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Luces Rojas

Wert en la jungla, pero con machete




Publicada 30/11/2013 a las 06:00 Actualizada 02/09/2014 a las 10:29    
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Recientemente el ministro Wert, a raíz del debate sobre la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), ha comentado: “Esto es la jungla, y yo sin machete”. En este artículo defiendo que Wert acierta en lo primero (“esto es la jungla”), pero no es honesto en lo segundo (“y yo sin machete”). Argumento que efectivamente la LOMCE se debate en un contexto desfavorable para el Gobierno, y en ese sentido es lógico pensar que el ministro se encuentre como en una “jungla”. Sin embargo, Wert no es sincero al insinuar que él va desarmado, porque está tratando de manipular los términos del debate de la Ley. Ese es, en mi opinión, el “machete” de Wert.

La “jungla”: El contexto en el que se está debatiendo la LOMCE no es propicio para el Ejecutivo. No es casual que el ministro Wert sea el peor valorado del gabinete, obteniendo un 1,5 sobre 10 según el último barómetro del CIS. En España, la educación pública cuenta con mucho respaldo por parte de los ciudadanos.

Enfrentados a la pregunta: “suponiendo que pudiera elegir, ¿a qué tipo de centro llevaría a sus hijos?”, una mayoría clara de ciudadanos responde que les llevaría a centros públicos, para cualquier nivel educativo, desde la educación infantil a la universidad (Barómetro del CIS, marzo de 2012). Hasta hace bien poco, la educación no era un problema importante para los ciudadanos. Sin embargo, desde que gobierna el PP, la educación ha ascendido enteros en el ranking de preocupaciones ciudadanas que elabora el CIS de forma periódica.

Este ascenso coincide en el tiempo con los recortes del PP en educación, que han afectado de forma muy negativa a la educación pública. Los ciudadanos pueden estar empezando a temer que los recortes tengan un impacto en la calidad de la educación pública. No hay que olvidar que la educación pública es la que atiende, con diferencia, mayor número de alumnos en nuestro país.

Además, la gente puede estar empezando a sospechar que la crisis es una excusa, que esconde una estrategia encaminada a cambiar de raíz el modelo educativo. Puede percibirse con enfado e inquietud cómo en determinadas comunidades autónomas en las que el PP lleva gobernando bastante tiempo, Madrid a la cabeza, se está ampliando el sector privado educativo y las subvenciones a los centros privados. Se puede estar observando con perplejidad cómo se atiende a intereses privados, los de la iglesia, más que a intereses públicos.

El “machete”: Frente a este contexto de opinión desfavorable, el equipo de Wert está tratando de controlar los términos de la discusión sobre la Ley, con el ánimo de moldear la opinión ciudadana. Si bien la argumentación es deseable en política, pues se espera que los políticos defiendan ante los ciudadanos sus decisiones, en el caso de la LOMCE se puede estar cruzando la línea de la manipulación política.

Los trucos, incluso engaños, que se utilizan para defender la Ley se pueden dividir en dos tipos: en primer lugar, se argumenta que la Ley va a tener un efecto positivo sobre aspectos deseables para todos, aprovechando que ese efecto es difícil de observar; en segundo lugar, se tratan de esconder aquellos aspectos que suscitan más rechazo o que son más conflictivos en la Ley.

Para el primer tipo de estratagemas se saca partido a la complejidad de los asuntos educativos, a su naturaleza multicausal, al hecho de que a menudo en educación los efectos de las políticas no son inmediatos, y a que se trata de cuestiones rodeadas de una buena dosis de controversia académica. Encontramos varios ejemplos en la LOMCE. Se nos dice que la Ley va a reducir el abandono educativo temprano (aquellos que dejan de estudiar antes de lo deseable), pero se nos oculta que esto ya está sucediendo, fruto de la crisis económica y, posiblemente, de medidas decididas por el gobierno anterior.

En descargo del ejecutivo actual, posiblemente la LOMCE ayude a disminuir todavía más el abandono temprano, al adelantar los itinerarios educativos y hacer más fácil la progresión de los estudiantes (tanto por la mayor permisividad con las asignaturas suspensas, como por facilitar las transiciones entre los diferentes niveles de formación profesional). Sin embargo, se oculta que el abandono educativo temprano se reducirá a costa de volver a un sistema en el que la FP acoja de forma natural a aquellos alumnos con más desventajas, que van peor y que proceden de orígenes sociales más humildes.

Otro ejemplo de estas artimañas es tratar de convencernos de que la Ley Wert va a aumentar la calidad de la educación. El propio Proyecto de Ley, en su exposición de motivos, señala que los cambios propuestos están basados en “evidencias” y “resultados objetivos” de los organismos internacionales (como PISA, de la OCDE). Pero lo que oculta es que hay mucha controversia académica sobre qué medidas concretas son las que elevan el rendimiento educativo medio de los alumnos. Como muestra de esta treta: la LOMCE apuesta por las nuevas tecnologías para aumentar la calidad de la educación, en línea con los informes internacionales, cuando académicamente hay un intenso debate sobre sus consecuencias en el rendimiento educativo.

Por último, uno de los ejercicios de prestidigitación más evidentes es asegurarnos que la Ley va a disminuir el desempleo juvenil, cuando se trata de un fenómeno sumamente complejo y más relacionado con el mercado de trabajo o con el modelo productivo que con el sistema educativo. En la crisis de principios de los años noventa el sistema educativo era diferente al actual (los itinerarios comenzaban antes que ahora) y, sin embargo, nuestro desempleo juvenil alcanzó un nivel comparable. Atribuir exclusivamente al sistema educativo alemán su bajo nivel de paro juvenil es el mismo error que atribuir a nuestro sistema educativo su alta tasa de desempleo entre los jóvenes.

Finalmente, el segundo tipo de trucos se refiere a esconder aquellos aspectos más conflictivos de la LOMCE, que pueden suscitar más rechazo. Se trata de aquellos aspectos que refuerzan los temores de los ciudadanos de que se está tratando de cambiar el modelo educativo; que hay una intención de debilitar al sector público y, por el contrario, reforzar al sector privado, atendiendo a los intereses de la iglesia. El texto del Proyecto de Ley es un canto al principio de libertad de enseñanza, a la autonomía y a la diferenciación entre centros educativos.

Sin embargo, estas pretensiones no son más que viejas reivindicaciones de los centros privados concertados, la mayoría en manos de la iglesia, que desean seguir recibiendo subvenciones pero no tener que someterse a tantos controles públicos. Como indicio de hasta dónde puede llegar esta presión del lobby religioso, se aseguran en esta Ley los conciertos a aquellos centros que segregan por sexo. Por el contrario, poca importancia se concede al objetivo de homogeneizar la calidad de toda la red educativa sostenida con fondos públicos, atendiendo a un objetivo básico de igualdad en la prestación de la educación.

La LOMCE ha superado el trámite parlamentario, algo previsible con un Gobierno que tiene mayoría absoluta. Sin embargo, veremos cómo evoluciona el debate público y qué opinión sacan los ciudadanos. Esperemos que Wert no crea que el ilusionismo impedirá una discusión serena y rigurosa de la Ley, de sus implicaciones y de sus consecuencias.
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María Fernández Mellizo-Soto es profesora de sociología de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid. Entre 2004 y 2010 fue Vocal Asesora en el Gabinete del Presidente del Gobierno.
 
 
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