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Luces Rojas

La amenaza robótica: ¿destruirá la tecnología los empleos retribuidos?

Publicada 13/12/2016 a las 06:00 Actualizada 13/12/2016 a las 11:47    
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El efecto de Brunel: nada nuevo en el capitalismo

George Gardiner narra cómo el ingeniero Marc Brunel introdujo en la armada británica a principios del siglo XIX una máquina que permitía fabricar automáticamente bloques de aparejo empleando tan solo a 10 personas donde el proceso manual tradicional requería el empleo de 110 personas expertas. Al parecer esta fue la primera vez que maquinas-herramientas completamente metálicas se empleaban para producción en masa. El ahorro en costes fue el equivalente al de un año de producción, aunque el coste de producir las máquinas le supuso a Brunel tres veces ese mismo ahorro. Si bien se habían perdido 100 empleos se habían empleado 410 personas en fabricar esta máquina. Temporalmente el empleo había crecido pero, una vez fabricadas las máquinas, el empleo en fabricación de bloques de aparejo había caído. En definitiva, la inversión en bienes de equipamiento había tenido un efecto deflacionista al reducir las rentas totales de los factores de producción. Esa caída en las rentas se traduciría, por la identidad macroeconómica entre ingresos y gastos, en una reducción de la demanda agregada y por tanto del PIB. Gardiner bautiza este fenómeno 'el efecto Brunel' (Gardiner, 2004, págs. 160-161).

El impacto final del ahorro de trabajo causado por la tecnología depende de si se crea nuevo poder adquisitivo para reorientar los recursos liberados a nuevas actividades. En el ejemplo anterior, si el gobierno británico hubiese pagado la compra de las máquinas de Brunel elevando los impuestos, habría retirado poder adquisitivo del público desviándolo hacia el gobierno por importe equivalente. Si hubiese pedido un préstamo para pagar la inversión, el efecto habría sido parecido pues habría retirado ahorros, es decir rentas no gastadas, del sector privado. En cambio, si hubiese financiado la inversión con nuevo dinero, es decir con un aumento del gasto deficitario, habría habido un incremento de la demanda equivalente al empleo luego destruido por la inversión tecnológica, y se habrían mantenido los niveles de producción y ocupación.

Esta vez es diferente: la amenaza robótica

El temor a la desaparición del trabajo por culpa del progreso tecnológico es un tema recurrente. Recientemente Louis Anslow ha publicado un post que repasa todas las ocasiones en las que se ha anunciado que las máquinas acabarían con el trabajo humano. Sospechosamente, estas profecías coincidieron siempre con períodos de elevado desempleo. En 1930 el mismo Albert Einstein culpó a las máquinas del desempleo. Ganaría el premio Nobel de Física, pero sin duda no el de Economía. John Maynard Keynes también cayó en este error y culpó a la tecnología del desempleo, llegando a acuñar el término “desempleo tecnológico”. Keynes escribió en los años 30 del siglo XX un célebre ensayo en el que profetizaba que “el desempleo causado por nuestro descubrimiento de medios para economizar el uso de trabajo correrá a un ritmo más veloz que al que podemos encontrar nuevos usos para el trabajo” (Keynes, Economic possibilities for our grandchildren, 1930).

El artículo de Anslow nos da más ejemplos de cómo el temor a la tecnología resurgía década tras década. En 1940, Karl Compton, presidente del MIT, rebatió al presidente Roosevelt, quien veía un problema en la mecanización. Un senador de los EEUU propuso entonces un impuesto sobre las máquinas. En los años 50 se propuso una investigación del congreso sobre la cuestión de la pérdida masiva de empleos causada por los robots. El presidente Eisenhower desmintió esas amenazas y dijo que “esos mismos temores habían atemorizado a la gente durante 150 años y siempre se habían demostrado sin fundamento”.

La década siguiente vio cómo el temor a la automatización y la robotización arreciaban. Un economista rogaba al presidente Kennedy que convocara una conferencia sobre el desempleo que causaban la tecnología y la automatización. Los medios anunciaban el fin de todo el empleo de baja cualificación en 10 años y Time sacaba un artículo en el que decía que “el alza en el desempleo ha despertado nuevas alarmas sobre una antigua palabra amenazadora: la automatización. ¿Cuánto ha contribuido la rápida expansión del cambio tecnológico al pico actual de 5.400.000 parados?”. El secretario del trabajo W. Willard Wirtz advirtió de un "tropel de empleo sobrante" incluso en épocas de bonanza.

En la década de los 70 el primer ministro británico James Callaghan recurría a un think tank para que se investigase la pérdida de empleo causada por la informática. En 1980, el New York Times sacaba un artículo titulado Un robot persigue tu empleo (Anslow, 2016). En 1995, el economista, sociólogo y pensador estadounidense, Jeremy Rifkin, publicó un libro titulado El Fin del Trabajo. En esta obra profetizaba que, a diferencia de otras épocas en las que el cambio tecnológico había desplazado a trabajadores de actividades manuales creando sin embargo nuevas oportunidades profesionales, la nueva revolución industrial basada en la automatización, la robótica, la inteligencia artificial y la informática estaba desplazando a millones de trabajadores sin crear nuevas oportunidades profesionales en contrapartida. En las conclusiones a su libro Rifkin advierte ominosamente que:

"Esto es lo que sabemos con certeza: entramos en un nuevo período de la historia en el que las máquinas sustituirán cada vez más trabajo humano en la producción de bienes y servicios. Aunque los calendarios son difíciles de predecir, nos encontramos en un camino irreversible a un futuro automatizado y probablemente nos acercaremos a una era sin trabajadores, al menos en la producción de bienes y servicios, hacia principios del próximo siglo". (Rifkin, J. 1995).

La percepción negativa de la automatización se debe en parte a que no se entienden completamente las causas de su introducción en los entornos industriales y no necesariamente se explican por la necesidad de ahorrar costes laborales. La robótica genera directamente nuevos puestos de trabajo relacionados con el diseño, la fabricación, la operación y el mantenimiento de estos equipos. Además, algunas industrias no serían viables porque requieren unos niveles de precisión y calidad que no son factibles sin el uso de robots. Podemos citar la electrónica —ordenadores, teléfonos móviles— o las energías renovables —células fotovoltaicas— como ejemplos paradigmáticos.

Por otra parte, la mecanización y la robótica suprimen trabajos pesados, repetitivos o que generan estrés y lesiones en los trabajadores. En ocasiones las condiciones de trabajo pueden ser tan penosas o peligrosas que sería ilegal que las hiciera una persona. La industria más robotizada sin duda es la del automóvil. En ella las tareas de soldadura y pintado las realizan máquinas robotizadas. En contrapartida, el aumento de la productividad obliga a generar empleos para dar salida a los nuevos productos creando oportunidades en los sectores de los servicios, la logística y la distribución. Por supuesto, uno de los factores que impulsan la entrada de los robots son los costes laborales relativos. Si los salarios chinos son mucho más baratos que los de Alemania o Japón, la robotización es una forma de mantener abiertas plantas que de otra manera se cerrarían.

Es importante entender que la robótica no tiene por qué tener un efecto neto negativo sobre el empleo. Pese a que debe tomarse con cautela, porque responde a unos intereses de parte, un informe elaborado para la International Federation of Robotics (IFR) estimaba que en seis países estudiados (EEUU, Alemania, Japón, Corea, Brasil y China) se crearon 9 a 12 millones de nuevos empleos gracias a la robótica entre 2000 y 2016 (Gorle & Clive, 2013).

Sin embargo, las altas tasas de desempleo experimentadas en Europa parecerían confirmar el fin del empleo pronosticado por Rifkin. En España las tasas de desempleo han alcanzado niveles espeluznantes y en toda la zona euro las tasas son históricamente elevadas. ¿Esta vez es verdad que viene el lobo robótico? Me parece una hipótesis demasiado fácil de rebatir. Si fuese cierto que la inversión en robots estuviese destruyendo puestos de trabajo observaríamos este fenómeno con mayor intensidad en países con mayor inversión en este tipo de bienes de equipo. Sin embargo, es precisamente en los países más robotizados donde las tasas de desempleo son más bajas.

El siguiente gráfico pone en relación la tasa de desempleo con la densidad robótica (robots instalados por cada 10.000 empleados en la industria) y en él se observa una relación más bien inversa entre robotización y desempleo. Países altamente robotizados como Japón, Corea del Sur y Alemania mantienen tasas de desempleo relativamente bajas. En España, en cambio, menos robotizada, la tasa de paro es obscenamente alta.

Densidad robótica y desempleo 2015
Ilustración 1. Fuentes: IFR para la densidad robótica; Eurostat para datos desempleo en países europeos y Trading Economics para los restantes países.

No es la tecnología, es la política fiscal

La Crisis Financiera Global provocó una subida del desempleo intensa en todos los países de la OCDE. Sin embargo la mayoría de las economías de ese club han recuperado niveles parecidos o inferiores a los del inicio de la crisis. En Japón la tasa de desempleo actualmente es del 3,38%, en Corea del Sur del 3,64% y en EEUU del 5,29% tras alcanzar un pico de 9.62% en 2010. Solo los países de la Eurozona mantienen tasas de desempleo superiores al 10% y dentro de ella se encuentran campeones mundiales del desempleo como España, Grecia o Italia. Si naciones altamente industrializadas y densamente robotizadas han conseguido recuperar los niveles de empleo anteriores a la crisis entonces claramente la causa del desempleo debe buscarse en causas coyunturales y no en la tecnología.

La automatización permite liberar mano de obra de tareas rutinarias o pesadas que puede ser reubicada en tareas incluso más gratas. Pero liberar trabajadores puede ser un problema en un país donde no se crean nuevas oportunidades laborales. La condición necesaria, como en el ejemplo de Gardiner, es que exista financiación para poner en marcha estas nuevas actividades. Éste no es el caso de los países pertenecientes a la zona euro en donde la creación de moneda por los estados está restringida por los tratados de la Unión Europea y la creación de crédito depende solo de las expectativas del negocio bancario.

La estadística sugiere más bien que el caso español es una aberración dentro de una zona geográfica que se comporta como una anomalía. Los datos estadísticos de nuestra economía muestran una correlación elevadísima entre la caída de la inversión y de la ocupación entre 2007 y 2013 (Ilustración 2). La caída en la confianza en diversos sectores privados también correlaciona con un incremento de la tasa de desempleo, sobre todo el sector de la construcción (Ilustración 3). Finalmente el crecimiento del crédito a hogares y empresas muestra una desaceleración en el primer trimestre de 2007 —momento que coincide con el inicio de la crisis y las primeras pérdidas de empleo— e incluso se vuelve negativo a finales de 2013 —momento álgido del desempleo– (Ilustración 4).

Formación bruta de capital fijo y tasa de actividad (variación interanual)
Ilustración 2. Variación interanual entre empleo y formación bruta de capital fijo. Elaboración propia a partir de datos publicados por el INE.

Evolución de la tasa de paro y de los índices de confianza de los sectores de la construcción, industrial y minorista
Ilustración 3. Evolución de la tasa de paro y de los índices de confianza de los sectores de la construcción, industrial y minorista. Fuente de los datos: INE. Se han invertido las escalas de los índices de confianza.

Crecimiento interanual del crédito a hogares y empresas
Ilustración 4. Evolución interanual del crédito a hogares y empresas. Fuente de los datos: Banco de España

Así pues, la causa del desempleo no fue la tecnología sino una insuficiente demanda agregada motivada por el fin de la burbuja inmobiliaria que habían financiado los bancos. Una actuación oportuna del estado que hubiese creado nuevo dinero en el inicio de la crisis con gasto deficitario habría detenido la hemorragia de los empleos remunerados. Las políticas de la UE han creado un problema de gran gravedad, pero se despista a la población con explicaciones oportunistas.

Ofuscadas, las izquierdas han caído en la trampa de atribuir el desempleo a la globalización y a la tecnología. Ante un problema que el diseño institucional del euro ha creado, en lugar de buscar la respuesta adecuada exigiendo la abolición de los criterios irracionales de Maastricht y oponiéndose a los planes de consolidación fiscal, gran parte de la izquierda se resigna ante un problema cuya solución no acierta a ver. Es entonces cuando se postula el reparto del trabajo –como si fuese un bien escaso que debe ser racionado— o se propone una magra renta básica para que los excluidos no protesten.

Referencias

Anslow, L. (26 de noviembre de 2016). www.timeline.com. Obtenido de Robots have been about to take all the jobs for more than 200 years

Gardiner, G. (2004). The Primacy of Trade Debts in the Development of Money. En L. Wray, Credit and State Theories of Money (págs. 160-161). Northampton, MA: Edward Elgar.

Gorle, P., & Clive, A. (2013). Positive Impact of Industrial Robots on Employement. Londres: Metra Martech.

Keynes, J. M. (1930). Economic possibilities for our grandchildren. En J. M. Keynes, Essays in Persuassion.

___________________________

Stuart Medina es economista y MBA por la Darden School de la Unversidad de Virginia. Acumula más de 30 años de experiencia profesional en los sectores de material eléctrico, TIC y biotecnología. Fundó en 2003 la consultora MetasBio desde la que ha asesorado a numerosas empresas de diversos sectores.
 

 
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10 Comentarios
  • 15 juan alvarez 20/02/17 10:52

    Me partece que Rifking, Einstein y Keynes tienen razón. Sus gráficas son muy bonitas. Los países más robotizados no tienen menor tasa de desempleo gracias a la robotización, sino a la exportación de los prioductos que permite la existencia de micho más empleo de "vendedores" a los paises como españa, cuya economía se funda en la fábrica y venta de armas y en el turismo de los trabajadores europeos, que se ganan la vida vendiendo lo que porducen los robots. Pero es un espejismo. Robotizada la venta, reducidos los ingresos de la mayoría, y los servicios de seguridad social, el incremento del desempleo será exponencial. Bueno, nos queda el "evento Carrington", porque todas sus teorías económicas, incluido el dinero y el préstamo, nos han llevado a un efecto manifiestamente maltusiano, que combinado con una ética perdedora, la ética de los winers, augura una pronta catástrofe de todas las especies de vida en el planeta.

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  • 14 fjorasio 29/01/17 20:19

  • 13 fjorasio 29/01/17 20:17

    Postiguet dijo..
    El capital tal y como lo conocemos, cuando la robótica se generalice, dejará de tener significado. Contará más la capacidad de aportación individual a la generación de energía precisa para mover esos miles de millones de dispositivos.

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  • 12 fjorasio 21/01/17 10:26

    En mi opinión, la confluencia de la robótica con la implantación universalizada de la autogeneración de energía serán altamente beneficiosos para el ciudadano y para la sociedad.

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  • 11 Postiguet 29/12/16 09:38

    La robotica, esta muy bien para el avance del planeta, pero creo que se olvida del sostenimiento racional del planeta, (Personas, animales, plantas) . Es decir el capital se come a los gobiernos del mundo y ese es el problema sin resolver. Solo habla de una parte del problema de este mundo.

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  • 10 juan alvarez 21/12/16 17:59

    Maltus tampoco tenía razón.

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  • 9 leandro 20/12/16 22:24

    Es endiablado , por un lado la tecnología beneficia la mejora material y por otro se pretende que la gente siga agarrada por un trabajo . Hay que dar el golpe en la mesa y reajustar todo . Se deben marcar objetivos para la humanidad y no para el mercado .

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  • 8 Matias 15/12/16 23:58

    Abba Lerner: Gracias por tu posible futuro artículo, no es solo cuestión de escribir. Estamos en la encrucijada definitiva: aumento de población, aumento del consumo innecesario, destrucción de la naturaleza, sin hablar del clima, guerras destructivas para salvar la economía de una minoría internacional interconectada religiones monoteistas medievales y un larguísimo etc. Hay muchos que piensan que por miedo prefieren ser esclavos de esa minoría y así salvarse o no darse por aludidos, prefieren compartir la corrupción. Hablar solo de economía es mentir.

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  • 7 irreligionproletaria 13/12/16 23:43

    "La robotica no tiene porqué tener un efecto contrario neto sobre el empleo...¿y, bruto? Asi es que el corolario es que Einstein gano el Nobel de física pero no habria ganado -hoy, supongo- en el mundo de la "ingenieria financiera" el de economía... ¿No sienten pudor alguno poniendo el consumo en el centro del universo? ...Pienso, igual no alcanzo "reflexiones de nivel" pero, si nos dejan a todos en la ruina...¿quien piensan que va a consumir? Ese 1% aumentado al 2%...refiero, los que tienen mas riqueza que el 98% restante...¿Pueden consumir todo eso que pretende que produzcan la robotica?

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  • 6 elvizca 13/12/16 17:04

    Me parece un artículo interesantisimo que debe leerse con detenimiento porque presenta unas claves y unas sugerencias diferentes a todo lo que se nos vende, que, además, resultan muy razonables y posiblemente acertadas. Sobre el concepto del fin del trabajo ya en 1932 Bertand Russell se adelantó en un fantastico y clarificador artículo que sigue vigente : http://alcoberro.info/pdf/russell3.pdf,

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