera olvidar la alta “toxicidad” ideológica del PP en asuntos de identidades.

Ayudando a la conformación de grupos propios en el Senado a ERC y a DiL con la cesión imprescindible de diputados de su partido, Ferraz o Pedro Sánchez –son lo mismo- no asume ningún tipo de pacto con ambos, pero dotándoles de voz propia en el Senado, les capacita como interlocutores en este complicado escenario donde es vital el diálogo. ¿De qué hubiera servido arrumbarlos en el grupo mixto para poner sordina –un error en mi opinión– a su discurso para intentar silenciarlos?

Arriesga mucho Pedro Sánchez en una maniobra difícil de entender incluso dentro de su propio partido y que intenta mantener de forma transparente y pública las vías imprescindibles del diálogo que son la base de cualquier pacto... y que de forma más contundente y urgente también reclama Podemos.

Debieran reflexionar el PP y Rajoy –sería un milagro- Ciutadans y Rivera –sería deseable- y no acelerar con precipitación los tiempos políticos por parte de Podemos e Iglesias, sobre el significado último del gesto de Ferraz y Pedro Sánchez: no contribuir a acallar las voces disidentes en los espacios democráticos destinados a la confrontación civilizada entre adversarios –que no enemigos- políticos.

Vuelvo a reutilizar la frase de Chomsky de mi anterior comentario: “Si no creemos en la libertad de expresión para la gente que despreciamos, no creemos en ella para nada". 

En este país amante del riesgo del espectáculo taurino y cuyos defensores acérrimos increpan a los diestros –no vean en el término connotación política intencionada aunque pudiera haberla- cuando lidian las reses a una cómoda distancia para que se arrimen al bicho, sorprende la complicidad con los políticos de la diestra nacional –ahora si hay intencionalidad en el término- para que ante un miura político al que por obligación debieran lidiar, se escondan detrás de la barrera.

Pedro Sánchez Kent o Pedro El guaperas como prefieras y lo digo cariñosamente, lo tienes difícil y te lo van a poner más aún pero sigue arrimándote, a pesar del riesgo y de los pitos y bronca desde algunos tendidos, si lo haces, quizás otros que se alejaron acabarán también por arrimarse.



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