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Los diablos azules

‘Los sesenta’, una revista de Max Aub

  • La editorial Renacimiento edita por primera vez en España la publicación realizada en el exilio (1964-1965) por el escritor y otros literatos
  • Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Rafael Alberti y Dámaso Alonso fueron coeditores de Los sesenta, que editaba solo a autores que superaban esa edad

Xelo Candel Vila Publicada 08/04/2016 a las 06:00 Actualizada 08/04/2016 a las 11:38    
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El poeta mexicano Alí Chumacero, a la izquierda, junto a Max Aub y León Felipe.

El poeta mexicano Alí Chumacero, Max Aub y León Felipe.

FUNDACIÓN MAX AUB
La editorial Renacimiento de Sevilla, en su colección Ulises, acaba de publicar por primera vez en España la mítica revista literaria Los sesenta que Max Aub editó en México entre 1964 y 1965 con la colaboración de algunos miembros de la Generación del 27. La edición, preparada por Gabriele Morelli y por mí, nos permite repasar la sorprendente correspondencia que hubo entre Max Aub y estos poetas del 27 en un momento de inflexión en todos ellos tras el viraje dado por la poesía española hacia la estética realista en la posguerra. Las cartas de Max Aub, especialmente, con Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y Jorge Guillén, que se conservan en la Fundación Max Aub de Segorbe, y que han sido clave en la preparación de este trabajo, revelan también importantes argumentaciones teóricas en torno a la pervivencia de la vanguardia, el auge del realismo o la aparición en el panorama español de nuevas voces poéticas. Un documento, sin duda alguna, privilegiado para obtener una visión novedosa de la poesía española.

Max Aub concibió la idea de publicar una revista literaria —Los sesenta— en la que como condición sine qua non pudieran participar solamente autores que hubieran cumplido esa edad. Su primera intención fue hacer partícipes de dicho proyecto a algunos amigos de la generación poética del 27 con los que compartía inquietudes literarias, pero indudablemente la revista permitía, además, mostrar a las nuevas generaciones que todavía ellos seguían no sólo en pie, pese a la dispersión a la que les obligó el exilio, sino que también seguían en contacto directo entre ellos. Así lo hizo saber a quienes serían finalmente, junto con Bernardo Giner de los Ríos, los coeditores de la revista: Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Rafael Alberti y Dámaso Alonso. El origen de la misma debemos, sin embargo, remontarlo al año 1958 cuando ya Aub había propuesto a sus compañeros publicar una revista generacional, que de haberse llevado a cabo entonces podría haberse llamado In memoriam o Sed, como apunta él mismo en diversas cartas. El proyecto tuvo que aplazarse debido a un viaje que Aub realizó por Europa a finales de 1958. En la correspondencia con los coeditores Max Aub no retomó el tema de la edición de una revista literaria generacional hasta el año 1963. A través de sus cartas con Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Rafael Alberti y Dámaso Alonso, sabemos que la intención de Aub era crear una revista literaria en la que no tuvieran cabida notas críticas ni notas a pie de página, sólo textos literarios de diversa índole y condición sin necesidad de limitarse a un solo género, parecida a lo que fueron en su tiempo revistas como Mesure o Commerce.

Desde el principio de la singladura, Aub pidió siempre ayuda a sus coeditores para que establecieran contactos con los escritores que tuvieran cerca. Su intención era abrir la revista a la literatura internacional y para ello les encargaba que mediaran en cada país de residencia con escritores de relieve que merecieran formar parte de la nómina, aunque muchos intentos resultaron infructuosos debido a la breve vida de la revista. A Alberti le pide que medie para conseguir textos de Giuseppe Ungaretti, Eugenio Montale y Salvatore Quasimodo, y a Guillermo de Torre le solicita que sirva como intermediario con Borges. Sin embargo, sus colaboradores no parecían tan interesados en establecer contactos directos por lo que el peso de la revista en general seguía estando en manos de Aub, quien era al final el que se ponía en comunicación con muchos de los autores. Aun así, en la revista encontramos algunos nombres de escritores mexicanos como Xavier Villaurrutia, Salvador Novo o Julio Torri y el del francés André Malraux. También intentó que pudieran incorporarse textos de Manuel Azaña, Gerardo Diego, Corpus Barga o Ramón del Valle-Inclán, entre otros.

Las cartas con los colaboradores nos dan la clave de cómo se fueron configurando los números de la revista. Aub tuvo que ir adaptando las aportaciones de diversos autores en función de cambios de última hora, de imprevistos y de los retrasos en los respectivos envíos de muchos autores. Algunos de ellos incluso murieron durante los años de vigencia de la revista, así Manuel Altolaguirre, en 1959; Emilio Prados, en 1962; Luis Cernuda, en 1963 o Salazar Chapela, en 1965. Otros nombres encontraron graves restricciones por parte de los coeditores, como ocurrió con Antonio Espina, o se negaron a participar en la revista, como José Bergamín, debido a su enfrentamiento personal e ideológico con Dámaso y Aleixandre. En otras ocasiones, la relación fue muy fluida como fue el caso de Guillermo de Torre, Salazar Chapela o Rafael Martínez Nadal.

De la revista se publicaron cinco números, que son lo que se recuperan en esta edición. Pese a que el último número lleva la fecha del 16 de diciembre de 1965, nos consta, por el epistolario de Aub con diversos autores, que su idea era continuar con la revista y que al menos fueron planeados hasta dos números más de la misma. Sabemos, pues, que el número seis de la revista estaba esperando a ser publicado pero ya estaba totalmente cerrado al igual que el número siete. Suponemos que en esos números perdidos saldrían seguramente los poemas de Jorge Guillén que no pudieron publicarse previamente, tal vez también podría ir el trabajo de Martínez Nadal sobre El publico de Lorca, que tanto persiguió Aub, algún trabajo de Francisco Ayala y unas entrevistas que André Camp le había hecho a José Bergamín sobre su vida y obra para la Radio Televisión Francesa.

En definitiva, la edición de Los sesenta resulta imprescindible para entender el diálogo entre los diversos exilios. En ella se ponen de manifiesto diferentes aportaciones a la literatura de autores exiliados o relacionados con la cultura española, desde el Juan Ramón Jiménez más reflexivo pasando por los nombres destacados de la vanguardia en un claro momento de inflexión hasta llegar a algunos autores más vinculados a la vertiente realista.

*Xelo Candel Vila es doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia y poeta. Su último libro es 'Hueco. Mundo solo' (Renacimiento, 2013).


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