Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es



Muros sin Fronteras

No hay santos de izquierdas

Publicada 16/05/2013 a las 06:00 Actualizada 18/05/2013 a las 21:40    
Facebook Twitter Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios 2

EL AUTOR


En la tumba del Óscar Arnulfo Romero, en los sótanos de la catedral de San Salvador, se arremolinan unas monjas vestidas de blanco. Su uniforme de fe contrasta con la piedra negra de una tumba protegida por los símbolos de los cuatro evangelios y el báculo del difunto. Un hombre llamado Honorio, que cumplió los 70, es el encargado de dar la bienvenida a los foráneos, narrarles las idas y venidas del cuerpo, que yace en su tercer enterramiento, y los hechos que rodean al arzobispo. Horacio camina con dificultad. Dice que dejó las muletas por milagro del protector de los pobres. Mientras llegan los nuevos prodigios sobrevive de las monedas que recibe.



"En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión". Esta fue la última homilía completa de monseñor Romero antes de morir asesinado por las balas de la extrema derecha el 24 de marzo en 1980. Los que le mataron se sentían fuertes, impunes; tanto que continuaron matando. Más de 80.000 muertos en la guerra civil. Se firmó la paz. No hubo justicia. Otra transición que se basa en el olvido, en el desprecio de las víctimas.



En la plaza de la catedral va y viene un tráfico denso. Se respira humo. A la derecha, las tiendas de los vendedores, un termómetro de la pobreza. Esa plaza sin apenas gente bajo una solana de justicia. La memoria que viene caliente con Óscar Romero proyecta imágenes de los funerales, de las explosiones y disparos que causaron el pánico y la muerte de nuevos inocentes. De esa memoria vienen las fotos de cientos de zapatos abandonados en la huida.

En el campus de la Universidad Nacional de San Salvador se escucha el último discurso a través de unos altavoces. Los jóvenes se educan en no olvidar los referentes morales en una tierra que vivió horrores y violencias. El nombre de Óscar Romero y su obra sobreviven el paso del tiempo. Más allá de la avenida que le dieron y el respeto que se le profesa en El Salvador.

La presencia en Roma del papa Francisco empuja la esperanza de que este jesuita con sensibilidad social desatasque el proceso de beatificación de un arzobispo que murió denunciando las injusticias.

No hay muchos santos recientes de los pobres, más allá del lejano y célebre Francisco de Asís y otros de menos renombre. Los últimos dos papas optaron por santos conservadores, como los españoles que murieron en la guerra civil. Nada de veleidades con los iconos de la teología de la liberación, con los prelados progresistas, con los que no se callaban.

Romero, y otros como él en Latinoamérica, podrían ser un camino para que la Iglesia católica recupere la prédica entre los más necesitados. Otros esperan reconocimiento, como Ignacio Ellacuría y los otros cinco jesuitas asesinados el 16 de noviembre de 1989, también en El Salvador.

Son asuntos abiertos, pertenecen a la memoria histórica.



Tampoco es beato y mucho menos santo oficial de la iglesia en la que llegó a ser obispo el brasileño Hélder Cámara, quien consagró su vida a los pobres, a la denuncia de la injusticia. "Cuando vives rodeado de miseria acabas preñado de ella", dijo en una entrevista.

Ni Cámara ni Romero tuvieron aliados en el Vaticano. El primero mantuvo sus diferencias con Pablo VI; el segundo con Juan Pablo II, que le pidió prudencia. ¿Qué tipo de prudencia se puede tener ante la injusticia y el asesinato, ante los escuadrones de la muerte?



2 Comentarios
  • 2 Luisorro 18/05/13 11:44

    Viendo los procedimientos  de santificación de la iglesia católica, es mejor que no los haya santos de izquierdas. Tenemos un ejemplo muy reciente en la beatificación de Juan Pablo II. ¿Cómo se puede hacer beato a un hombre que en sus años mozos trabajó para los nazis y que siendo ya papa, bendijo a genocidas como Rios Mont, Videla, Pinochet, etc, al tiempo que abroncaba a Cardenal (ministro de educación en Nicaragua, que tenía como objetivo la escolarización de los niños y que estos tuvieran al menos una comida al día) simplemente por que formaba parte de un gobierno supuestamente comunista; a Cardenal le hizo arrodillarse en público mientras le pegaba una bronca.

    Responder

    Denunciar comentario

  • 1 paco arbillaga 18/05/13 07:49

    Opino que no hay santos de izquierdas, afortunadamente; quizás hoy en día hasta Jesucristo estaría mal visto en la Iglesia Católica si apareciera rodeado de pescadores, prostitutas, pobres; estaría mal visto como lo está el sacerdote Enrique de Castro o los teólogos a quienes les prohíben sus libros o limitan sus trabajos por no comulgar con las directrices de obispos o cardenales; si canonizasen a gente de izquierdas sería porque se habrían convertido en personas muy de derechas.

    Responder

    Denunciar comentario

Lo más...
 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.
facebookLibre