Francia

El apartamento, el crimen organizado corso y la seguridad de Hollande

Francois Hollande durante una mesa redonda celebrada el pasado lunes.

Mediapart

¿Estuvo en peligro el presidente? La hipótesis de que el Elíseo haya cometido un grave error de seguridad, en lo que respecta al jefe del Estado con relación al caso de la rue du Cirque, toma más fuerza. Los lazos existentes entre el crimen organizado corso y Emmanuelle Hauck, que prestó su apartamento a François Hollande para que este mantuviera sus encuentros secretos, son muy estrechos, según varios testimonios de autoridades policiales y la documentación judicial a la que hemos tenido acceso.

Agentes de policía o gendarmes especializados en la protección de personalidades, contactados por Mediapart, hablan de deficiencias en la protección del presidente, en lo que respecta a los “antecedentes” del apartamento que frecuentó en secreto en una decena de ocasiones, según el Elíseo, por razones de carácter privado. Mantener una relación a escondidas, en un lugar vinculado objetivamente con el crimen organizado corso, supone poner en riesgo su imagen, pero también la posibilidad de que el presidente de la quinta potencia del mundo hubiese sido víctima de un chantaje.  

“Mi seguridad está garantizada en todas partes”, trató de zanjar François Hollande el martes pasado durante la rueda de prensa semestral. “En todo momento, en todos mis desplazamientos, de carácter público y privado”. Sin embargo, el Elíseo ha reconocido a Le Monde que no se investigó de forma oficial al entorno humano relacionado con el apartamento prestado al jefe del Estado. “Se ha pecado de imprudencia”, señala Denis Roux, responsable de Seguridad del presidente de la República (GSPR, por sus siglas en francés) de 1992 a 2002. “Habríamos vigilado ese apartamento”, señala, otro antiguo responsable del GSPR que solicita permanecer en el anonimato.

Porque Emmanuelle Hauck, la anfitriona de Hollande, no solo es la madre de los hijos de Michel Ferraci –antiguo director de juegos del casino Cercle Wagram, cuyos lazos con el crimen organizado corso ha quedado judicialmente probado– y la viuda de François Masini, asesinado en Córcega el 31 de mayo de 2013 en un ajuste de cuentas. Los diferentes documentos y grabaciones que se encuentran en poder de la Justicia, a los que ha tenido acceso Mediapart, ponen de manifiesto que la actriz –participó en la serie Mafiosa- tras su separación, mantuvo contacto regular con Jean Testanière, exsecretario general del casino mencionado, condenado a dos años de prisión (un año de condena firme) por “abuso de confianza” y “asociación de malhechores”, el 4 de noviembre de 2013.  

En palabras del presidente del Tribunal, Testanière, también investigado por las autoridades judiciales por un empleo ficticio en el Ayuntamiento de Levallois-Perret [próximo a París], dirigido por la UMP, desempeñó “un papel fundamental” en el desvío de fondos del casino, destinados a financiar al grupo mafioso Brise de Mer.

La mafia de la Brise du Mer, que toma su nombre de un antiguo bar del puerto de Bastia (Córcega) donde se daban cita sus integrantes, existe en Córcega desde principios de los 80, cuando comenzaron a cometer atracos y otros delitos. La investigación llevada a cabo por los jueces Serge Tounaire y Hervé Robert en el marco del caso Wagram permitió determinar que el casino estaba controlado “desde hacía varios años por individuos pertenecientes al crimen organizado corso, como los hermanos Jean-Angelo y Francis Guazelli y Richard Casanova [asesinado en abril de 2008]”, tres integrantes de la banda de Bastia.  

La “anfitriona” de François Hollande, que no ha respondido a las llamadas de Mediapart, aparece en varias grabaciones judiciales vinculadas con el terrorismo corso, en un momento en que las guerras fratricidas de la Brise de Mer se encontraban en su punto más álgido para ver quién heredaba la máquina de hacer dinero que representaba el casino Wagram.  

En una de las grabaciones que se han incorporado a la causa, Michel Ferracci, el padre de los hijos de Emmanuelle Hauck, le dice a Jean Testanière que la actriz se había dado cita con un hombre de pasado tan turbio “como del de algunos de sus conocidos” y se muestra inquieto porque no quiere que a sus hijos los rapte “un granuja”.  

Tertanière intenta entonces tranquilizarlo diciéndole que “Manu” [Emmanuelle Hauck], con quien sigue en contacto, simplemente había dicho que este hombre procedía de “un entorno parecido al de Michel”. Es decir poco recomendable… En las transcripciones, los investigadores señalan que los argumentos que da el exsecretario general de Wagram intranquilizan “aún más a Michel porque teme que sea gente con quien no él no se entiende”. Es decir: un clan rival.

Un “amigo” padrino de La Brise de Mer

Al día siguiente, los dos hombres mantuvieron una nueva conversación sobre el mismo tema. Michel Ferracci creía saber el apellido del nuevo compañero sentimental de la “anfitriona” de Hollande. “Michel aclara que esta persona conoce al hermano de 'su amigo' con el que se encuentra Jean y del que no quiere pronunciar su apellido por teléfono”, según se puede leer en las transcripciones. Michel explica que sabe cómo son las cosas en Córcega y que, puesto que es el jefe del casino Wagram, debió informarse sobre ciertos personajes que le dijeron que podían salir con su ex”.

Los investigadores sospechan entonces que Jean-Angelo Guazelli, considerado como uno de los padrinos de La Brise de Mer, podría ser este “amigo” cuyo nombre nunca fue mencionado por teléfono. Oficialmente se trata de un productor de aceite de oliva, al que se conoce como “Angelo” y que la Justicia presenta como “excerebro” del casino Wagram. El 4 de noviembre de 2013 fue condenado a 3 años de prisió (2 de ellos firmes) y a 100.000 euros de multa.

Horas después de haber intentado calmar a Michel Ferracci, Jean Testanière habla de nuevo por teléfono, pero en esta ocasión o hace con la propia Emmanuelle Hauck. Según las transcripciones de la conversación, le asegura a la actriz que “nuestro amigo”, al que “no hay que mencionar” está “con ella a muerte”. Hauck pregunta entonces a Testanière si su excompañero sentimental habló al que vuelven a llamar “nuestro amigo”, a lo que él responde que no y añade que Michel Ferracci no se atreve porque tiene miedo.

Estas escuchas judiciales permiten esclarecer otro asunto interesante: “nuestro amigo”, cuyo nombre ocultan, pero que los investigadores sospechan que es Jean Angelo Guazello, da su bendición al nuevo compañero sentimental de Emmanuelle Hauck. A día de hoy, se desconocen las razones que llevan a que un capo del crimen organizado corso a decirle a una actriz sí puede o no puede frecuentar a un hombre o a otro.  

Tras separarse oficialmente de Michel Ferracci, Emmanuelle Hauck vivió con François Masini, otro corso, viejo conocido de los servicios policiales por la comisión de atracos y que las autoridades judiciales consideraban “próximo a La Brise de Mer”. Este fue asesinado el 31 de mayo de 2013, en la comuna de San-Nicolao (Alta Córcega). La esquela habla de Emmanuelle Hauck como de su compañera sentimental. Este comerciante de 48 años, que el diario Corse-Matin describe como “muy implicado profesionalmente en su microrregión [Sante-Reparata-di-Moriani, Alta Córcega], ya había sido herido en octubre de 1993, en un tiroteo ocurrido en pleno centro de Bastia.  

Según el diario, este viejo caso no tendría vinculación alguna con el asesinato del compañero de Emmanuelle Hauck y el “método planeado” utilizado por sus asesinos: “emboscada, acción y repliegue sin dejar huella”. En el marco de la investigación llevada a cabo por la dirección regional de la policial judicial de Bastia, los investigadores –según Le Monde–, le interrogaron en tres ocasiones como testigo. La instrucción continua abierta.  

El nombre de François Masini volvería a salir varias semanas después de su asesinado relacionado con el caso del “tiroteo de Castagniccia”, en el que cuatro hombres que circulaban en un vehículo recibieron varios tiros, en la noche del 2 al 3 de julio de 2013, en la comuna de Casabianca (Alta Córcega). Tres de las víctimas “viejos conocidos de las autoridades judiciales” y “bajo vigilancia de las autoridades judiciales”, eran según Corse-Matin consideradas personas próximas al compañero sentimental de Emmanuelle Hauck, pero también de Christian Leoni, un empresario perteneciente a La Brise de Mer y también asesinado en octubre de 2011.  

En ese caso, François Hollande ¿tuvo noticias de los lazos existentes entre este peligroso entorno y su anfitriona ocasional? Desde el domingo, el Elíseo ha dicho, tanto a Le Monde como a Mediapart, que el jefe del Estado ignoraba el “pedrigrí” que tenía el apartamento.  

Por tanto, numerosas cuestiones siguen en el aire. Los hombres del GSPR, responsable de la protección del presidente, ¿conocían las “particularidades” del alojamiento (por no hablar de los fallos de seguridad) o las obviaron? ¿Se lo dijeron al jefe del Estado, que las pasó por alto? La responsable del GSPR, Sophie Hatt, ¿había sido informada de estas salidas por las sombras de François Hollande (los dos agentes que no le quitan ojo), o la mantuvieron al margen?  

Preguntada por Mediapart, la actual responsable del GSPR no ha querido responder a nuestras preguntas, tampoco lo han hecho sus colaboradores.

Sin embargo, algunos de sus predecesores en el cargo han mostrado su sorpresa. “Se cometió una imprudencia, por llamado de algún modo”, dice el Denis Roux, responsable del GSPR de 1999 a 2002. ¿Quién la cometió? Sabedor que le faltan datos, este exgendarme no quiero poner a nadie en un aprieto. “Pero espero que todo el mundo le dé explicaciones (al GSPR)”, dice, “y que lleguemos a conocer lo que sucedió”. Una forma de decir que esto nunca debió suceder.

“Pequeño margen”  

De estar al frente, ¿habría considerado un fracaso que “su” presidente se diese cita en un apartamento así, con el nombre de un Ferracci en el buzón y el aroma persistente de un Masini en el salón? “No se puede decir de este agua no beberé”, responde. “Yo no estoy al mando, pero pienso que en mi época, el presidente no habría ido, me habría encargado de hacer todo lo posible por evitarlo. Con respecto a la naturaleza y a los antecedentes de este apartamento…”

Otro antiguo responsable del GSPR, que solicita permanecer en el anonimato, explica: “Habría puesto el apartamento bajo vigilancia, habría investigado a las personas que lo frecuentan. Le habría dicho al presidente: 'Esto es lo que tenemos…' Con motivo de un viaje oficial o en un desplazamiento privado, he llegado a decir: '¡No vaya a tal sitio!' porque existía un riesgo determinado. Por ejemplo, riesgo de que hubiese micrófonos ocultos, en un hotel que no habíamos registro. Después, el presidente es el que decide, hay un margen. Con independencia de las precauciones que tome el GSPR, tiene margen y libertad para opinar”.  

Por su parte, René-Georges Querry, responsable del servicio de protección de personalidades de 1992 a 1995, a priori no considera problemático el CV del apartamento de la rue du Cirque como problemático. “No se puede estar permanentemente en un entorno aséptico”, replica.

Preguntado por la posibilidad de que el GSPR haya ignorado incluso la existencia de Masini y Ferracci, René-Georges Querry precisa: “Querer poner en marcha una investigación supone dejar rastro y poner en peligro la discreción de la vida privada del presidente. Para llevar a cabo una investigación, es necesario husmear en los archivos policiales. Ahora bien si los oficiales de seguridad accedieron a los antecedentes policiales, por ejemplo, lo hicieron a escondidas, algo de una legalidad más que dudosa que, de haber llegado a sus oídos, habrían denunciado. Y de haber trascendido todo esto, nos encontraríamos ante un escándalo de Estado: "¡Investigaciones privadas realizadas por espias!' Han corrido el riesgo, eso es todo”.  

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Habría existido ese riego. Para un exresponsable policial de Sarkozy, en todo caso, “de no haberse llevado a cabo ninguna investigación con relación al apartamento, el GSPR habría cometido un error de bulto”, según Le Monde. “¡Es algo básico! Aún cuando Ferracci no hubiese ocupado nunca el apartamento, su apellido figura en el buzón. Basta con una simple comprobación. Imagínese que se hubiese tratado de un grupo de yihadistas! Y el expolicía apunta al ministro del Interior: “Manuel Valls necesariamente tenía que saberlo. Si él no dirige a la Policía, ¿quién la dirige? Sophie Hatt trabajó para Lionel Jospin junto con Manuel Valls, existen lazos de fidelidad, de lealtad…” Sin lugar a dudas, se trata de una deducción lógica.  

El periodista Philippe Durant, autor de la obra Haute Protection no va tan lejos. “Es condición sine quanon que los agentes de seguridad [del GSPR] eviten que ciertas informaciones se conzcan, sino no hablaríamos de protección, sino de espionaje. Lo saben todo, pero no dicen nada. Es una cuestión de integridad. No veo porqué esa información tendría que haber llegado a oídos de Manuel Valls”.

Preguntado desde el domingo de autos por Mediapart, el gabinete del ministro Valls ha asegurado que “el GSPR [tenía] una autonomía total de funcionamiento, reforzada por la práctica habitual de la cohabitación, porque es inconcebible que el ministro del Interior esté al corriente de la vida privada de un presidente”. Buen modo de evitar las preguntas algo incómodas.  

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