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Los diablos azules

Qué fueron los Encuentros con el 50

  • Oviedo reunió, en 1987, a los poetas Ángel González, José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Carlos Sahagún, José Manuel Caballero Bonald, Francisco Brines y Claudio Rodríguez
  • Durante tres días, los escritores y estudiosos como Víctor García de la Concha o José Luis García Martín, discutieron sobre aquella generación de posguerra 

Miguel Munárriz Publicada 22/07/2016 a las 06:00 Actualizada 26/07/2016 a las 12:55    
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Los Encuentros Literarios de Oviedo de 1987 reunieron a una generación poética, la de posguerra, durante tres días. Un libro recogió entonces, en 1990, esta conjunción de figuras de la literatura española. El editor y escritor Miguel Munárriz lo recupera ahora en una edición no venal bajo el título de Encuentros con el 50. La voz poética de una generación (Ámbito Cultural, 2016).

Los Encuentros con el 50 empezaron a gestarse en el verano de 1985, en Asturias, con Ángel González y José Agustín Goytisolo. Un año antes, estos dos poetas habían participado en Granada en un encuentro con más miembros de este grupo generacional, organizado por la revista Olvidos de Granada, en el que también participaron novelistas, entre otros, Juan García Hortelano y Juan Marsé.

El entusiasmo de Goytisolo al contar los días granadinos, la colaboración que recibiríamos de ambos poetas en los contactos preliminares con los organizadores de Granada, Luis García Montero y Mariano Maresca, fue la chispa que puso en marcha el motor para comenzar, con el apoyo de la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo, el Encuentro sobre la Generación Poética Española de los años 50, que se hizo posible en mayo de 1987. Participaron durante tres días Ángel González, José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Carlos Sahagún, José Manuel Caballero Bonald, Francisco Brines y Claudio Rodríguez. Con ellos estuvieron críticos, poetas y estudiosos de la talla de Emilio Alarcos, Víctor García de la Concha, José Luis García Martín, Alejandro Duque Amusco, Fanny Rubio, José Mª Martínez Cachero y Luis García Montero, quien pronunció una conferencia en el teatro Campoamor, rodeado de todos los poetas con los que mantuvo a continuación una larga conversación que marcó el tono de los dos días siguientes.

Cuando supe que Jaime Gil de Biedma no podría estar presente organicé una entrevista con él en Barcelona, en casa de Carme Riera. El peso de la entrevista con Jaime lo llevó Carme, como experta en la Escuela de Barcelona, y yo ejercí de inexperto ayudante frente a uno de los poetas que, con Ángel González, más admiraba. Jaime fue de una amabilidad y una educación británicas. Al finalizar salimos los dos por Barcelona en una especie de periplo para emular su capítulo “Revista de bares (o apuntes para una prehistoria de la difunta gauche divine)”, recogido en su libro El pie de la letra. “El bar es una estilización urbana de la taberna”, escribe Gil de Biedma en el volumen. Yo debería haber apuntado los nombres de los bares en los que entramos, tomando dry martinis acodados en cada barra, aunque no importan tanto los lugares en los que charlamos de poesía toda la tarde, como las cosas que Jaime me contó, entre ellas un episodio de insomnio que había sufrido hacía unos años en el que, para dormirse, “en lugar de contar ovejitas”, me dijo, “recitaba de memoria los versos del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz”. “Para ser poeta”, me dijo también un poquito achispado, “hay que pagar un precio muy alto”.


El desencanto que Jaime Gil manifiesta en la entrevista es desolador pero al mismo tiempo es el retrato de un hombre lúcido que sabe, a los 58 años, que “La vida iba en serio”. Hay un momento en que hablamos de que desde 1970 está dejando de escribir, de que ha cerrado su ciclo poético y él dice: “Es necesaria una sensualidad verbal, un dejarse llevar por las palabras que de joven, quizá es excesivo, te dejas llevar demasiado, pero de mayor es demasiado exiguo. Las palabras tienen que fascinarte, tienes que tener una sensualidad verbal que te empuje”. Y ante la pregunta de Carme Riera sobre si se había decepcionado más de la poesía que de la vida, responde: “¡Ah! Bueno, de la vida ya estaba decepcionado”.

Los Encuentros con el 50 tuvieron afortunadamente un capítulo final, que es la publicación de un libro [Encuentros con el 50. La voz de una generación (Ámbito Cultural, 2016)]que recoge con fidelidad todo lo que los poetas invitados contaron sobre generaciones, amistad, política, antologías, revistas literarias… Hoy, con motivo del 75 aniversario de Ámbito Cultural de El Corte Inglés, hemos podido recuperar, en edición no venal, un documento para estudiosos de este grupo poético con el que se cierra un ciclo en la historia de la poesía española.

*Miguel Munárriz es escritor, editor y periodista. Es el responsable de la publicación de Encuentros con el 50. La voz de una generación (Ámbito Cultural, 2016).

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