X

Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es




De viva voz

Morir por cualquiera

  • Babilonia es una novela poco convencional donde el punto de vista se diluye y alterna de modo que lo que se narra resulta no más interesante que cómo se cuenta
  • Yasmina Reza dibuja a Elisabeth, que ha cruzado la barrera de los sesenta y sobre la que, sin ningún síntoma aparente, se cierne la sombra de la soledad

Sonia Asensio Publicada 19/05/2017 a las 06:00 Actualizada 18/05/2017 a las 19:48    
Facebook Twitter Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir

Babilonia
Yasmina Reza

Traducción de Javier Albiñana

Anagrama

Barcelona
2017
  No se trata de qué estarías dispuesto a hacer por mí.  La respuesta creo que reside en el momento de la vida en el que nos encontremos.  “¿Morirías por mí?”, pregunta Jim Morrison a una asustada Pamela. “Yo moriría por cualquiera, maldita sea…”, se contesta a sí mismo.


Nada tiene que ver la sexagenaria Elisabeth con Jim Morrison ni mucho menos con Pamela Courson pero por alguna razón la frase del líder de The Doors me venía constantemente a la cabeza cuando la protagonista de Babilonia toma la decisión que toma, si no por cualquiera sí por un vecino al que a pesar de algún encuentro e incluso alguna confidencia sigue tratando de usted.

Yasmina Reza ha publicado en marzo de 2017 Babilonia, en la editorial Anagrama. Es una novela poco convencional donde el punto de vista se diluye y se alterna de modo que lo que se narra resulta no más interesante que cómo se cuenta. “Un día, evocando su paso por la vida, había dicho, de todas formas lo más duro ya ha pasado.” Es de agradecer que requiera una lectura atenta donde la voz mezclada nos mantiene alertas.

Elisabeth ha cruzado la barrera de los sesenta, su hijo se ha independizado, su madre ha muerto y, sin ningún síntoma aparente, se cierne sobre ella la sombra de la soledad. A pesar de la serena relación con su marido y de su estable trabajo como ingeniera de patentes en el instituto Pasteur, los momentos en la que nos la encontramos en este relato están ubicados en el recuerdo de un antiguo amor, en la evocación de una gran amiga de juventud, en sus alusiones a un pasado con un padre del que poco más queremos conocer. Parece que en su camino apareció la melancolía y que nada del presente la atrae tanto como que la vida anterior ocupe sus desvelos.

Dos figuras masculinas la escoltan. Por un lado el fotógrafo Robert Frank y su libro Los americanos cuyas imágenes la conducen a largas reflexiones. “¿Qué importa lo que somos, lo que pensamos, lo que será de nosotros? Estamos en algún lugar del paisaje hasta el día en que dejamos de estar en él.” Por otro lado, su vecino Jean-Lino con el que celebró su sesenta y dos cumpleaños en las carreras de caballos de Auteuil. Un día la felicitó por la escalera, digamos que se cayeron bien y eso es todo, eso a veces justifica una decisión que a todas luces va a ser una mala decisión.

Elisabeth decide celebrar una fiesta de la primavera a la que asistirán algunos de sus amigos, su hermana y su vecino Jean-Lino con su esposa Lydie, el matrimonio Manoscrivi. Lydie es una cantante de jazz aficionada a la que han ido a escuchar alguna vez acompañados de Pierre, el esposo de Elisabeth y que la ayuda ahora con los preparativos de esta fiesta que la hace sentir insegura. Quizás se ha precipitado. Quizás hay personas que prefieren festejar los recuerdos en la monotonía del trabajo y del hogar. Pero las invitaciones están enviadas y deberá comprar algo más de vajilla.

Como en todas las fiestas en el salón de una casa, las conversaciones fluyen mezcladas con la bebida y las ganas de caer bien. De pronto nos adentramos en las imágenes cinematográficas del cine francés. Se despiertan los diálogos y vienen a la memoria las discusiones de películas como Le Prénom, salvando las distancias, que nos recuerdan esa última fiesta a la que fuimos invitados y sentimos una especie de vergüenza ajena por el compañero de nuestra amiga que, tras varias copas, causa ofensa y sus palabras de burla o escarnio no hacen ninguna gracia aunque a él así se lo parezca. Todos hemos pasado, seguramente, por un momento como este.

La fiesta termina y todo comienza. Pierre y Elisabeth ya están en su dormitorio intentando descansar de una velada no tan amable cuando suena de nuevo el timbre de su casa.

Lo que suena en mi salón es Ligth my fire y la sensación de que a veces hacemos o decimos cosas incomprensibles que sólo tienen si acaso un poco de razón porque en este momento moriríamos por cualquiera.

*Sonia Asensio es profesora de Literatura.

Volver a Los diablos azules
LA AUTORA Correo Electrónico


Hazte socio de infolibre



Lo más...
 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.
facebookLibre