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Festival de San Sebastián

El ‘Caníbal’ de Martín Cuenca se queda con hambre en San Sebastián

  • El cineasta almeriense despertó en su presentación donostiarra aplausos de cortesía acompañados de más de un silbido, aunque en un pase posterior la acogida fue algo mejor
  • Fuera del apartado oficial, largas colas y sala llena para disfrutar de la virtuosa Gravity del mexicano Alfonso Cuarón, protagonizada por Sandra Bullock y George Clooney.

Noticine / infoLibre Publicada 23/09/2013 a las 21:46 Actualizada 23/09/2013 a las 22:21    
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El director Manuel Martín Cuenca junto a los actores Antonio de la Torre y Olimpia Melinte.

El director Manuel Martín Cuenca junto a los actores Antonio de la Torre y Olimpia Melinte.

JUAN HERRERO
Casi en el ecuador de esta 61ª edición del Festival de San Sebastián se ha presentado el último trabajo del andaluz Manuel Martin Cuenca, una de las cintas con más "run run" (versión española del "buzz") de esta edición, algo que sin duda ha sido manejado con habilidad por los publicistas de la productora MOD, necesitada de que una cinta de difícil encaje comercial pueda despertar interés. Caníbal, presentada a concurso este lunes, ha dividido a la prensa, con una mayoría no del todo convencida (o claramente contraria), pero una parte de defensores acérrimos.

Fuera del apartado oficial, largas colas y sala llena –el histórico teatro Victoria Eugenia– para disfrutar de la virtuosa Gravity del mexicano Alfonso Cuarón, financiada por la Warner Bros. y protagonizada por Sandra Bullock y George Clooney. Con pocos mimbres de partida, el autor de Y tu mamá también, con la ayuda de su hijo, es capaz de crear un film fascinante y sorprendentemente entretenido.

Viejo conocido de este festival, Manuel Martín Cuenca prefirió estrenar en Toronto, pero concursar luego aquí, con la que unos pocos dicen que es "la mejor película española del año", aserto más que discutible. El cineasta vino primero a participar en Zabaltegi con su cinta La flaqueza del bolchevique y luego concursó en 2005 con Malas temporadas. Ni esas ni su siguiente cinta, La mitad de Oscar, funcionaron en la taquilla, ni tuvieron una distribución importante.

Un sastre que devora mujeres

Sin embargo, Martín Cuenca insiste, logra productor, subvenciones europeas y talleres de guión para mejorar su drama granadino Caníbal, un lento thriller que narra la historia de Carlos, supuestamente el mejor sastre de la ciudad de Granada (lo dice la sinopsis, nada lo indica en la película, porque lo único que sabemos le encargan es hacer una copia del manto de una virgen para un paso de Semana Santa), y que se pasa todo el día mirando por la ventana. El sastre en cuestión mata, según propia confesión, a mujeres que le gustan –preferentemente extranjeras, para que se note menos– para después devorarlas

Tras acabar con ellas de forma que no vemos (salvo al principio, en un provocado accidente de tráfico) las desnuda, huele, acaricia y filetea (eso por suerte tampoco lo vemos) para luego comérselas. En realidad, según lo visto en pantalla, esa carne es su único sustento, porque ni come otra cosa ni en su frigorífico hay otra cosa. De esta dinámica le saca una chica rumana a cuya hermana ha matado y fileteado previamente.

Quizás en este relato puede haber algo del cuento de Caperucita Roja, ya que hay mucho del lobo malvado, que quiere comerse todo el tiempo a las indefensas chicas, en el personaje de Antonio de la Torre, quien encomiablemente se esfuerza con éxito en aportar cierta credibilidad a un personaje que mira mucho, habla poco y de cuyos antecedentes nada en absoluto sabemos, salvo que no tiene familia. Hay más de una y de dos incongruencias en el detalle extraño de atacar a las mujeres que le atraen, pues divisa a las víctimas a larga distancia y por pocos minutos.

El protagonista se enamora

De pronto entra en su vida una guapa masajista rumana llamada Alexandra, que será vecina suya, y coqueteara con él. Repentinamente la muchacha, después de pedirle ayuda, desaparece “misteriosamente”, y es en ese momento cuando aparece en escena su hermana Nina, de carácter algo tímido y retraído (la misma actriz ya no rubia, sino morena –suspiros por Kim Novak en Vértigo–), y por la que el protagonista sentirá por primera vez algo hasta entonces desconocido para él, amor en vez de apetito.

El desarrollo de la historia es lento, poco creíble, y además predecible en todo momento. Es una película que está continuamente desmintiéndose a sí misma, y con un guión con mas agujeros que un queso gruyer. Aplaudida en Toronto según se cuenta, y optando a la carrera de los Oscar por España, en su presentación donostiarra a la prensa tuvo aplausos de cortesía acompañados de más de un silbido, aunque en un pase posterior la acogida fue algo mejor. La actriz rumana Olimpia Melinte esta digna en su doble papel, sin duda lleno de merito, pues es complicado lucirse en una película de estas características.

La segunda cinta a concurso del día ha sido la austriaca Oktober/November, dirigida por Martin Gschlacht. Narra la historia de dos hermanas que vuelven a estar juntas, cuando repentinamente el padre de ambas sufre un ataque cardiaco. El escenario es un hotel en los Alpes que ya se encuentra cerrado, y donde siguen viviendo Verena con su marido, su hijo y el padre. Verena tiene una relación paralela y secreta con el médico del pueblo, y esta se mantendrá así por respeto al padre mientras esté viva. Sonja, la otra hermana, vive en Berlín, y es una actriz reconocida, que se siente sola y se refugia en su trabajo de cine.

Esta película habla fundamentalmente de la muerte, e intenta desdramatizarla mostrándola como algo sereno y natural, algo que inevitablemente todos tendremos que afrontar. Verena tiene sentimientos contradictorios con respecto a la muerte de su padre, que debido a su delicado estado de salud puede acontecer en cualquier momento; ella sabe que cuando ese momento llegue podrá ser libre y vivir su amor sin esconderse. La cinta por momentos se hace eterna y algo caduca, habla sobre todo de la pérdida, de la falta de libertad, de la soledad y del amor, y en el auditorio Kursaal ha sido aplaudida sin excesos.


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