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Los libros

'El canto y la piedra': Sombras y mitos

  • La poesía en la geografía latinoamericana alcanza cotas de excelente calidad
  • Algunas antologías demuestran que la cartografía creadora en español no es un monopolio del territorio peninsular

José Luis Morante Publicada 17/03/2017 a las 10:00 Actualizada 17/03/2017 a las 12:06    
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El canto y la piedra
Mijail Lamas

Valparaíso
Granada

2017
  Algunas antologías, como El canon abierto. Última poesía en español (1970-1985), coordinada por Remedios Sánchez, demuestran que la cartografía creadora en español no es un monopolio reducido al territorio peninsular. La poesía –con sus variaciones estéticas– en la geografía latinoamericana alcanza cotas de excelente calidad. Sus líneas, sin rupturas abiertas, tienen vocación de alternativa. Una de las voces seleccionadas que merece singular atención es la de Mijail Lamas (Culiacán, Sinaloa, 1979). En una década de solidez estética, íntegra en su escritura poesía, traducción, crítica, e iniciativas culturales como la edición de la conocida revista digital Círculo de poesía.

El canto y la piedra, libro diseñado en cinco secciones de distribución heterogénea. El primer poema "Materia" tiene carácter indicativo al mirar la textura del paisaje lingüístico. La fluencia argumental no sigue la línea clara del realismo meditativo, lo que permite en su forma la distorsión sintética. En la materia está oculto un sentido que el sujeto se obstina en descubrir; las palabras sondean un itinerario cognitivo. De esta manera, lo evidente queda oscurecido para encontrar nueva claridad. Los versos desvelan la identidad; de sus indicios nacen la convulsión del canto y lo celebratorio.

Mijail Lamas confía en el valor cultural del lenguaje para preservar la experiencia y asume el respaldo de la tradición. Recurre a la mitología griega para despertar a Hécate, deidad nocturna y dueña de Cervero, perro guardián del inframundo. Hécate justifica la posición del yo como voluntad: "Hécate me entregó el cuaderno en una encrucijada. / Tiene pastas azulesazules y unos gruesos renglones infantiles. /Hécate imperativa sólo ordenó una cosa: / escribe."

La mirada pretérita propicia una inmersión en el legado helénico para articular una visión del mundo y explicar la realidad a partir de su compleja simbología; pero hace de la ironía una constante interpretativa. Se busca permanencia argumental al mito en el presente, donde la sombra del Hades no es sino grisura y costumbre en lo doméstico. El Olimpo cobra la apariencia de una barra de bar y la tierra neutra de los prados asfódelos se llena de sombras errantes de jubilados, antiguos mercenarios y sindicalistas.

"Órficas del Hades" parece augurar un tono hímnico de aliento clásico, sin embargo el subtítulo "las domésticas" deja una impresión menos esteticista, más cercana a la confesionalidad inmediata, a una dicción directa y explícita. De este modo, la recreación del pasado se humaniza y adquiere la sensación de habitable cercanía propicia a la paradoja. Hades, dios de los muertos, es solo una conciencia de solitaria frustración personal que reclama el cumplimiento de su trajinar menesteroso. La muerte se hace presencia diaria que acumula sentimiento y conmoción; es también una sombra que reclama el amor y la ternura y siente en sus pasos la costumbre y el óxido.

El tramo final del poemario deja sitio a la mitología personal del autor y a sus interferencias. El proceso de idealización de los dioses domésticos que resguardan de la intemperie también se diluye en el acontecer. Quedan la admiración y el homenaje a nombres propios como Janis Joplin y Nirvana, por su condición de amuletos contra derrotas y naufragios; pero las rutas existenciales suelen desembocar en un gregarismo que entremezcla en la misma calle luces y sombras. No hay razones para el optimismo porque somos imagen tenaz d elo precario, una navegación en la nostalgia, pobres transeúntes a quienes robaron el patrimonio triste de algún sueño o asisten a las contingencias de un discurrir abrupto, como se percibe en los enunciados documentales de "Nevermind".

En El canto y la piedra la mitología accede a lo contemporáneo. No es poso cultural retrospectivo sino una forma de mirar lo transitorio. Nuestra existencia necesita el canto, la solidez del poema, esa verdad de fondo que contiene la exactitud del límite.

*José Luis Morante es poeta y crítico literario. Ha realizado la selección de la antología Re-generación (Valparaíso, 2016).
 
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1 Comentarios
  • 1 Rollon 17/03/17 11:26

    Excelente comentario crítico, que invita a una lectura pausada. Muchas gracias.

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