Palestina

“La estrategia de Israel es aplazar cualquier solución política”

Pierre Puchot (Mediapart)

En Oriente Medio, la tensión volvió a aumentar el pasado viernes 4 de julio. A pesar de que Egipto trató de mediar para recuperar la calma entre Israel y Hamás, el lanzamiento de proyectiles de mortero en el sur de Israel no cesó. En Cisjordania, miles de personas despedían al joven palestino muerto. La víspera se habían producido nuevos enfrentamientos en el barrio árabe de Shuafat, en Jerusalén.

El ejército de Israel, que acusa a Hamás de estar detrás del asesinato, el pasado 12 de junio en Cisjordania, de tres jóvenes israelíes, desplegó refuerzos en la Franja de Gaza, después de varios bombardeos esporádicos. Según el testimonio de un portavoz del ejército israelí, recogido por la agencia Reuters, se trata de “posiciones defensivas” situadas en localidades del sur del país alcanzadas por cohetes lanzados desde la Franja de Gaza. “Nuestros movimientos están dirigidos a apaciguar la situación, pero también estamos preparados por si [los palestinos] no se apaciguan”, declaró la misma fuente.

Abu Ubaida, portavoz del brazo militar de Hamás, acusa a Israel de violar el alto el fuego alcanzado en 2012 y advierte de que responderá en consecuencia. ¿Cómo se explica la radicalidad de la sociedad israelí y el avanzado estado de descomposición por el que pasa el Movimiento Nacional Palestino? Jean-François Legrain, investigador del CNRS/Ireman –instituto de investigaciones y de estudios sobre el mundo árabe y musulmán, por sus siglas en francés– responde en esta entrevista a esas cuestiones.

Pregunta: ¿Le sorprende la aceleración de los acontecimientos (racismo, llamamientos al asesinato) tras los funerales en Israel por los tres jóvenes israelíes?

Respuesta: En Israel existe un proceso de “individualización” muy fuerte cuando se secuestra o asesina a ciudadanos y a soldados. Se produce una exaltación de las personas, las autoridades hacen hincapié en su biografía, se hace intervenir a las familias; todo ello gira en torno a la idea de que: “Israel no abandona nunca a uno de sus ciudadanos y se moviliza por su protección”. De forma paralela, se difunde la idea de que los palestinos no sienten el mismo respeto por las personas. Se organizan grandes fiestas nacionales para estrechar lazos en sociedad, para generalizar la idea de que existe una amenaza permanente a la que debe hacer frente el Estado de Israel y, por tanto, de la solidaridad necesaria con la que debe contar el Estado en el seno de la comunidad internacional.

La paradoja de la situación actual radica en que las autoridades se encuentran superadas por la amplitud del fenómeno de identificación con las víctimas y con los llamamientos a la venganza. Se ha producido el asesinato del joven palestino, se ha desplegado a la policía para tratar de proteger a los palestinos. Ha ocurrido algo rarísimo: Netanyahu ha llamado a la calma a los israelíes.

P: La clase política dirigente, ¿se podría ver superada por la radicalidad de una parte de la población?

R: Hay una clase dirigente que juega con fuego, pero no es nada nuevo. Si se estudia la política israelí llevada a cabo estos últimos años, está concebida para deslegitimar a Mahmud Abbas, aun cuando Israel necesita de la existencia de la Autoridad Palestina que este preside. En lo que respecta a la ceremonia de inhumación de los tres israelíes, los brotes racistas y los nacionalismos exacerbados posteriores, efectivamente fueron un desliz. Sin embargo, hace años que asistimos a la derechización de la sociedad israelí en su conjunto. En el Gobierno actual hay miembros de la extrema derecha.

P: Se tiene la sensación de que las declaraciones de Netanyahu son más comedidas que las realizadas en vísperas de la operación Plomo Fundido, en la Franja de Gaza, en diciembre de 2008.

R: Si Israel hubiese decidido iniciar una escalada militar, lo habría hecho ya. Ahora bien, hemos asistido, si se puede decir así, a reacciones “habituales”. Entre Plomo Fundido y la situación actual, los contextos son diferentes. Por un lado, el secuestro de israelíes ha ocurrido en Cisjordania y no en Gaza o en la frontera. No se ve a Israel bombardeando Cisjordania. Es más improbable porque, insisto, Israel necesita a la Autoridad Palestina. Tras el secuestro de los tres israelíes, se ha producido una cooperación militar con los palestinos y, hasta donde yo sé, sin restricciones.

P: ¿Por qué necesita Israel a la Autoridad Palestina, aun cuando trata de desacreditar a su presidente, Mahmud Abbas?

R: Es paradójico pero hay que tener en cuenta dos elementos, Hamás también es la Autoridad Palestina, ya que ha obtenido la mayoría absoluta en número de votos y de escaños en las últimas elecciones legislativas. Por esa razón, la Autoridad Hamás de Gaza debería ser la Autoridad Palestina, en lugar de la instalada en Ramala, donde se encuentra la presidencia.

Desde 2007, incluso 2005, Israel tiene en marcha una política dirigida a no dar respuesta alguna a las demandas palestinas de reconocimiento de sus derechos nacionales. Estos derechos han sido reconocidos por la ONU, pero Israel sigue negándoselos y no quiere ponerlos en marcha. Israel aboga por la separación de la Franja de Gaza y Cisjordania. Por eso Ariel Sharon decidió retirar a los colonos y al ejército de la Franja de Gaza en 2005. Israel consideraba, pese a ser falso desde el punto de vista del derecho internacional, que ya no era una potencia ocupante en este territorio. En ese momento marcaba claramente diferencias con Cisjordania.

Esta estrategia se ha visto completada, si se puede decir así, en 2007, con las tensiones entre Hamás y Al Fatah. Al Fatah, con el apoyo de EEUU, orquestaba un golpe de Estado, para derrocar a Hamás. Tres días antes de la fecha inicialmente prevista, se filtró a la prensa israelí documentos sobre la preparación de dicho golpe de estado. Hamás tomó el control de la seguridad en la Franja de Gaza. Desde entonces, existe una especie de pacto no escrito, entre Hamás y el Gobierno israelí, según el cual Hamás es responsable de la seguridad de la frontera con Israel. Como no hacen suficientemente bien su trabajo, se produce la intervención israelí para recordarles la función que deben desempeñar. Lo vimos el pasado 2 de julio con el lanzamiento del cohete sobre la ciudad de Sderot y los ataques aéreos posteriores.

P: Hamás y la Autoridad Palestina se encuentran completamente desbordados, ¿cómo se explica?

R: La Autoridad de Ramala y Al Fatah casi no tienen programa político, salvo el de aferrarse, en una especie de negación de la realidad, a la solución de los dos Estados, solución a la que se podría llegar mediante las negociaciones. Ahora bien, hace lustros que se ha puesto de manifiesto que las negociaciones que no desembocaban en la división de Palestina en dos. El movimiento Al Fatah, y más allá, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) es incapaz de elaborar una estrategia alternativa.

Hamás tiene una estrategia y una gran maleabilidad. En sus orígenes, era un movimiento similar al de los Hermanos Musulmanes. Su acción estaba basada en la predicación. En 1987, cuando la asociación palestina de los Hermanos Musulmanes creó Hamás, se incorporó la estrategia del compromiso antiisraelí. Este compromiso ha sido más o menos importante según los periodos, lo que evidenció la gran capacidad de adaptación de Hamás. Cuando el compromiso antiisraelí implicaba derivadas que podían poner en riesgo su existencia, daba marcha atrás; el movimiento negoció y respetó los altos el fuego, los periodos en los que cesaban los combates. Posteriormente, entró en la escena política palestina tras las elecciones.

Así es como interpreto lo ocurrido en abril de 2004, con la formación a cargo de los dos campos palestino del gobierno de entente nacional. Hamás consideró que de continuar reivindicando el control político podía acarrearle muchos más inconvenientes que ventajas. Firmó esta cuasi reedición que supone el acuerdo de Shati y todo lo que vendría a continuación. Porque el gobierno, denominado independiente, es en la práctica la continuación del ejecutivo anterior, con el mismo primer ministro, el mismo viceprimer ministro, el mismo ministro de Asuntos Exteriores. Hamás reconoció él mismo que en ningún momento este gobierno se puso en contacto con la población de Gaza.

Los funcionarios de Gaza, reclutados a partir de 2007, no reciben ninguna remuneración, pese a que han de unificarse con los de Ramala y con los existentes con anterioridad a 2007. A día de hoy, la política que se ha puesto en marcha es la de Mahmud Abbas y Hamás se ha quedado en la estacada. La fuerza de esta política radica en la preservación a cualquier precio del acuerdo de Oslo. De ahí la preocupación por la pervivencia de la Autoridad Palestina.

P: Este callejón sin salida del Movimiento Nacional Palestino ¿no radica en esta voluntad de querer preservar a cualquier precio el proceso de Oslo, que ha demostrado de sobra que ha sido un fracaso?

R: La crisis del nacionalismo palestino es mucho más profunda. Hay un movimiento ascendente, que se puede calificar de “palestinización”, que comienza a partir de la derrota de los árabes en 1967 y del arabismo como ideología dirigida a controlar la causa palestina –era la política de Nasser– hasta 1988. Palestina ya no se ha vuelto a percibir como mera parte del mundo árabe, sino como un componente nacional en sí mismo, que los palestinos tenían que liberar. Al mismo tiempo se ha producido un proceso de palestinización del liderazgo. De la liberación del conjunto de Palestina, hemos pasado a aceptar dividir Palestina en dos estados, en 1988.

Después, hay otra vertiente, descendiente, que califico de “despalestinización” porque el vínculo nacional se ha ido desmoronando poco a poco. Los organismos de decisión se han convertido, como ocurrió antes de 1967, en una simple caja de resonancia de los intereses contradictorios de unos y otros. Se puede comenzar a ver los primeros signos de todo esto en 2004. Para resolver los problemas entre palestinos, cada parte recurre a un padrino. En un primer lugar, el Egipto de Mubarak, que respaldaba a Abbas; después el Egipto de Morsi, que respaldaba a Hamás, después el Egipto de Al Sisi, que respalda a Abbas. Después Siria, Yemen, Qatar, ejercieron de padrinos de Hamás, Arabia Saudí, que trató de ejercer de padrino de Abbas... Las rivalidades dentro del mundo árabe y fuera de él con Irán y Turquía constituyen un marco en el que cada uno utiliza una carta palestina.

P: ¿Qué interés tienen todas estas partes en la cuestión palestina?

R: Cada uno tiene sus razones. El Egipto de Mubarak y Al Sisi, pero también Morsi, mantenía sus intereses de seguridad con el control de la frontera con Rafah y consideraba que la cuestión palestina era primordial en su diplomacia. Qatar apoyó a Hamás en el marco del apoyo general concedido a los diferentes movimientos que tenían su origen en los Hermanos Musulmanes. Irán, por su política regional consistente en una alianza llamada “ de resistencia” a Israel y a los EEUU que engloba a Hamás frente a un escenario pro-occidental.

P: El mes pasado, un representante de la localidad de Nabi Saleh, en Cisjordania, de paso en Francia gracias al apoyo de Amnistía Internacional, calificó la solución de crear dos Estados de utopía y reivindicó la existencia de un solo Estado, binacional, en todo Palestina. ¿Se trata de un punto de vista mayoritario?

R: No, todavía es marginal. Durante mucho tiempo, esto solo lo creían algunos intelectuales. Sin embargo, toda la tradición política de la OLP desde finales de los 70, pasaba por la división en dos de Palestina. El regreso a esta idea de constituit un solo estado no es fácil.

No veo lo que llevaría al Gobierno israelí a considerar un Estado único, como no considera la división en dos Estados, entendidos estos en situación de igualdad. Mucho me temo que ningunas de estas dos soluciones se va a tener en consideración, ya que hay una desproporción total entre las partes y porque, desde 1991, la comunidad internacional ha renunciado a aportar una solución, de la mano de la ONU, con los medios de coerción de Naciones Unidas. En esta situación de negoción bilateral, desde el momento en que las dos partes no se encuentran en situación de igualdad, la negociación no va a dar frutos. Soy muy pesimista sobre el hecho de que se puedan encontrar soluciones más allá del statu quo y de los pequeños parches.

P: Y esto porque ¿Israel lleva a cabo una política del statu quo perpetuo?

R: Israel tiene una estrategia a largo plazo, que es mantener una superioridad militar aplastante con relación al conjunto de los Estados de la región, garantizada por la cuestión nuclear. De ahí la movilización contra Irán, país que si tiene acceso a la energía nuclear, haría peligrar dicha superioridad. Y después hay otro asunto, el de la gestión de la relación de fuerza con el vecino más próximo, los palestinos. Cuando se presenta la ocasión, se trata de encontrar el mejor modo de posponer una solución política manteniendo la violencia en su nivel más bajo, para que no haya ni intifada ni atentados reiterados.

P: De hecho, pese a la violencia actual, la perspectiva de una tercera intifada de la que se habla desde hace diez años parece improbable, ¿por qué?

Israel vuelve a bombardear Gaza después de que Hamás rechazara el alto el fuego

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R:

La tercera intifada es un eslogan utilizado o bien para hacer creer que se es lo suficientemente poderoso –Hamás así lo aseguró la semana pasada- o, del lado israelí, para mantener la idea de que existe una amenaza permanente. Desde hace varios años, asistimos a una violencia de bajo nivel, por cansancio, pero no solo por esa razón. Poco a poco, en los territorios palestinos, han aparecido comportamientos inherentes al consumismo y una dependencia de los bancos debido a la solicitud de préstamos para el coche, la casa, el electrodoméstico... es cada vez más difícil romper con ello, y la juventud, fuera de un grupo al que se ve tirar piedras, está desengañada. Se trata de una generación que vive en el presente y se ha alejada del compromiso nacionalista.

Traducción: Mariola Moreno

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