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Inmigración

La odisea de llegar a Europa desde Eritrea cruzando el Sáhara y Libia

  • Los eritreos fueron en 2014 los segundos que más solicitudes de asilo presentaron en la Unión Europea
  • La ONG Save the Children habló la semana pasada con dos eritreos que actualmente se encuentran en una casa junto a otros 86 inmigrantes en Trípoli a la espera de poder tomar un barco

INFOLIBRE Publicada 26/04/2015 a las 20:34 Actualizada 26/04/2015 a las 20:44    
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Un grupo de emigrantes.

Un grupo de emigrantes.

GORAN TOMASEVIC / REUTERS

Eritrea es un pequeño país del norte de África de menos de cinco millones de habitantes. En general, el país que gobierna con puño de hierro Isaias Afewerki desde 1991 apenas atrae titulares de los grandes medios pero lo cierto es que sus ciudadanos fueron en 2014 los segundos que más solicitudes de asilo presentaron en la Unión Europea.

Según los datos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), a fecha de julio de 2014 había más de 320.000 refugiados eritreos en el mundo, unos 110.000 de ellos en Sudán y otros más de 106.000 en la vecina Etiopía.

En cuanto a los solicitantes de asilo eritreos en la UE, ACNUR alertó en noviembre de que se habían multiplicado por diez durante 2014 hasta alcanzar los 37.000, frente a los 13.000 del mismo periodo del año anterior. Según los datos de Eurostat, en total en 2014 se recibieron 47.145 solicitudes en el conjunto de la UE, pero solo 19.695 fueron positivas, mientras que en 2013 hubo 20.300 solicitudes y 11.155 fueron positivas.  

Pero, ¿por qué huyen tantos eritreos de su país? Principalmente por que no se sienten libres, pero también para buscar mejores opciones de vida. Según el último informe anual de Amnistía Internacional, en el país no están permitidos los partidos políticos de oposición, no hay medios de comunicación independientes y la libertad de expresión y asociación está fuertemente restringida.

Además, uno de los factores clave que empuja a los jóvenes eritreos, un porcentaje muy elevado de los que abandonan el país, es el servicio militar obligatorio que, aunque en teoría debería durar 18 meses, desde 1998 se prolonga en algunos casos de manera indefinida.

Huída a Sudán o Etiopía

En general, los eritreos huyen de su país a través de Sudán, pero algunos lo hacen también hacia la vecina Etiopía, opción mucho más arriesgada puesto que los dos países están técnicamente en guerra y está permitido por ley disparar a matar a aquellos que traten de cruzar la frontera. Además, los detenidos intentando huir del país hacia Sudán son castigados con hasta tres años de cárcel, mientras que en el caso de Etiopía la pena es la muerte.

Logrado este primer paso, comienza un peligroso periplo que, para algunos termina en Sudán o Etiopía, donde deciden instalarse, pero para un buen número les lleva a cruzar el desierto del Sáhara para llegar a las costas de Libia y desde ahí alcanzar la tierra prometida en Europa tras arriesgar su vida cruzando el Mediterráneo en barco.

inmigrantes

Según un informe publicado en junio pasado por la Secretaría Regional de Migraciones Mixtas (RMMS) sobre las tendencias migratorias desde el Cuerno de África hacia Libia y Europa, los eritreos pagan a los traficantes entre 960 y 9.600 dólares para huir del país.

En general, la mayoría huye a través de Sudán, siendo Jartum el destino mayoritario para desde ahí buscar el modo de continuar hasta el destino final. De acuerdo con el mencionado estudio, el viaje desde Asmara o Massawa en Eritrea hasta la capital sudanesa dura entre tres y seis días y cuesta entre 100 y 150 dólares.

Abusos, secuestros y extorsión

Muchos eritreos se quedan aquí semanas, meses e incluso años, antes de pasar a la siguiente etapa del viaje: Libia. Tanto durante la estancia como durante el viaje hacia el norte, según ACNUR y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), los inmigrantes pueden ser objeto de secuestro, extorsión, tortura y violencia sexual y física por parte de las redes de tráfico de personas. Incluso, se ha llegado a hablar de tráfico de órganos.

Es frecuente, según el informe de la RMMS, que los traficantes secuestren a los inmigrantes y exijan a sus familias recompensas por su vida de unos 30.000 dólares. Esto obliga a los inmigrantes y sus familias a endeudarse aún más y a tener que vender en muchos de los casos todas sus posesiones para ello.

Por regla general, cruzar desde Sudán hasta Libia suele costar unos 1.000 dólares. Los puntos de acceso han ido variando en los últimos años tras la caída del régimen de Muamar Gadafi y la situación de caos que atraviesa ahora el país, con dos gobiernos y dos parlamentos enfrentados y solo uno, el de Tobruk, reconocido por la comunidad internacional.

En cualquier caso, el destino final suele ser la zona costera para la inmensa mayoría, ya que es aquí donde están las principales ciudades en las que buscar un empleo y también los puntos de partida de los barcos hacia Europa. Como en el caso de Sudán, algunos pasan semanas o incluso meses en Libia, trabajando y ahorrando, antes de hacer el salto definitivo.


Cruzar el Sáhara

Pero cruzar Libia no es tarea fácil. Para hacerlo hay que atravesar el Sáhara y salvar los numerosos puestos de control instalados por las autoridades y las distintas milicias que controlan el territorio.

De hecho, el citado informe del RMMS, considera que "el paso del Sáhara es incluso más peligroso" que la travesía del Mediterráneo, pero se habla menos de ello y no hay cifras concretas del número de personas que mueren aquí de sed, de hambre, abandonadas por los traficantes o en accidentes de tráfico. Los testimonios de quienes lo han conseguido dan fe de la crueldad del viaje.

inmigrantes

La ONG Save the Children habló la semana pasada con dos eritreos que actualmente se encuentran en una casa junto a otros 86 inmigrantes en Trípoli a la espera de poder tomar un barco. Ambos están atrapados sin salida en ella, en el caso de uno porque no tiene el dinero para pagar la travesía, y en el caso de la otra porque no ha llegado su momento.

Salam huyó con su hija de Yemen porque allí "no hay nada" y quería "cambiar" la vida de su familia. Para alcanzar el sueño de llegar a Europa, esta mujer ha tenido que ser testigo de cómo violaban a otras mujeres. "Yo he tenido suerte porque tenía una hija", relata. Ahora, la pequeña está enferma con neumonía y no puede llevarla a un médico y darle medicinas porque no les permiten salir de la casa.

"Si dios quiere, iré con mi hija y lo conseguiré"

"Si conseguimos comida, comemos, de lo contrario, ella se duerme con hambre", confiesa. Salam reconoce que le asusta cruzar el Mediterráneo pero "no tengo otra opción", asegura. "Tengo que aprovechar mi oportunidad. Si Dios quiere, iré con mi hija y lo conseguiré. Si no, aceptaré lo que nos ocurra".

Yosef tiene 22 años y huyó de Eritrea para evitar volver a ser enrolado. En su conversación con Save the Children, explica que los inmigrantes están encerrados en la casa que regentan los traficantes sin poder ver "la luz del día" y que "no solo violan a las mujeres, a los hombre también".

Entre los inmigrantes que esperan su turno, añade, hay numerosos menores de edad, algunos de ellos bebés pero también muchos menores no acompañados. "He visto a mujeres violadas delante de sus hijos y a los traficantes dejar a los niños en la capota del coche" para conseguir que sus madres accedieran a mantener relaciones, relata.

En su caso, confiesa que está "atrapado" en Trípoli porque no tiene a nadie que le pueda hacer llegar el dinero. "He perdido la esperanza. Sé que mi familia no puede hacer nada poque son pobres", se lamenta, pero tiene claro que si puede se echará a la mar. "Uno puede morir pero hay que intentarlo", subraya.

La situación de ambos es muy similar a la de otros cientos de inmigrantes en Libia. Pagar los pasajes no es fácil, teniendo en cuenta el dinero que han tenido que desembolsar en el camino. En general, en 'temporada baja', es decir, durante los meses de invierno, suele rondar los 800 o 1.000 dólares mientras que en 'temporada alta' lo normal es que sea de unos 1.500 dólares, según RMMS.

Por eso, no es de extrañar que algunos se ofrezcan a capitanear la embarcación aunque no tengan ninguna noción de navegación, ya que los traficantes no les cobran el viaje.



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