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Detrás de la tramoya

Cinco símbolos no tan evidentes en la coronación

Publicada 20/06/2014 a las 06:00 Actualizada 20/06/2014 a las 11:25    
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1. Muchas más similitudes que diferencias. Desde que alrededor de las 10 de la mañana comenzaron a mostrarse las imágenes de la tribuna ampliada y engalanada del Congreso, los comentaristas señalaban las diferencias entre la proclamación del padre y la del hijo. Ante autoridades franquistas y sobre la Biblia juró Juan Carlos los principios del Movimiento. Felipe juró ante autoridades de la democracia y sobre la Constitución. Son detalles menores en realidad. Lo que vimos ayer fue un rito colectivo espectacular que reproduce la liturgia de siempre.

Dayan y Katz, en La historia en directo, ya describieron hace 22 años las funciones sociales de esas “grandes fiestas de la comunicación de masas”, que ellos clasificaron en tres categorías: Competiciones, Conquistas y Coronaciones. Pues bien: ahí estaban uno a uno los mismos ritos que hace medio siglo, porque en realidad no somos tan distintos: las banderas, los coches y las motos, los militares, los chaqués, las alfombras, la puerta grande del Congreso por la que solo pasan el rey y el pueblo, el discurso de la grandeza, el orgullo y la unidad. No conviene tomarse muy en serio ese espectáculo excepto en lo que vale: la renovación de la identidad de un pueblo que trata de reconciliarse a través de la representación de una ceremonia de unidad.

2. Sin protestas porque no se permitieron. Si los policías no se hubieran afanado días antes en blindar los alrededores de la Carrera de San Jerónimo (a mí me pidieron un par de veces abrir la guantera de mi moto); si los realizadores de RTVE no hubieran sido como siempre hiperminuciosos en mostrar la mejor cara de la ceremonia; si no se hubieran destinado miles de efectivos a proteger el camino del Rolls; si no se hubiera reservado el derecho de admisión en las zonas más cercanas al trayecto de Felipe VI; si todo eso no hubiera sucedido, es evidente que habríamos oído protestas: minoritarias, pero protestas llamativas que habrían ido a los libros de historia.

3. Aplaudir pero poco. Según mostró la televisión, Urkullu y Mas no aplaudieron. Mientras al terminar su discurso, el hemiciclo en pie aplaudía sin otra excepción, el presidente de Euskadi y el de Cataluña se sincronizaron para no aplaudir. Cuando se comentó, rápidamente sus servicios de prensa hicieron saber que sí: que habían aplaudido pero poco. Por eso no gusta Artur Mas ni a los independentistas ni a los unionistas: porque aplaude pero poco, o protesta pero poco, quiere la independencia pero poco. Para ir y dar la notita quedándose quieto mientras un millar de personas aplaude a tu alrededor durante un par de minutos, mejor no ir, la verdad.

4. El rey quería un aplauso para su hija. Lo pidió tímidamente en su discurso guardando medio segundo de silencio. Y lo arrancó como un poco forzado. El aplauso al padre no costó. Menos aún el aplauso a la madre, que sonó el más espontáneo. Pero el de las hijas fue algo más difícil. Parecía como si el personal estuviera diciendo “bueno, tenemos claro lo que hicieron los abuelos, pero no tan claro cómo terminarán las nietas”.

5. Démonos una oportunidad. De modo que yo supongo más bien casual que conscientemente promovido por el rey Juan Carlos, la proclamación llega en un momento muy interesante. Al día siguiente de que España hiciera el ridículo ante el mundo ante otra de esas fiestas colectivas de Dayan y Katz (en este caso la “competición” de un partido de fútbol), los españoles parecemos habernos dado en los últimos meses otra oportunidad. El momento suena a eso. Los indicadores económicos empiezan a mejorar. El líder de la oposición sigue dando tumbos pero ya parece que le retiran, mientras adquiere verosimilitud el ascenso de un tal Pedro Sánchez.

El lunes veremos en el templo de la casta, el hotel Ritz, a Pablo Iglesias, el líder de Podemos. Y un nuevo rey, menos casquivano y más profesional, pide paso en pie sobre su descapotable mientras en los lados vitorean miles de personas vigiladas por cientos de policías, y provistas de 120.000 banderitas de España provistas por la organización. Más que la revolución, parece que la gente está predispuesta a hacer las paces. Rajoy pudo ayer tarde fumarse un buen puro.


9 Comentarios
  • 9 Maioio 17/07/14 09:34

    Luis Arroyo apuntalando el sistema y vendiéndonos a "un tal Pedro Sánchez"... del que es asesor :D:D:D Me parece a mí que los amos del cortijo no quieren hacer las paces y muchos sí que queremos quitarles del poder, y fíjese usted, hasta hacer una revolución democrática. Qué cosas

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  • 8 molete 24/06/14 21:12

  • 7 Navir 22/06/14 20:58

    Sr. Arroyo,?Esta seguro de que esto es democracia?Yo lo que creo es que estamos en una dedocracia,con muchos estómagos agradecidos,indultados de sus fechorías,?Cuando sera posible que opinemos de lo que piensan los ciudadanos de la Monarquía Franquista?!Nunca¡ o solo si somos lo suficientemente atrevidos para romper la baraja.

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  • 6 radama 22/06/14 20:22

    Éste es mi simbolo en palabras de Clara Campoamor:República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos.

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  • 5 ignacio 21/06/14 02:04

    jfmorty dijo..
    Hombre, si no fuera así no sería democracia. Lo importante es ver de qué calidad es nuestra democracia y, en el caso de ser manifiestamente mejorable, que creo es el caso, pues a mejorarla y no extasiarse con lo mínimo imprescidible, como es el poder escribir libremente un artículo periodístico. Por ejemplo la subida de la policía a los pisos de quienes mostraban banderas republicanas es muy democrático, poco , muy poco o nada. Esa sería la cuestión, creo yo. No sé, para terminar, lo que dirá la prensa británica, con tradición democrática contrastada, que no ha conocido a Generalísimos, lo que dirá, repito, de la actitud policial en estas gloriosas, y babosas, jornadas .

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  • 4 LAIE 20/06/14 23:11

    El servilismo llega hasta tener que aplaudir un discurso que no te gusta?. Bien por Más y por Urkullu, sr. Luis Arroyo. La verdad es que el acto estaba repleto de estómagos agradecidos de cortesanos, empezando por Felipe González y terminando por el desbordado de placer de José Bono quien tuvo una espontánea manifestación de su "democracia" insultando a todos los catalanes defensores de la consulta. Pandilla de arribistas vendidos!

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  • 3 jfmorty 20/06/14 10:16

    Lo mejor de su articulo es que demuestre claramente que en este democracia tienes el derecho a opinar. Por lo demas, no estoy de acuerdo.

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  • 2 Artero 20/06/14 01:01

    ¿? Como es que Pablo Iglesias irá al hotel Ritz ?. No lo entiendo muy bien.

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  • 1 Maria garcia 20/06/14 00:09

    Posiblemente, falte algo aparte de Catalunya..Madrid que bonita palabra. 

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