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Carta abierta a Pablo Iglesias (desde Francia)

J. Sapir | C. Barret Publicada 17/03/2016 a las 06:00 Actualizada 17/03/2016 a las 10:32    
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Querido Pablo Iglesias:

Frente a la crisis multiforme que afecta a la Unión Europea, los éxitos electorales de Podemos señalan numerosas iniciativas. Militante de los márgenes del mundo político, propones un nuevo discurso sobre el que interesa pensar hoy en día en sus puntos fuertes. En la batalla por la conquista del sentido común aceptado por la gran mayoría de nuestros conciudadanos, te ha parecido preferible privilegiar la oposición de los pueblos a sus élites frente a la tradicional dicotomía izquierda/derecha. La crisis que atraviesa la socialdemocracia parece confirmar la necesidad de un tal aggiornamento.

I. Neocolonialismo, compradorización y populismo

Como candidato a la Presidencia del Parlamento Europeo por el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea, el 30 de junio de 2014 justificaste tus opciones políticas y estratégicas en estos términos: “la democracia, en Europa, ha sido víctima de una deriva autoritaria (...) nuestros países se han convertido en cuasi-protectorados, nuevas colonias donde poderes que nadie ha elegido están destruyendo los derechos sociales y amenazando la cohesión social y política de nuestras sociedades.”

Compartimos este diagnóstico. Las élites políticas de los países de la Unión Europea están realmente sometidas a una potencia exterior. Este colonialismo sin metrópoli representa un desafío para los demócratas. Un concepto, nacido en otra época y en otro continente, puede ayudarnos a comprender el fenómeno: es el concepto de "compradorización de las élites". Según una definición generalmente admitida hoy, una élite compradora "o burguesía compradora" obtiene su posición social y su estatus de su relación con una potencia económica extranjera que domina su territorio de origen. Este concepto fue, anteriormente, del mayor interés para comprender la evolución de una América Latina que tú conoces bien. Hoy, en Europa, una nueva compradorización está en marcha, posibilitada por las instituciones europeas y la potencia económica alemana.

Por ello, somos muchos los que hacemos nuestro el proyecto de Podemos de revivificar la democracia. Somos conscientes de que tu proceso populista de contestación, auténticamente de izquierdas, tiene además la voluntad de asumir responsabilidades de Estado, pero además de este soberanismo sin bandera os incita también a explorar los caminos de otros tipos de mediaciones según un "proceso constituyente" sobre el que, a su debido tiempo, tendrás que ser más explícitos.

II. De la dinámica europea y sus movimientos de contestación.

La confianza que os manifiestan hoy en día vuestros electores viene del hecho que habéis sido, tú y tus compañeros, los primeros en llevar al Parlamento Europeo la expresión política de los indignados de 2011. La revuelta de las clases medias, inexorablemente arrastradas a un proceso de empobrecimiento que amenaza hoy en día a numerosas regiones del continente europeo, concierne a un grupo muy numeroso de ciudadanos, que se extiende mucho más allá del de los círculos de militantes de la izquierda tradicional. Un increíble arrebato tuvo lugar en Grecia hace un año. Desgraciadamente, este “navío venido de Grecia”, que cantaba Lluís Llach, se ha estrellado contra los arrecifes de las políticas de austeridad levantados por las instituciones europeas. La alianza de la social-democracia europea con el Partido Popular Europeo (PPE), para que nada cambie, puede ser vista como una reminiscencia de “la Santa Alianza de los poseedores” de 1848. Para nuestros amos, ¡la nueva primavera de los pueblos no tendrá lugar!

En un largo artículo publicado el verano pasado en la New Left Review – ya casi en forma de balance – parecías, sin embargo, seguir considerando como posible “un proceso de recuperación de la soberanía” de los pueblos. A pesar de lo que nosotros llamamos el proceso de compradorización de las élites, te parece posible todavía impulsar transformaciones del sistema productivo y prever una “reconfiguración de las instituciones europeas en un sentido más democrático”, fundamentalmente a través del establecimiento de un Parlamento de la zona euro [1].

Haciendo esto, te propones crear una correlación de fuerzas en el seno del Consejo Europeo. Es una estrategia valiente, pero también discutible, que puede tener graves implicaciones no solo sobre Podemos sino, de manera más general, sobre otros movimientos de contestación europea. Buscar crear una correlación de fuerzas en el Consejo Europeo implica considerar que este último tiene algún tipo de legitimidad. Ahora bien, el Consejo no tiene otra legitimidad que la de cada país. Es un organismo de coordinación y no de subordinación. Es cierto que tiende a comportarse como un organismo de subordinación; pero, ¿es necesario aceptarlo? ¿Es necesario plegarse a la visión antidemocrática de las instituciones europeas? Haciéndolo, se pierde una batalla antes incluso de haberla librado.

Concretando más, construir una correlación de fuerzas implica que los movimientos antiausteridad lleguen de forma simultánea al poder en diferentes países. Pero, debemos constatar que esta perspectiva no resulta creíble. Los tiempos electorales y políticos son propios de cada país, porque traducen la historia y la cultura política nacionales. Y tú sabes algo de esto, hoy en día, en España.

Así, comprometiéndose en la vía de la construcción de una correlación de fuerzas en el seno del Consejo Europeo, Podemos hace un doble regalo a los partidarios de la austeridad. Por un lado, hace un regalo a los enemigos de los pueblos reconociéndoles una legitimidad que no tienen y, por otro, arrastra a los diferentes movimientos hacia un camino ilusorio, el que consistiría en esperar que las elecciones permitan la llegada al poder simultáneamente de una mayoría antiausteridad en los países de la Unión Europea.

Por lo tanto, nos parece que es un camino peligroso, incluso suicida, en el que Podemos se embarca.

III. Construir el campo del enfrentamiento

Entonces, la cuestión más importante que se plantea es la de la construcción del campo político del enfrentamiento. Este campo debe construirse en España –como en todos los demás países– y en la Unión Europea. Pero, en esta construcción, dos elementos van a tener un peso importante para el futuro.

A. Europa. Se plantea la cuestión de la relación con las instituciones europeas, convertidas hoy en día en la trinchera de los partidarios de la austeridad y concebidas como tal en realidad desde el primer momento. Todos deseamos una amplia coordinación entre los países europeos, incluyendo, claro está, a los países que no son miembros de la Unión Europea, como Suiza, Noruega, Rusia e incluso los del Magreb. Pero, hemos de constatar que la implacable lógica de la política se impone sobre lo que concierne a la naturaleza de nuestras relaciones con las instituciones europeas. Es peligroso aquí alimentar y mantener espejismos y pensamos que ciertos puntos del programa de Podemos son precisamente de esta naturaleza. No sirve de nada poner por delante la sincera voluntad de construir “otra” Europa si los dirigentes europeos están decididos a favor del conflicto.

Desde el mismo momento en que la llegada al poder de un movimiento o un partido en uno de los países de la UE amenace con poner en cuestión poder y privilegios, los partidarios de la austeridad pondrán en marcha, y lo hemos visto en el caso de Grecia de la primavera del 2015, todos los medios a su disposición, incluso medios ilegales y prácticas de corrupción, para conducir a ese movimiento o a ese partido al arrepentimiento. La naturaleza de las relaciones entre los partidarios de la austeridad y sus adversarios es del tipo de pareja amigos/enemigos. Será una lucha sin piedad. Seremos inmediatamente proyectados a la lógica del antagonismo. Hace falta entonces plantearse aquí la cuestión del programa y de la acción de Podemos. ¿Estáis preparados para este enfrentamiento y todas sus consecuencias?

Esta perspectiva implica definir el círculo de las relaciones “agónicas”, es decir, entre adversarios susceptibles de unirse para resistir a enemigos comunes. De hecho, la naturaleza del enfrentamiento con las instituciones europeas no depende de Podemos, como no ha dependido de Syriza. Esta naturaleza estará determinada por la acción de los dirigentes europeos; si para llegar a un acuerdo hacen falta dos voluntades, sólo una es necesaria para provocar el conflicto. Pero, al imponer un marco de enfrentamientos antagónicos a los partidos anti-austeridad desde el mismo momento en que llegan al poder, los dirigentes europeos pueden permitir hacer emerger otro marco, el de las relaciones agónicas. Este cuadro es el de relaciones entre fuerzas verdaderamente opuestas, pero en el que el enfrentamiento con las instituciones europeas recalifica su oposición como un conflicto entre adversarios y ya no entre enemigos. La cuestión que se os plantea entonces, como se plantea a todas las fuerzas que luchan contra la austeridad en Europa, es: ¿cuáles son las fuerzas con las cuales podríais llegar a acuerdos, o a una tregua, durante el tiempo de puesta a punto de este enfrentamiento decisivo?

B. El euro. El tema del enfrentamiento con las instituciones europeas nos conduce al del euro.

Lo que se llama la “moneda única” es en realidad un mecanismo que ha bloqueado los ajustes necesarios de las tasas de cambio entre economías con estructuras muy diferentes, al mismo tiempo que ha permitido crear un espacio unificado para la especulación financiera. Es por esto por lo que el euro es hoy en día defendido fundamentalmente por los banqueros y las “finanzas”. Pero es también por lo que los países de la Europa del sur no han tenido otra opción que la de comprometerse en estrategias de devaluaciones internas, una carrera mortífera hacia “ la baja” cuyas consecuencias son inmensamente más graves que las del reajuste de las tasas de cambio. Este es el origen real de las políticas de austeridad cuya lógica es el conducir a una “híper-austeridad”. La competencia se juega a partir de ahora en el grado de compromiso con la híper-austeridad.

La cuestión del euro no responde entonces, como pareces creer, sólo al dominio simbólico de la hegemonía cultural. Es una cuestión concreta, que se traduce en centenares de miles de despidos, en millones de jóvenes –y menos jóvenes– trabajadores privados de su empleo, en la bajada de todos los niveles mínimos sociales. No podréis llevar a cabo una política contraria a la de la austeridad sin atacar al euro. Aquí también, el ejemplo de Syriza y de Grecia está poniéndolo de manifiesto: habiendo renunciado a abandonar el euro, incluso cuando una mayoría de la población estaría ya de acuerdo con tal perspectiva, el gobierno de Syriza ha sido obligado a aplicar la misma austeridad que la de Nueva Democracia y pierde hoy en día toda la legitimidad que se derivaba de su discurso contra la austeridad. La estrategia que consiste en buscar “ganar tiempo” es aquí, muy claramente, una estrategia perdedora. Al final, vosotros estaréis, no lo dudéis, enfrentados a las mismas opciones. ¿Cuál será, entonces, vuestra respuesta?

Durante tu estancia en París, en septiembre de 2015, declaraste que una salida de la zona euro no era factible, desde el punto de vista español, más que a condición de que otro país miembro de la UE, con más peso económico que España, no la contemplara antes oficialmente. Tu toma de posición quiere ser respetuosa con los debates que atraviesan a numerosas fuerzas políticas, incluida Podemos –como hemos podido constatar en su última universidad de verano–. En el número de la New Left Review que ya hemos mencionado, recordabas que Podemos es hoy en día percibido como un “instrumento fundamental del cambio político” [2]. El aggiornamento permanente al que sus militantes le someten no será posible si no aceptas debatir sobre cuestiones y temas a los que debemos hacer frente.

Te rogamos que creas, querido Pablo Iglesias, en nuestra resuelta voluntad de impulsar un verdadero cambio tanto en Francia como en Europa.



[1] New Left Review nº 93, julio-agosto de 2015, página 15.

[2] New Left Review nº 93, julio-agosto de 2015, página 27.







Jacques Sapir es economista y director de estudios en la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales y autor de Souveranité, Démocratie, Laïcité (París, Michalon, 2016). 

Christophe Barret es historiador y ensayista y autor de Podemos. Pour une autre Europe (Éditions du Cerf, 2015).



2 Comentarios
  • 2 ontzacoca 20/03/16 16:02

    Brillante reflexión. El "matón de patio " de escuela no admite la competencia y para lograr imponerse utiliza su poder (fáctico siempre ) y va construyendo su aparato de acólitos sobre la base de beneficiar a los que afirman y se someten a su poder. Contra quien se opone o no los reconoce, despliega su agresividad más o menos directa sobre la base de la estimación de la fortaleza de su/s oponente/s. La UE ( Sus élites ) ha adoptado este papel de vasallaje, como lo más conveniente para sus intereses, pero que están supeditados a la voluntad e intereses de el "matón " que va a mover a sus acólitos contra quién conteste a su necesidad de control total.

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  • 1 Ragnar 17/03/16 11:23

    Buena ducha de realidad política. Antes o después habrá que enfrentarse ciertamente a dos cuestiones fundamentales: la estrategia frente al euro (dentro con las manos atadas, fuera con la incertidumbre de la estrategia a adoptar para sobrevivir) y las alianzas en Europa de cara a modificar las instituciones de la UE para hacerlas más democráticas. De momento, a mi modo de ver, las premisas de Podemos adolecen de los mismos fallos que las del plan B de Varoufakis, y esta carta lo describe muy bien.

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