Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es



Luces Rojas

El Dieciocho Brumario de Esperanza Aguirre

Publicada 29/05/2015 a las 06:00 Actualizada 04/10/2015 a las 13:36    
Facebook Twitter Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios 12

Tal vez una de las frases más citadas de Marx es aquella en la que sostiene que la historia se repite, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa. Está al comienzo de su libro El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte y, sospecho, la utilizó más bien como un recurso retórico para zaherir a Napoleón III, a quien tanto despreciaba, y no con la intención de establecer algún patrón sistemático, una categoría analítica. Pero, la verdad, se ven ya tantos casos de esto que empieza uno a preguntarse si no será ya hora de buscar qué hay detrás. De pronto sí hay razones de fondo para creer que las tragedias tienden a convertirse en farsa.

Miren, si no, el caso de Esperanza Aguirre en los últimos días. Una política avezada, de innegable agilidad, según algunos, faro del pensamiento liberal español, súbitamente convertida en el hazmerreír de la política española, en una versión femenina y contemporánea de Alonso Quijano. Mientras aquel veía en el choque entre carneros y ovejas en la meseta manchega una singular batalla entre Alifanfarón de Trapobana y Pentapolín del Arremangado Brazo, Esperanza Aguirre se dispone a entrar ella también en batalla (supongo que arremangada) para defender la civilización occidental y la cristiandad de unos bellacos y follones que quieren… bueno, la verdad no sabe bien qué quieren porque por andar velando armas no ha tenido tiempo de leerse el programa. Pero una cosa está clara: para cuando se cree la primera granja urbana en Madrid, será ya demasiado tarde para defender las libertades y el campo de prisioneros de Soria se unirá a la larga lista de nombres de la infamia donde ya están la prisión de Lyubianka, el Gulag y Tuol Sleng.

Esos dislates no ocurren solamente en España. En Estados Unidos muchos congresistas Republicanos están convencidos de que debido a la reforma de la sanidad (que creó un negocio redondo para las empresas aseguradoras), la economía norteamericana va camino del estatismo de Corea del Norte. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Por qué políticos profesionales que supuestamente deben ser guías de los ciudadanos, sucumben a las ridiculeces más grandes?

Si se lee con detenimiento, el texto de Marx ofrece una hipótesis interesante. El Diecieocho Brumario comienza con la derrota de la insurrección obrera de París de 1848. Los gestos ridículos que tanto ensañan a Marx ocurren cuando ya aquella ha sido ahogada en sangre. Ocurre que en política hay facciones a las que la victoria les viene mal. Deben su legitimidad a sus adversarios, de modo que cuando los derrotan, tienen que reinventarlos. Ha sido tan rotunda la derrota del socialismo en nuestro tiempo, sobre todo en España donde ni siquiera el partido que lleva ese nombre se atreve a nada que no sea la agenda del fundamentalismo de libre mercado, que ya medidas contra la especulación inmobiliaria, o en favor del derecho a la vivienda y del pleno empleo están ubicadas en los extramuros del radicalismo.

En esas condiciones es difícil ser el baluarte del liberalismo occidental en el siglo XXI. Para muchos políticos, el liberalismo, es como la caridad: empieza por casa. Para defender la propiedad privada y los intereses individuales hay que comenzar con uno mismo, hay que defender los contratos propios, las tramas propias, las inmunidades propias. Pero eso en política suele no funcionar bien a la hora de conseguir votos. Entonces, se necesitan grandes enemigos, grandes amenazas. Pero eso es lo que falta en estos días así que toca inflar a los enemigos que hay.

Esa ha sido siempre la contradicción intrínseca del liberalismo político. Se presenta como una doctrina que defiende las libertades individuales, pero, por eso mismo, necesita acompañarse de un espíritu cívico robusto. De lo contrario, el individualismo que defiende se desborda y arrasa con los fundamentos de la coexistencia ciudadana. Las sociedades liberales que mejor funcionan son las que logran mostrar a sus ciudadanos que la defensa de la individualidad es, de verdad, para todos y no simplemente un artificio demagógico para favorecer a unos pocos.

Juega con fuego doña Esperanza así no lo sepa. Las sociedades necesitan una serie de creencias colectivas para funcionar. Pero cuando queda claro que los altos sacerdotes (o, según sea el caso, sacerdotisas) del dogma público no creen en lo que están diciendo, demuestran que tienen una fe de bolsillo simplemente en defensa de sus intereses, los resultados son devastadores. El comunismo soviético pudo resistir todo, las embestidas brutales de Hitler, las sangrías y hambrunas de Stalin, la escasez perenne de los bienes más sencillos, todo menos la hipocresía. En las postrimerías del régimen soviético solo Gorbachev y algún que otro asesor creían en el socialismo. El resto de la alta jerarquía difícilmente podía esperar el momento en que se privatizaran las grandes empresas para adueñarse de ellas, como a la postre ocurrió. Ese clima de cinismo, de descreimiento total fue el que llevó al hundimiento del régimen. Las urnas del 24-M han demostrado en España que el “régimen del 78” puede sobrevivir sin problemas al clima electoral del momento. La pregunta es si puede sobrevivir también a las maniobras de sus más grandes beneficiarios.

_____________________________________

Luis Fernando Medina es Investigador del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March, realizó el doctorado en Economía en la Universidad de Stanford, ha sido profesor de ciencia política en las Universidades de Chicago y Virginia (EEUU) e investiga temas de economía política, teoría de juegos, acción colectiva y conflictos sociales. Es autor del libro 'A Unified Theory of Collective Action and Social Change' (University of Michigan Press, 2007).

 


10 Comentarios
  • 12 nicanor 09/06/15 17:14

    mis felicitaciones por lo escrito.

    Responder

    Denunciar comentario

  • 11 rita martinez gude 31/05/15 10:21

    Gran articulo

    Responder

    Denunciar comentario

  • 10 eltabanero 31/05/15 00:02

    En cuatro palabras: "¡Chapeau!" por tu artículo.  

    Responder

    Denunciar comentario

  • 9 gusalo 30/05/15 08:38

  • 8 librepensador 30/05/15 02:19

    Gran artículo al que siguen sesudos comentarios. Por mi parte me inclino por pensar que esta señora está presa de ansiedad por verse privada por primera vez del poder y el mando que siempre ha tenido, una ansiedad que demuestra con ridículos quejidos de niña mimada. Este esperpéntico personaje, cuyo ascenso en política es directamente proporcional a la estulticia de quienes le han votado, no es más que una pieza en el gran juego del poder que han tejido otros personajes que sobreviven más arriba, con más poder y más influencia. Personajes que son capaces de moldear a su antojo las sociedades más incultas y dóciles. Quienes: los grandes gurús del liberalismo económico, señores poderosos económicamente que mueven los hilos del planeta. Cómo: fomentando la educación de calidad sólo para élites y controlando con bajos salarios a la masa proletaria. Para qué: para que el mundo fluya según el orden jerárquico que mantiene el equlibrio global. ¿En que lugar queremos permanecer nosotros?

    Responder

    Denunciar comentario

  • 7 Maca 30/05/15 01:08

    Muy buenos comentarios para, a mi parecer, un muy buen artículo. Me alegra mucho leer todo aquello que me enseña a reflexionar. Muchas gracias; sin embargo no estoy del todo "de acuerdo" con algunas posturas. No creo que debamos acobardarnos por estos tipos que son unos "asustaviejas". Lo tienen muy aprendido. No creo que, a estas alturas del siglo XXI, vayan a sacar las tropas a la calle.........aunque semeja algo parecido. Sabemos que ellos son los que "ejecutan" todos los programas previstos. Pero quiero creer que, si los jueces -no militantes-, tuvieran el valor de incautarles todo lo que hemos construido con nuestros impuestos y ellos han aprovechado despiadadamente, esos ingresos estarían en el Tesoro Público, y serían de todos los ciudadanos, sin problemas de cash, para que todos vivamos "un poco mejor". ASÍ TENEMOS QUE PENSAR PARA QUE NO NOS ENCOJAN EL ALMA. Un besito. Maca

    Responder

    Denunciar comentario

  • 6 Dudu 29/05/15 20:36

    La señora Aguirre no es liberal y hasta la Tacher renegaría de ella.Actúa como una niña malcriada a la que le han quitado su juguete.Lo que no se entiende es que personas con este nivel hayan alcanzado altos cargos en política.

    Responder

    Denunciar comentario

  • 5 Pitaceo 29/05/15 19:16

    Gran artículo. Pero deja un resquemor en el ánimo, que no me gusta nada. Quiero ser optimista y para mi hay que ir poquito a poco. Quiero pensar que en este mundo globalizado, que tan malo es para muchas cosas, tambien da una ligera ventaja en el sentido de "imposibilitar" accciones truculentas como hemos vivido en el pasado. Que los poderosos harán todo lo que puedan para salvaguardar al máximo sus intereses, sin duda. Pero por eso digo que hay que ir ganando parcelitas poco a poco. Es cuestion de tiempo, de mucho tiempo, por supuesto

    Responder

    Denunciar comentario

  • 4 gusalo 29/05/15 14:54

    Una reflexión muy clarificadora, profesor, y de aplicación universal. Confieso que cuando iba por el 2º párrafo me parecía inadecuada la comparación entre nuestro más universal personaje literario (símbolo de altruismo)  y la condesa liberal (en buena medida, también 'personaje', y quizá también muy abstraída de la realidad; pero, sobre todo, un claro ejemplo de egoísmo rastrero e incoherencia). El sentido de la comparación queda claro  en los párrafos siguientes, especialmente en el último. Su alusión en el párrafo 3º a la reacción de los congresistas del “Tea Party” contra la reforma sanitaria de Obama enfría cualquier exceso de optimismo: si la enfermedad –el 'liberalismo'  en versión Aguirre– está tan extendida, el remedio debe de estar aún muy lejano. En fin,  subrayo las dos últimas frases del artículo y, como lector, le doy las gracias por él. 

    Responder

    Denunciar comentario

  • 3 Copito 29/05/15 14:03

    Magnífico artículo!

    Responder

    Denunciar comentario



Lo más...
 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.
facebookLibre