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Los libros

‘Imágenes en fuga de esplendor y tristeza’, de Luis Antonio de Villena

  • La discursividad del autor se decanta y perfecciona, y cada vez se plantea como una superación o vuelta de tuerca a un estilo muy personal
  • Sus textos vienen ilustrados, en algunos casos, con una foto que representa bien al personaje del que se habla o bien algún muchacho

Publicada 14/07/2016 a las 18:27 Actualizada 14/07/2016 a las 19:55    
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Portada de Imágenes en fuga de esplendor y tristeza, de Luis Antonio de Villena.

Portada de Imágenes en fuga de esplendor y tristeza, de Luis Antonio de Villena.

Imágenes en fuga de esplendor y tristeza
Luis Antonio de Villena
Visor
Madrid
2016

Imágenes en fuga de esplendor y tristeza no es un libro más de Luis Antonio de Villena, sino una cala, o profundización en un ciclo —por establecer algún tipo de taxonomía— que comenzó con La prosa del mundo (2007), continuó con Proyecto para excavar una villa romana en el páramo (2011), y que tiene ahora esta extraordinaria tercera entrega. Pero a falta de una ulterior cala, podríamos subrayar que no se trata, en cualquier caso, de partes de un mismo volumen sino que nos referimos a una particular discursividad que viene fraguándose en décadas anteriores, decantándose y perfeccionándose, y que cada vez se plantea como una superación o vuelta de tuerca a un estilo muy personal. Así, la voz de Luis Antonio de Villena posee marcas que nos hablan de ciertos rasgos que la caracterizan a través de los años, y esparcidos en sus diferentes obras.


Estos rasgos podrían detectarse desde libros muy tempranos, pero centrándonos en este ciclo, diríamos que hay una indiferenciación buscada entre la poesía y la prosa. El propio autor, en su ya habitual "nota al final" de sus libros, suele facilitarnos algunas indicaciones de cómo se ha desarrollado el libro, las fechas, o algún otro elemento útil para la hermeneusis o intencionalidad que suelen ser bastante interesantes: "Me gusta mezclar altos y bajos niveles lingüísticos y buscar un poema con versos largos y ritmos nuevos, que admitan los sonidos de quiebros y encabalgamientos y no sólo lo sonidos —rimas— de cada fin versal. No hay poesía sin sonoridad y pasión, pero la estricta métrica tradicional resulta abusada y monocorde, incluso sin rimas consonantes. Busco territorios nuevos en la sonoridad versicular, aunque sé que muchos no quieren permitirlo. Pero eso nada importa" (pp. 236-237). Podríamos decirlo nosotros de otro modo pero no mejor, ya que este aspecto sonoro que el propio autor resalta, nos parece muy destacado del conjunto de la escritura villeniana. Y hablamos de escritura como un todo, una estructura en la que la prosa es un tejido donde se escancia la poesía, una manera de verter una prosodia —de amoldar— que se va derramando por las historias, cláusulas y giros, cortes y continuaciones. Es sin duda este rasgo muy definidor de la particular manera de ritmar de Luis Antonio de Villena, y llama poderosamente la atención en el conjunto de su obra, apreciable en artículos y relatos también. Se pone en evidencia así la tesis de que un escritor no se divide en compartimentos estancos, sino que reparte su arte con estilo, y que este lo define hasta el punto que es el que le dicta cómo enmarcar los géneros, y no al contrario. El estilo hace el género, por tanto.

Dicho esto, y basten estas breves palabras como acercamiento admirativo a las más de doscientas páginas de estas Imágenes en fuga de esplendor y tristeza, Luis Antonio de Villena se sumerge en un particular laberinto verbal e imaginístico que mezcla culturalismo y realismo a la vez. Es torrencial su expresión, abre muchos canales, navega por extraños lugares, deriva hacia donde menos se espera… Los textos son, como bien reza el título del libro, "imágenes" en su mayoría, y algunos vienen ilustrados con una foto que representa bien al personaje del que se habla o bien algún muchacho. La voz verbal está guiada por un "fotógrafo", que pensamos —y no es mera suposición— que en muchas ocasiones coincide con el propio autor de los textos… La miscelánea va desde recuerdos familiares y sentimentales, "Tío Mario" (pp. 40-41) o "Papá y mamá, 1955" (pp. 124-125), hasta historias de la vida crápula madrileña o de cualquier otro lugar del mundo, "Tino" (pp. 24-25), entre otros (con un particular énfasis en el mundo de la homosexualidad y, esta vez, de la pornografía…), y en general marginados por cualquier tipo de condición. O los retratos de personajes históricos, como "Pu Yi" (pp. 34-35), o "Felipe III, Hispaniarum Rex" (pp.217-218), por citar sólo algunos. Sin olvidar todas esas reflexiones que vienen intercaladas ya en los textos, pero que a veces se encarnan en un solo "texto" como en el magnífico "Poder, ambición" (pp. 38-39). Mucho podríamos, en este sentido, hablar de la particular lectura del Poder que realiza Luis Antonio de Villena en estas Imágenes en fuga de esplendor y tristeza, y que completan una suerte de trilogía foucaultiana, paralela a los libros que comentamos al inicio, de este ciclo, y que van desde la prosa del mundo, la arqueología del saber, y ahora esta microfísica del poder sintetizada en cada una de las "imágenes", fotografías o no, virtuales o no, que analizan y detallan, con la grandeza de la poesía, algunos de estos aspectos.

Basten, por tanto, estas breves palabras para recomendar esta nueva entrega villeniana. Sus lectores le estamos agradecidos.

"Papá y mamá. 1955"

No recuerdo dónde era. Íbamos a algún cóctel.

Esa elegancia que dices, ahora hasta a mí me

suena rara. La estola de zorro, el sombrerito…

No, el matrimonio ya no funcionaba, pero como

yo era joven creía en el futuro. Se dice así. No sabes

en qué futuro, pero en el futuro. Y veía casi

como inmutable esa vida que ha cambiado tantísimo.

Quedo casi yo sola de todo ello. Y el futuro nunca

fue lo que, de algún modo esperabas, sino siempre

algo distinto. Acaso eso sea su cualidad. Mira, me

faltaron muchas cosas de las que quise, pero tuve

también otras muchas que no había imaginado…

Viajes lejanos, amigos extravagantes, mundos

muy refinados. Y no, no me olvidé de tu padre.

El primer amor nunca se olvida. Pero me cuesta mucho

perdonar que me engañara. Y es extraño. Con él

tal vez hubiera vivido peor que sin él. Ahora, cariño,

lo contemplo todo de muy lejos ya. Me lamento, gozo,

y nunca me arrepiento. Pero ¿dónde está?

Leí aquella novela que me dejaste: Toda pasión apagada.

Es cierto. No queda nada. Y una se aferra al todo. Sé

que otros pensáis otras cosas. Yo amo la vida. La amé

(pese a tantos desengaños). Claro, volvería a vivir, sin duda.

*Juan Carlos Abril es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española (Bartleby, 2014).

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