Buzón de voz

La cárcel sigue esperando

El entonces presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, se embolsó (él solito) 12,4 millones de euros entre los años 2007 y 2010, año en que Rodrigo Rato cobró ya de Caja Madrid otros 2,7 millones. Un total de 17 directivos percibieron en sólo cuatro ejercicios más de 71 millones de euros. Aunque Caja Madrid se hubiera convertido en Bankia y Bankia en una entidad privada rentable, la verdad es que esos sueldos seguirían siendo escandalosos. Nos bailan ceros en el cerebro que esconden el rostro humano de la desigualdad. ¿Cómo es posible que ejecutivos como Matías Amat o Ildefonso Sánchez ganaran 2,4 millones de euros al año?

Cada vez que Mariano Rajoy o cualquiera de sus mariachis repiten eso de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” hay que exigir que den nombres y apellidos, porque los hay. Y no se trata precisamente de ese 97% de clientes de créditos hipotecarios que sigue cumpliendo religiosamente cada mes con el pago de su hipoteca; menos aún de ese otro 3% que ya no tiene posibilidad alguna de pagar y sufre la angustia de perder la casa sin poder escapar a la deuda.

Son estos 17 directivos y otros muchos ejecutivos de cajas y bancos hundidos y nacionalizados quienes han vivido muy por encima de NUESTRAS posibilidades. Las de los ciudadanos que cumplen con sus obligaciones, con Hacienda y con los bancos; con lo de todos y con los compromisos de cada uno.

La Audiencia Nacional investiga o tiene pendientes de admitir a trámite hasta nueve querellas sobre la gestión de entidades financieras. Sabemos de la lentitud de la justicia y de la dificultad de abordar asuntos sumamente complejos desde el punto de vista técnico-jurídico y económico. Pero la absoluta alarma social que producen los datos conocidos hasta el momento exige acelerar al máximo las investigaciones. No se entiende que sigan pasando los meses y los años sin que un solo directivo de uno de esos bancos cuyos agujeros negros pagamos a escote entre los actuales contribuyentes y las generaciones futuras haya pisado aún la cárcel.

Es sencillísimo despachar como “pura demagogia” la reclamación de tantos indignados que acusan de ladrones a directivos de la banca rescatada. Es muy fácil calificar de 'antisistema' a quienes piden justicia e igualdad ante la ley. En realidad, lo más antisistema de todo lo ocurrido durante los años de la orgía inmobiliaria ha sido protagonizado precisamente por quienes se erigían en máximos símbolos del sistema. Eso sí, indecentemente pagados.

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