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Premios Goya

Cuando los Goya eran una fiesta

  • Los premios del cine español volvieron a convertirse este domingo en altavoz para las reivindicaciones sociales
  • Varios colectivos ciudadanos acudieron a la alfombra roja para protestar en una edición marcada por una ausencia, la del ministro Wert
  • 'Vivir es fácil con los ojos cerrados', gran triunfadora de una velada insípida con seis goyas, incluidos mejor película, director, guion, actor y actriz revelación

Publicada 10/02/2014 a las 00:19 10/02/2014 a las 00:19    
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El presidente de la Academia del Cine, Enrique González Macho, la vicepresidenta segunda, Judith Colell, acompañados por el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González y la consejera de Cultura, Ana Isabel Mariño.  EFE

El presidente de la Academia del Cine, Enrique González Macho, la vicepresidenta segunda, Judith Colell, acompañados por el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González y la consejera de Cultura, Ana Isabel Mariño. EFE

Sus responsables no querían una gala política, pero los premios del cine español volvieron a convertirse este domingo en altavoz para las reivindicaciones sociales. Varios colectivos ciudadanos acudieron a la alfombra roja para protestar en una edición marcada por una ausencia, la del ministro Wert. 'Vivir es fácil con los ojos cerrados', de David Trueba, gran triunfadora de una velada insípida con seis goyas, incluidos mejor película, director, guion, actor y actriz revelación.

Hubo un tiempo en que las entregas de premios eran todo lujo y pompa, palabras de agradecimiento y aplausos de un público emocionado. Hoy esos aplausos y esa emoción se han transformado en pitidos y rabia, y las congratulaciones en reivindicaciones. En estos 28 Premios Goya no eran los cinéfilos quienes aguardaban frente a la alfombra roja del Hotel Auditorium de Madrid, sino miembros de colectivos como la Plataforma Antidesahucios, los trabajadores de Coca-Cola o el gremio de figurantes, cuyos clamores remplazaron ayer a los vítores de antaño. Por delante desfilaban por turnos las estrellas, y algunas, como Paco León, recordaban ante las cámaras que, desafiando la lluvia incesante, ardía la calle.

Los responsables de la ceremonia no querían que la velada convirtiera su causa en una política, pero aquello era una aspiración difícilmente realizable. Tanto en la calle como en dentro del Hotel Auditorium de Madrid, muchos tenían en ella una plataforma para hacer escuchar sus reivindicaciones. Porque en la gran fiesta del cine tampoco había demasiado que celebrar. Basta recordar que entre las cinco nominadas a mejor película suman 700.000 espectadores y cuatro millones recaudados de diez invertidos para hacerse una idea de lo que ha supuesto el 2013 para el cine español.

La amargura de la situación económica se le ha juntado al cine con la de los malos ratos que le hace pasar el Gobierno. Si hace unos días Cristóbal Montoro anunciaba una posible rebaja del 21% de IVA, casi en el último minuto el ministro Wert echaba mano de su agenda como pretexto para desaparecer del panorama y dejar la cuestión en el aire. Inevitablemente, el ausente más presente de la noche fue el protagonista del primero de los monólogos de Manel Fuentes, que tomaba el relevo de Eva Hache. "¿De verdad que no ha venido el ministro?”, se arrancó el presentador y autor del guion. “ Yo creo que al final vendrá, porque además de ser ministro de Cultura es de Educación".

El presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho, dedicó su discurso de apertura literalmente a enumerar los varios escollos a los que se enfrenta el cine, subrayando que, eso sí, de creatividad aún andan bien. En su orden: piratería; IVA cultural; las promesas incumplidas de la Ley de 2007, que decía que para este año el cine tendría unas ayudas de 100 millones de euros, de los que se han materializado 33; el ritmo “desesperadamente lento” con el que avanza la creación de una nueva normativa para la transición a un modelo de mecenazgo, y la desesperación que causan los anuncios gubernamentales que nunca llegan a verse realizados. “A ver si a base de ser pesado me hacen caso”.

González Macho, que concluye su mandato en abril, quiso hacer un alarde de ecuanimidad y agradeció al presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, que haya mostrado públicamente su rechazo al 21% de IVA, justo en el momento en que la cámara apuntaba a José María Lassalle, el Secretario de Estado de Cultura, con la mirada fija. Visiblemente emocionado y nervioso, el presidente se despidió, quizá definitivamente, entre sonoros aplausos instando a creer “en la belleza de nuestros sueños, en la bondad de nuestro trabajo y en la posibilidad de realizarlos. El futuro pertenece a quien cree en ellos”.

Premios y 'rei-wert-dicaciones'

La insulsa ceremonia, con actuaciones de Alex O'Dogherty o Muchachada Nui, que subió al escenario a Joaquín Reyes disfrazado de activista de Femen con el pecho descubierto y al grito de 'IVA es sagrado, subid el IVA', no dio titulares reseñables más allá de las múltiples alusiones a la realidad social y en especial al ministro Wert por parte de los galardonados. O, como en el caso de Javier Bardem, que presentaba el premio a la mejor actriz de reparto (que se llevó una muy ovacionada Terele Pávez por Las Brujas de Zugarramurdi), de aquellos que tenían la oportunidad de tomar el micrófono. “Los ciudadanos siempre están por encima de los políticos, y siempre por encima de nuestro ministro de anticultura”, dijo el actor, que quiso felicitar a la marea blanca por su éxito frente al intento de privatización de la sanidad madrileña.

Igualmente contundente se mostró Mariano Barroso, director de Todas las mujeres, la película ganadora del goya al mejor guion adaptado, que afirmó que “si el ministro de defensa no fuera al desfile de las fuerzas armadas, seguramente su jefe le despediría: sería bueno que dimitiera este ministro”. Roberto Álamo, mejor actor de reparto por La gran familia española, reprochó al ministro: “Ay, Wert, Wert, me gustaría que me hubieras honrado con tu presencia. Y sin embargo me has deshonrado”. Entre las mujeres premiadas, no faltaron las alusiones a la ley del aborto de Gallardón, como las que lanzaron la mejor actriz, Marián Álvarez (por La herida), o Natalia de Molina, actriz revelación por Vivir es fácil con los ojos cerrados, que se mostró rotunda: “No quiero que nadie decida por mí”.

“Qué sería de nosotros sin los insultos de los que nos tienen que insultar”: Trueba vencedor

Ganadora en cantidad de cabezones recibidos, ocho de diez, no podría decirse que Las brujas de Zugarramurdi de un ausente Álex de la Iglesia resultara la vencedora. Como ya se sabía, dado que no estaba presente en las categorías de mejor película o mejor director, el único gran galardón que recibió fue el de Terele Pávez, que nunca hasta ahora había sido premiada.

Después de once candidaturas acumuladas en su carrera la noche sonrió muy especialmente a David Trueba, cuya película, Vivir es fácil con los ojos cerrados, se alzó con seis goyas de siete, incluido el de mejor director, mejor guion original, mejor actor para Javier Cámara —que como Trueba se estrenaba con su primer goya—, y mejor actriz revelación. Cine y medios son ambos “responsables de dar voz a la gente humilde”, recalcó el cineasta en la primera de sus varias intervenciones, en la que puso de relevancia la importancia del papel de los profesores con vocación como el que él representa en su filme, Juan Carrión, que ahora tiene 89 años. Un valor de la educación que también quedó ensalzado a través de la ganadora al mejor documental, Las maestras de la República, que fueron fundamentales también para el avance de los derechos de las mujeres en España.

Convocado varias veces al atril, Trueba tuvo oportunidad de tocar distintos palos en sus discursos, posiblemente los de mayor profundidad y envergadura moral de los pronunciados. “Qué sería de nosotros sin los insultos de los que nos tienen que insultar”, dijo en referencia a los agravios que recibe el cine por parte del gobierno, un sentimiento de rechazo que, aseguró, es el contrario al que percibe en la calle. “Le debo más al cine que el cine a mí”, confesó, para después rendir homenaje a los periodistas que le dan voz aunque se encuentren oposición desde sus cabeceras o lanzar un guiño a Cataluña: “Hay que ir más”.

La herida, de Fernando Franco, aunque cantada, fue probablemente la revelación de esta edición: aunque era la película más modesta de las nominadas, se llevó los premios a mejor director novel para Fernando Franco y mejor actriz para Marián Álvarez, la apuesta más segura de todas las quinielas. La que partía como favorita de la velada con once nominaciones, La gran familia española, se quedó finalmente con la miel en los labios al llevarse solo dos premios, uno el de mejor actor de reparto. Para concluir una velada que no quedará para la historia por su brillantez, la gran familia del cine español se despidió bajo una lluvia de palomitas, metáfora quizá de que, aunque no siempre se recuerde, el universo del cine lo componen muchos más de quienes aparecen en pantalla.

Todos los ganadores


  • Javier Pereira, actor revelación por Stockholm
  • Arturo García, mejor dirección artística por Las brujas de Zugarramurdi
  • Francisco Delgado López, mejor diseño de vestuario por Las brujas de Zugarramurdi
  • Paco Blanco, mejor edición por Las brujas de Zugarramurdi
  • Raúl de la Fuente, mejor corto documental por Minerita
  • Pedro Solís García, mejor corto de animación por Cuerdas
  • Gaizka Urresti, mejor corto de ficción por Abstenerse agencias
  • Jaime de Armiñán, Goya de Honor
  • Josh Rouse, mejor canción original por Do you really want to be in love?, de La gran familia española
  • Charly Schmukler y Nicolás de Poulpiquet, mejor sonido por Las brujas de Zugarramurdi
  • Carlos Bernases, mejor dirección de producción por Las brujas de Zugarramurdi
  • Natalia de Molina, mejor actriz revelación por Vivir es fácil con los ojos cerrados
  • David Trueba, mejor guion original por Vivir es fácil con los ojos cerrados
  • Alejandro Hernández y Mariano Barroso, mejor guion adaptado por Todas las mujeres
  • Pat Metheny, mejor música original por Vivir es fácil con los ojos cerrados
  • Marián Álvarez, mejor actriz por La herida
  • Pau Esteve, mejor dirección de fotografía por Caníbal
  • Fernando Franco, mejor dirección novel por La herida
  • Juan Ramón Molina y Fernando Piquer, mejores efectos especiales por Las brujas de Zugarramurdi
  • Roberto Álamo, mejor interpretación masculina de reparto por La gran familia española
  • María Dolores Gómez Castro, Javier Hernández Valentín, Pedro Rodríguez 'Pedrati' y Francisco J. Rodríguez Frías,mejor peluquería y maquillaje por Las brujas de Zugarramurdi
  • Michael Haneke, mejor película europea por Amour
  • Miguel Ferrari, mejor película iberoamericana por Azul y no tan rosa
  • Juan José Campanella, mejor película de animación por Futbolín
  • Pilar Pérez Solano, mejor película documental por Las maestras de la república
  • Javier Cámara, mejor actor por Vivir es fácil con los ojos cerrados
  • David Trueba, mejor director por Vivir es fácil con los ojos cerrados
  • David Trueba, mejor película por Vivir es fácil con los ojos cerrados




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