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Plaza Pública

La diplomacia sumisa


Fernando Ripollés Publicada 11/07/2013 a las 19:05 Actualizada 12/07/2013 a las 12:39    
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Basta un acto claro de sometimiento o sumisión a un país tercero, para que el concepto de Derecho Internacional y de Diplomacia se vacíen de contenido.

Si partimos de un elemental concepto de Derecho Internacional Público, como el conjunto de normas que regula las relaciones de los sujetos que forman parte de la Comunidad Internacional, pero resulta que siempre un Estado, pongamos España, se somete siempre a la voluntad y capricho de otro, pongamos al todopoderoso USA, resulta que deja de ser Derecho y pasa a ser obligación fruto del sometimiento de aquél frente a éste.

Si entendemos por Diplomacia, como el servicio de los Estados en sus relaciones internacionales, pero siempre se vela por el interés ajeno, precisamente por el del estado poderoso, el Estado sumiso deja de ser un Estado soberano para ser un “Estado satélite”.

Todo esto viene a colación del vergonzoso y lamentable espectáculo internacional, que nuestra diplomacia ha ofrecido a cuenta del ”turbulento vuelo” del presidente Boliviano Evo Morales a su regreso de la cumbre celebrada en Moscú y donde, se presume, está el ex-agente americano Snowden, quien parece haber probado lo que todo el mundo sabía: que EE.UU. espió a mansalva a enemigos, socios y propios ciudadanos, sin la más mínima garantía judicial y, en consecuencia, sin base legal.

Nuestra imprudencia diplomática con el presidente Boliviano, entre otras cosas, ha hecho saltar por los aires los 16 Convenios bilaterales que España y Bolivia tiene suscritos, entre ellos, paradójicamente, el de Seguridad Aérea, por causa imputable, única y exclusivamente, a España.

Igualmente se ha hecho trizas el Convenio de Chicago, sobre Aviación Civil Internacional, y en particular, su artículo 5: “Cada Estado contratante conviene en que todas las aeronaves de los demás Estados contratantes que no se utilicen en servicios internacionales regulares tendrán derecho, de acuerdo con lo estipulado en el presente Convenio, a penetrar sobre su territorio o sobrevolarlo sin escalas, y a hacer escales en él con fines no comerciales, sin necesidad de obtener permiso previo, y a reserva del derecho del Estado sobrevolado de exigir aterrizaje”.

Se ha echado por tierra, la inmunidad reconocida en Derecho Internacional par in parem non habet imperium (los iguales no tienen jurisdicción uno sobre otro).

Que la Administración americana diese la orden a Europa de entorpecer el vuelo de Evo Morales, bajo la sospecha de que transportaba al ex-agente, tiene su razón de ser. Que Francia y Portugal agachasen la cabeza y acatasen la orden forma parte de su idiosincrasia, ¿pero España? España nunca debió acceder. Si con alguien tiene vínculos y afinidad nuestro país es con Latinoamérica, y como si fuéramos a recibir, nuevamente, un plan Marshall, hemos renunciado, sin pudor, a 500 años de historia y vínculos con Bolivia que, en el fondo, es con toda Sudamérica. Nos podrán gustar más o menos los dirigentes de algunos países de América Latina, pero ellos pasan y su historia, nuestra historia, permanece.

Llama la atención, y me escandaliza, que nuestro Gobierno, riendo la gracia norteamericana, ponga en riesgo un vuelo sobre territorio europeo bajo la sospecha de que el avión presidencial boliviano pudiera transportar al prófugo de la justicia norteamericana.

¿Somos ahora ultra defensores de la legalidad internacional y de la justicia norteamericana? Si es así, debemos empezar por denunciar, diplomática y legalmente, la aberración del limbo jurídico de Guantánamo, centro de tortura que por ubicarse en tierra de nadie no está sometida a jurisdicción alguna, salvo a la perversión de sus guardianes, y donde, sistemáticamente, se les niega el derecho a un proceso judicial justo y con garantías.

Si ahora somos los guardianes de la legalidad internacional, debimos empezar por prohibir el sobrevuelo y aterrizaje de los aviones procedentes de Irak o de Afganistán, en los que se transportaba, en condiciones infrahumanas, a detenidos que desconocían los motivos de su cautiverio, rumbo, que casualidad, a Guantánamo.

Debemos cambiar, marcar nuestra línea, actuar conforme a nuestras convicciones. Nuestros actos evidencian un gobierno errático, sin rumbo en el plano internacional, queremos ser europeos, en una Unión en la que nuestros socios no se fían de nosotros, y no se fían, entre otras razones, porque, en el fondo, actuamos como un Estado asociado de los Estados Unidos de América.

Yo me pregunto… y seguro que Bolivia y toda Sudamérica también, ¿qué fue de la Madre Patria?


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