Rajoy: No adelantemos acontecimientos

Cuando empecé a trabajar en esta profesión de canallas (así se la denominaba entonces; hoy sería más bien de dóciles ovejas), me dirigí, lleno de timidez, a Fernando Fernán Gómez y le espeté “quería hacerle una entrevista”. El gran artista -y peculiar persona- me casi gritó: “¡Nooooo, por Diooooos!”, para inmediatamente, caritativo ante mi zozobra, aclarar en más bajo y amigable tono: “Entiéndame; no tengo inconveniente en hablar con usted. Pero esa especie de tormento, por medio del cual una persona se convierte en una máquina de inquirir respuestas, hasta volver del revés la memoria de la otra, no. Si usted quiere, conversamos, y luego escriba lo que le parezca”. Creo que no me serene hasta mediada la presunta conversació, pero me hizo fijarme en que quién era entonces -y siempre- un gran entrevistador, Joaquín Soler Serrano y su “A fondo“, el posterior Jesús Hermida con “De cerca“, y hasta el Pablo Lizcano de “Autorretrato“, hablaban para enmarcar al entrevistado, pero también para hacerle sentir un conversador, no un mero emisor de respuestas. Curiosamente, en los tres casos, y salvando las distancias entre ellos, no solo obtenían respuestas novedosas, sino que conseguían que el espectador se sintiera tan cómodo con la charla, como aparentaban estar los protagonistas. Recientemente, he sentido una sensación similar con el encuentro entre El Gran Wyoming y el presidente Zapatero.

Pero este lunes, no. La presencia de Rajoy en Antena 3 era un acontecimiento: segunda entrevista en televisión tras más de dos años en la presidencia. Tono cortés, educado y en papel de periodista de la entrevistadora -ella le llamaba Presidente; él a ella, Gloria-. Cámaras estratégicamente situadas para evitar “el lado malo” del estrevistado: ese tic del ojo izquierdo que denota confusión, zozobra, nerviosismo; plano medio correcto de Rajoy, aunque en las tomas más abiertas se difuminara la imagen sobre la mesa habitual del informativo. Cuarenta minutos de entrevista; ¿titulares? muchos, pero de chascarrillo; ¿novedades? ninguna.

Desde el principio, un Rajoy más seguro que el de otras -escasas- veces; y por tanto, encantado consigo mismo y muy consciente de sus aciertos como gobernante: “La Reforma Laboral ha salido muy bien”; “evitamos las duras condiciones que han puesto a otros países rescatados”; “yo apoyo a los ministros valientes como el de Educación y el de Justicia”; “terminaremos la legislatura con menos paro del que había cuando llegué al Gobierno.

Paro, el gran ausente de la entrevista. La primera preocupación de los españoles mereció poco más de un  minuto. ¿Seguro que esa era la proporción en las mil quinientas preguntas que enviaron los espectadores? Un minuto y pregunta, formalmente rotunda de la entrevistadora, sobre cifras. ¿No había entre las preguntas algún testimonio humano sobre el que demandar respuesta? De eso, y de las desigualdad social, poco, casi nada; solo una alusión a los impuestos: “La bajada, el año que viene”: “el quince”, dijo que siempre suena más creíble que el “si dios quiere”. Eso sí, más de diez minutos -diez veces más que al paro- dedicaron Presidente y entrevistadora a la situación política en Cataluña, a los restos del terrorismo en el País Vasco, que hay voces que claman por un partido más a la derecha. Y ahí surgieron las frases emblemáticas de la noche: Por parte de la entrevistadora, cuando advirtió “A Zapatero le volaron la T-4 cuando más confiado estaba” (¿A Zapatero, o a todos nosotros?), y también por el lado del entrevistado, cuando ante las recurrentes preguntas por qué haría si en Cataluña si… afirmó: “No adelantemos acontecimientos”, quizás una de las frases que mejor dibujan el credo político y existencial de Mariano Rajoy. ¿El resto? indefinición sobre los términos finales de la ley sobre aborto; lamentaciones (como las que podíamos hacer cualquiera) sobre la corrupción (solo que él es el Presidente del Gobierno encargado de evitarla y poner los medios para que sea castigada). Eso sí, no ha vuelto a mandar SMS a Bárcenas y cree en la inocencia de la infanta Cristina; momento en que hizo otra de las grandes aseveraciones de la noche: “El Rey es una persona humana”.

Terminaba el juego de preguntas y respuestas preparadas y encorsetadas, no sin que la presentadora hiciera un llamamiento a la otra entrevista, en este caso a la de la protagonista de “El tiempo entre costuras” con Pablo Motos. Y yo me quede con algunas dudas sin respuesta: ¿Ha contestado el Presidente a las principales inquietudes de los españoles? ¿Ha aportado alguna esperanza a los que peor lo están pasando? ¿Ha anunciado alguna medida para que la ciudadanía vea en los servidores públicos personas en las que confiar? Me temo que todas ellas han quedado sin respuesta .

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